LEGÍTIMA DEFENSA, ¿LA APLICAS CUANDO ENSEÑAS O ENTRENAS?

Hoy voy a centrarme en algo que llevo recalcando desde hace 3 décadas largas y que ahora se ha puesto de moda, formar en el uso jurídico de la fuerza. Con ello me refiero a saber, ser plenamente consciente, de las limitaciones que la legalidad vigente nos impone en demasiadas ocasiones de una manera estúpida y fuera de toda lógica, pero que no por ello se puede ignorar la necesidad de ajustarse a las mismas….si nos es posible.

En una agresión con armas blancas implicadas tenemos que tener primeramente en cuenta que el agresor se pasa cualquier norma legal por “el arco de triunfo” siendo educado con la expresión y no volverme vulgar innecesariamente escribiendo. El agresor portará un cuchillo, una navaja, un machete, un sable de caballería o lo que le salga de las narices si con ello considera que tiene una ventaja notable sobre su potencial víctima. No le importan el reglamento de armas, el código penal ni nada de nada. Caray, es una persona que va a realizar un acto de extrema violencia con un arma blanca (acompañada esa acción de otras subsiguientes de igual importancia, violencia o crudeza), si realmente está plenamente concienciado, mentalizado, si tiene el compromiso y determinación para realizar la acción, libre de condicionantes éticos y morales (consciencia emocional), mucho menos le importarán los posibles condicionantes jurídicos o legales. El tipo va a llevar el arma o armas mas convenientes en tipo, diseño, numero, situación o porte, etc.… para cometer ese acto de violencia, lo demás le importa bien poco. Eso no confunda a nadie, los tipos así son plenamente conscientes de que las cosas se pueden complicar o torcer y siempre tendrán una o varias estrategias de huida o evasión para evitar ser detenidos o neutralizados, tienen plena consciencia situacional.

Es evidente que no todos son profesionales o expertos y que muchos, por suerte al menos en parte, son mucho más neófitos o aficionados en estas lides y eso nos genera cierto margen de maniobra. Si no fuera así o si lo prefieren gracias a que el número de acciones ejecutadas por profesionales con experiencia son estadísticamente mucho menores que las acometidas por aficionados, los cursos y la formación que mucha gente recibe y que son de pésima calidad, poca o nula eficacia real, venden ideas erróneas y son deficitarios a muchos niveles, pueden a veces llegar a salvar alguna vida, pocas, pero alguna. Leía una noticia emitida por “La Sexta” donde una mujer rechazó un intento de agresión sexual gracias a un curso que realizó en su momento…. Lo único que me vino a la mente fue pensar en la enorme suerte de la chica de no haberse topado con alguien con las ideas y conocimientos adecuados, porque entonces el final, lamentablemente, habría sido otro, aquel que comúnmente leemos en prensa escrita o vemos en las noticias de TV. La suerte, un factor que hay que tener siempre presente, estuvo de su lado por esta vez, pero esas cosas ocurren muy de tarde en tarde, por desgracia lo usual es todo lo contrario.

Bien, el agresor hace lo que quiere y nosotros sujetos por la legislación apenas podemos hacer nada, salvo morir a manos del individuo que nos agrede. Pero el ordenamiento jurídico está ahí y como ciudadanos nos vemos obligados a cumplir con él, aunque el agresor no lo haga y estadísticamente, dentro de la más cruda y absoluta realidad, será imposible recibir auxilio o protección de las fuerzas del orden cuando seamos agredidos. Ya se conoce el dicho popular, en casos de este tipo evidentemente, la policía llega cuando todo ha pasado, toman declaraciones, hacen fotos, cumplimentan el atestado y esperan al juez de guardia para el levantamiento del cadáver, que evidentemente, no será el del agresor, el 99% de las veces…. Así son las cosas, le duela leerlas a quien le duela, no pretendo ofender o criticar a nadie, sino dejar clara una realidad palpable por los hechos y las estadísticas.

Por ello una formación donde se enseñe un uso de la fuerza letal, lesiva o la fuerza meramente defensiva ajustándose a la legislación es importante. Pero cómo no somos agentes del orden estamos en posición de, ateniéndonos a veces a la letra de la ley, en otras al espíritu de la misma o incluso simplemente aplicando nuestro criterio en el momento (condicionado por el miedo irrefrenable, la sorpresa o shock, etc.….) a poder ejecutar una acción de supervivencia eficiente. La gente desconoce la ley, sólo conoce retazos aprendidos de forma coloquial y que distan mucho de ser total o parcialmente verdad. Sin duda intentar vender formas o métodos arcaicos y obsoletos o métodos pretendidamente “realistas y actuales” como una vía de protección y supervivencia en la calle es sólo una forma de reciclaje comercial para muchos. Sobre todo en los últimos tiempos el número de cursos y clases de la mal llamada “defensa personal, femenina o mixta” ha crecido enormemente, son un buen reclamo para gimnasios y centros deportivos que buscan mantener su número de socios o aumentar su clientela. Enseñan mal y sin conocimiento de causa y todo el mundo lo acepta. Envié a uno de esos cursos a una amiga a sabiendas de lo que allí se encontraría y con algunas preguntas sobre cuestiones de importancia en una formación real y de calidad sobre esta materia. Las respuestas si logró alguna no fueron coherentes en su mayor parte y las que fueron más contundentes estaban viciadas por “las leyendas urbanas” sin base real pero que esta gente repite como loros.  Debes saber que tu vida, tu integridad física y psicológica es lo primero, todo lo demás es secundario. Sin embargo si eres consciente de los límites oficiales que marca la ley, tal vez puedas no solamente sobrevivir sino ahorrarte un dinero en abogados y pleitos por una interpretación muchas veces muy subjetiva de la letra de la ley. Tampoco es necesario ser un consumado jurista, serviría que quienes forman lo hicieran teniendo en cuenta la realidad jurídica de la legítima defensa y que su trabajo formativo incluyese permanentemente referencias a la misma y a lo que está en consonancia con ella y a lo que no. No es tan difícil. Sobrevivir es aceptar que para lograr tal fin hay que estar dispuesto a todo, pero que no por ello debemos ser ignorantes de lo que la ley nos “permite” o no, más que nada porque “el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento” cosa que nunca entenderé. Si no sabes que beber alcohol y tomar antidepresivos es contraproducente ¿cómo coño pretende nadie que alguien no lo haga de forma accidental o casual? Es un burdo ejemplo pero cualquiera que esté leyendo estas líneas entiende la esencia de la cuestión. Así que pongamos interés real en formar de forma real, eso incluye conocer la realidad jurídica bajo la que nos toca vivir.

Voy a comentar brevemente el concepto jurídico de legítima defensa y los puntos esenciales que se tendrían ya que saber sobradamente, pero que muchos parecen aun ignorar. La legítima defensa es la acción necesaria para repeler una agresión injusta (injustificada) ejercida contra nosotros o contra un tercero. Lo contrario significaría estar obligado a soportar la agresión injusta por falta de auxilio oportuno de la autoridad, por lo que en toda legítima defensa existe un real estado de necesidad. Es algo que repito constantemente, los agentes del orden no estarán cuando la agresión tenga lugar, así que está sólo en tu mano la capacidad para sobrevivir a la agresión. Este derecho a defenderse por sí mismo o defender a otro en una situación crítica, está reconocido por el Estado a los particulares, con criterio universal, porque la defensa no se piensa, se hace. La ley no puede ordenar al hombre que no se defienda cuando la autoridad no puede protegerlo, y ello es así porque la naturaleza ha inspirado el sentimiento, cuando no el instinto de la propia conservación como el más espontáneo, instintivo, primitivo e irresistible de todos. La defensa se extiende a la persona y toda clase de derechos. Algunos de ellos no precisan el acometimiento físico, sino sólo el verbal (el honor, la intimidad).

Por ser tal, la legítima defensa excluye la anti juridicidad (Antijuridicidad. Es el acto voluntario típico que contraviene el presupuesto de la norma penal, lesionando o poniendo en peligro bienes e intereses tutelados por el Derecho. La antijuridicidad es un juicio impersonal objetivo sobre la contradicción existente entre el hecho y el ordenamiento jurídico, siendo necesaria para su reconocimiento, la valoración individualizada y circunstancial del caso, debiendo los juzgadores hacer uso de la imaginación). Consiste la legítima defensa en el instinto de conservación, lo que explica la universalidad de esta eximente, y se justifica con la teoría de autoprotección y el principio del interés preponderante. El exceso en la legítima defensa puede ser acogido como exoneración de la responsabilidad penal y encuadrarse como legítima defensa putativa. La defensa putativa en pocas palabras es cuando creyendo que concurrimos en los tres puntos básicos de la legítima defensa en realidad no lo hacemos en al menos uno de ellos. Es decir actuamos bajo la creencia sincera de estar en un acto de legítima defensa aunque en realidad por una u otra causa no lo estemos. El “exceso” al que se hace referencia es esa actuación fuera de los parámetros del ordenamiento jurídico para la legítima defensa, que pueden, por poner un ejemplo, ser un exceso en los medios para repeler la agresión o que la misma no sea totalmente injustificada.

Todos los requisitos de la ley (los tres puntos básicos) deben concurrir conjuntamente y estar plenamente acreditados en autos. La lista es “numerus clausus” y viene establecida en el artículo 20.4 del Código Penal, dicho artículo nos informa que está exento de responsabilidad criminal, el que obre en defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes:

  • Primero. Agresión ilegítima. Básicamente y en pocas palabras, la agresión no puede ser fruto de la provocación del agredido en ningún caso, debe ser una acción violenta y unilateral.
  • Segundo. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla. Sencillo, no se puede apuñalar a quien te propina o intenta propinarte un puñetazo, debe existir una proporcionalidad entre la agresión y los medios usados para repelerla.
  • Tercero. Que el agredido no tenga, por su oficio o cargo, obligación de sacrificarse. Es decir que aquellos que por su profesión tienen obligación de interponerse entre el ciudadano y la agresión, aun a costa de su integridad física. Esto es evidente que no es del todo cierto puesto que no se le puede pedir a un agente del orden que no repela o neutralice una agresión, pero sí que lo haga siguiendo unos protocolos distintos que para el ciudadano de a píe. En otros textos este tercer punto hace referencia a la inmediatez de la agresión y su respuesta o defensa, es decir, no podemos darle un puñetazo a alguien un martes por una patada que nos propinaron un lunes (intento ser lo más simplista posible). Es decir la respuesta es aquí y ahora a una agresión aquí y ahora.

Según nuestros tribunales no concurren en el supuesto de legítima defensa los siguientes casos:

  • Ante una agresión inexistente (punto tres)
  • Ante una agresión ya agotada (punto tres)
  • Ante la huida del agresor (punto tres)
  • Ante los insultos de un ebrio
  • Ni después de haber huido el agredido, quien ya no necesita defenderse (este caso es matizable, nadie nos puede pedir que huyamos, si lo hacemos, correcto y en caso de quedarnos no se podrá alegar “es que no huyó y tenía la posibilidad…” la decisión de huir o luchar es personal y no está sujeta a interpretación del juzgador).
  • Ni ante el simple temor a una futura agresión (el miedo irrefrenable es un eximente, pero como todo eximente debe ser valorado en el conjunto de los acontecimientos anteriores y posteriores)
  • Ni participando en una riña tumultuaria (dato importante “participando” si no eres parte de la riña pero te ves involucrado por efecto colateral se puede considerar agresión ilegítima, punto uno)
  • Ni ante un ataque verbal amenazante
  • Ni ante una mera provocación

Resumiendo, nuestra legislación considera la vida como el bien más preciado, por lo que para proteger otros bienes no podemos lesionar ese bien superior que es la vida. La formación que ofrecemos debe ajustarse a las leyes de nuestro país, de lo contrario estaríamos poniendo en riesgo legal a nuestros alumnos. Esto no resta eficiencia a nuestra formación sino que la ajusta a la legislación existente. Es necesario conocer dicha legislación y la jurisprudencia en torno a los temas que enseñamos, de lo contrario cometeremos errores que pagarán nuestros estudiantes y terceras partes implicadas. Bujinkan es tradición guerrera y dentro de la práctica tradicional se realizan acciones que en la calle y ateniéndonos a las leyes en vigor no serian razonables ni aceptables. De igual modo que en el periodo Edo se restringieron las acciones de los Samurai para evitar una violencia innecesaria. Distingamos la práctica tradicional de la formación para la supervivencia en la calle y entendamos que sólo con un conocimiento real y serio podremos formar correctamente a nuestros estudiantes y considerarnos correctos formadores.

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LOS 5 SUPUESTOS EN UNA AGRESIÓN CON ARMAS BLANCAS

Los 5 supuestos de una agresión o acción de supervivencia urbana donde estén involucradas armas blancas es un tema esencial para un correcto entrenamiento o formación. En un principio este post formaba parte de otro más extenso pero escuchando las palabras de un hermano y amigo que tuvo a bien leer este post inicialmente me decidí a escribir sobre este tema de una forma algo más amplia y exhaustiva.

El primer supuesto o escenario si así lo queremos denominar es sencillo, el agresor tiene un arma blanca y nosotros no. Es una situación clásica de Mutō Dori, es decir, el Budō desde hace siglos y siglos ha asumido este supuesto y se ha centrado en afrontarlo. Cuando una persona va por la calle no va armada ya que ni estamos en las calles del Japón del siglo XVII ni en el salvaje oeste del siglo XIX de las películas de John Wayne. Por el contrario vamos a trabajar, salimos de compras, al cine o a cenar y no llevamos armas. Estas quedan relegadas básicamente a los agentes del orden y poco más. Al menos así debería ser….pero ya todos sabemos que no es así. El agresor, el delincuente para perpetrar sus actos delictivos usará las armas, en este caso me centro en las armas blancas, para facilitar su labor o la perpetración de sus delitos. Ya sea como método de coacción o intimidación o como vehículo directo cuando se busca causar daño o la muerte de su potencial objetivo. Evito siempre el término víctima porque de tanto repetirlo algunas personas se convencen de que lo son, víctimas sin tan siquiera haber sufrido ya una agresión, actúan como tales. Así que poder interactuar en un escenario de agresor armado y objetivo desarmado es esencial ya que estadísticamente es el caso más habitual con diferencia.

El segundo supuesto es que el agresor tenga un arma blanca y nosotros también. Es evidente que la legislación nos limita a nosotros, los objetivos potenciales, la tenencia o porte de armas blancas pero no la prohíbe totalmente, además las armas corto – punzantes improvisadas son un recurso tan válido como la mejor navaja si se tiene la formación y conocimientos adecuados. Puede ocurrir que recibamos un ataque de un agresor y que podamos hacernos con su arma, recibiendo entonces el ataque de un segundo individuo armado y podamos usar ese arma para nuestra supervivencia. Puede ocurrir que el agresor nos ataque y podamos usar una botella rota o un destornillador como improvisada arma de respuesta. Lo cierto es que este caso se llegue a él como se llegue es conocido vulgarmente por “Duelo” y es menos usual que el primer supuesto pero lamentablemente es también, según las estadísticas, abundante. Podría hablar de cómo enfocar ese escenario, de los recursos, tácticas, tretas, etc.… que se podrían emplear, pero este post sólo quiere esbozar de forma clara los supuestos o escenarios. Ahondar en ellos es cosa de trabajo en el tatami con un formador cualificado.

El tercer supuesto es uno de los llamados “no factibles jurídicamente”. Me refiero a que el agresor nos ataque desarmado y nosotros tengamos un arma blanca y….la usemos. No confundir repeler una agresión con una navaja en el bolsillo a repelerla con la navaja en la mano. Si tenemos una formación y conocimientos adecuados repeler al agresor es plenamente posible sin armas blancas. En el caso de que sean 3, 4 o más los agresores, sería lógico buscar un ecualizador o compensador universal de la contienda, el arma blanca es excelente a ese nivel, ya que la situación es drástica y dramáticamente distinta. El segundo y tercer supuestos son igualmente trabajados en el Budō japonés, en concreto el segundo supuesto que suele denominarse como ya comenté “Duelo” y el tercero, es contemplado en Budō por cuestiones históricas, donde el uso de un Tantō para rematar a un agresor desarmado por parte de un samurái no era nada infrecuente, aunque en el periodo Edo se volvieran más estrictos con el uso de la fuerza letal. El tercer supuesto por tanto ateniéndonos a la legalidad vigente no es factible, salvo excepciones como he indicado anteriormente, excepciones para nuestra supervivencia y que la ley tendrá que valorar, pero para poder hacerlo debemos seguir vivos para ello, así que aplíquense el concepto….

Aquí tengo que comentar, siempre lo hago, como me horroriza ver a formadores muy conocidos realizar trabajo en su tatami de este tercer supuesto de la forma más alegre y despreocupada, como si fuera lo más normal del mundo que ante un puñetazo saquemos un arma blanca y “liquidemos” al agresor. Creo que esto, que repito es un hecho demostrable ya que he sido no sólo testigo directo en alguna ocasión sino que dispongo de abundante material audiovisual donde se pueden ver estos comportamientos carentes de cualquier corrección o matización verbal sobre lo ejecutado físicamente. Dicen que yo hablo mucho, pero es que algunos no hablan, sólo actúan y actúan mal y si hablan sólo dicen sandeces. Puedes enseñar como quieras siempre que matices y dejes claro a tu audiencia que lo que están viendo son ejercicios, ejemplos o como los quiera cada cual denominar y no acciones legítimas en la calle. En fin sigamos…..

El cuarto supuesto es que el agresor nos ataque con un arma u objeto contundente. En ese caso si portamos o podemos hacernos en el momento de la agresión con un arma blanca o en su defecto un arma improvisada (corto – punzante) es posible, aunque jurídicamente discutible, que se pueda usar dicha arma blanca, sobretodo en caso de múltiples atacantes. Hay que recordar que una situación de violencia en la calle se inicia en un supuesto y puede fluir a cualquiera de los otros una o varias veces, por ello debemos ser capaces de adaptarnos con rapidez al cambio de Status Quo en la escena. Al igual que con el supuesto tercero, deberíamos, si disponemos de una formación de calidad y adecuada, hacer frente a un individuo y ataque semejantes, el problema es cuando se torna una pelea de uno contra cuatro, ahí las cosas deben cambiar si queremos sobrevivir.

El quinto supuesto no es tan usual actualmente, pero se está dando cada vez más, lamentablemente. El agresor porta un arma de fuego, es evidente que ante ella las maniobras de neutralización sin armas pueden ser poco seguras o eficientes, pero el uso de un arma blanca como ecualizador o compensador universal, equilibra la contienda nuevamente. En la actualidad muchos cuerpos del orden que deben tratar situaciones de tirador activo, situaciones con rehenes, etc.…. se están dando cuenta de la ventaja del uso del arma blanca en estos casos. Será una acción expeditiva en una situación límite, pero se dice que quien te encañona, no quiere en principio matarte o dispararte, ya que de querer hacerlo lo habría hecho ya, es “sólo” apretar la cola del disparador, lo que todos llamamos el gatillo del arma y “sólo” lleva una fracción de segundo. Aquí aprovecho para remarcar que la determinación y compromiso son vitales para sobrevivir. Si nuestra determinación y compromiso por sobrevivir es más grande que la del agresor por eliminarnos, sobreviremos, de lo contrario lo llevamos crudo….

Este es un pequeño esbozo, sólo eso, de estos supuestos, siempre desde mi punto de vista y bajo mi criterio y experiencia,  y de cómo ya estaban contemplados en tiempos pretéritos, mucho antes de que mucha gente se hubiera planteado los mismos en la actualidad. Dicen que la violencia no cambia, sólo lo hacen las herramientas de la misma. No sé si será cierto o no, pero si puedo asegurar que las armas blancas están ahí desde siempre para permitirnos sobrevivir, siempre que tengamos una mente abierta, unas bases y conocimientos adecuados. No profundizo en el tema más, se podría pero se tendría que tratar cada supuesto en un post individualmente porque es un tema extenso y que requiere de un trabajo completo y específico. Si les recuerdo que el autentico ataque no viene de frente, no es un “tanteo” buscando como en esgrima un “tocado” es un ataque en corta distancia, sorpresivo, enmascarado y generalmente a traición así que todo lo que sean florituras donde se “juegue” con la velocidad y habilidad para realizar “tocados” es pura fantasía y de cómo es la calle saben más bien poco o nada.

TANTŌ

Erróneamente se traduce Tantō como cuchillo, cuando no es así. El término Tantō para el japonés de a pie no tiene sentido o relación con el concepto de cuchillo tal y como pensamos nosotros en occidente. El naifu (forma japonesa de pronunciar Knife o cuchillo en inglés) es el típico cuchillo para labores cotidianas, en la cocina principalmente. Existen variados diseños como el Santoku. Santoku significa tres virtudes. Se usa para cortar carne, Pescado y Verduras. En otras palabras, puede decirse que es un cuchillo multi-uso dentro de la cocina. Durante el período Edo (1603 – 1868), en Japón se usaban los cuchillos Nakiri. Pero en los tiempos modernos se comenzó a importar alimentos del exterior y al mismo tiempo llegaron diseños de cuchillería occidental. Santoku nació como una mezcla de cuchillos tradicionales Nakiri y cuchillos occidentales. Ahora Santoku es el cuchillo más popular en Japón y es exportado a todo el mundo. Tiene una longitud promedio de 17 a 18 cm, y hay variedad de modelos respecto al peso, desde ligeros hasta pesados. El Gyuto es la versión japonesa del cuchillo occidental para chef. Gyuto significa que es un cuchillo para cortar carne. Sin embargo, también se puede usar para pescado y verduras, al igual que el Santoku. Es un cuchillo multi-usos. También es conocido como un cuchillo para chef. Hay cuchillos Gyuto parecidos a los  cuchillos occidentales, también hay Gyuto parecidos a cuchillos Santoku. El peso también varía según el modelo. El Nakiri es el cuchillo de cocina japonés 100% tradicional. Ahora se utiliza principalmente para cortar verduras, la longitud de la hoja es generalmente de entre 16 – 17cm, que es una longitud suficiente para la mayoría de las verduras. Su punta cuadrada lo hace más seguro para usar en la cocina. No voy a citar, no tiene mayor importancia, todos los diseños o estilos de cuchillo, baste citar estos tres para entender que el naifu era una herramienta de cocina y en labores similares.

El Tantō sin embargo no es un cuchillo al uso. Por su aspecto se notaba inmediatamente que no había sido concebido para cortar pescado. Este cuchillo o daga era de uso exclusivo de los guerreros Bushi y/o Samurai. Por ello a la hoja, forjada con el mismo rigor y calidad con que se forjaban los sables largos de los guerreros, era igualmente provista del koshirae, los accesorios o equipamiento que revestía la hoja permitiéndola ser plenamente funcional (saya, tsuka, tsuba, etc.…). Podemos observar como los Tantō mas clásicos son como Katana en miniatura. Cuando se leen los kanji de Tantō 短刀, generalmente se traducen como “espada corta” (短 = Tan = corto y 刀 = Tō = sable/espada). Sin embargo hay quien traduce el primer kanji como ¼ o la cuarta parte de…., de hecho es el mismo kanji usado para el Tanbō o “bastón corto” que otros lo traducen como la cuarta parte de un Bō (el Rokushaku Bō mide 182cm, su cuarta parte serían unos 45,5cm y según las fuentes consultadas aunque el tamaño del Tanbō estaba en función de las características propias de la escuela donde se practicase, lo cierto es que todos los autores citan que sería de una longitud de entre 30 a 45cm). La hoja del Tantō tenía una longitud variable que oscilaba entre los 16 o 18cm hasta los 30cm, teniendo en cuenta que a esto se le debería añadir la longitud de la tsuba, la longitud final del Tantō oscilaba en torno a los 45cm como máximo. Si observamos las medidas del Tanbō y del Tantō es comprensible que algunos autores crean que el Tanbō era en un principio una versión de entrenamiento del Tantō. Que nadie se escandalice que los datos empíricos así lo sugieren aunque hay pocos documentos sobre el trabajo formativo o el entrenamiento con Tantō, no sería ilógico que así pudiera ser….. en un primer momento. Lo cierto es que la longitud de la hoja del Tantō también estaba en función de la escuela que lo enseñase y de las necesidades específicas para las que la hoja fuera pensada o requerida. Las hojas del Tantō se solían forjar en el estilo hira-zukuri, esto quiere decir que sus dos caras o lados son prácticamente planos, sin mesa, sino con un amolado único y plano desde el lomo o Mune, a diferencia del estilo shinogi-zukuri de una katana. Si nos mantenemos fieles a la historia el Tantō fue emparejado con el Tachi, la katana sin embargo lo fue con el Wakizashi o Shotō, también conocido por Kodachi. Este cambio de arma se cree que vino dado por el mejor desenvolvimiento en combate en interiores del Wakizashi ya que el Tantō obligaba a cerrar en exceso la distancia.

El Tantō ve la luz a mitad del periodo Heian, siendo con el inicio del periodo Kamakura cuando aparecen los dos primeros tipos claros diferenciados de Tantō: el hira y el uchi-sori Tantō (hoja recta y hoja curva respectivamente). Este arma sufrió distintas modificaciones en cada periodo histórico, se estrechó, ensanchó, alargó o acortó según pasaban los siglos. Llegado el periodo Muromachi la necesidad de mas hojas bajó notablemente la calidad de las mismas salvo las solicitadas expresamente al forjador. Después de la unificación de Japón (periodo Edo) la necesidad de estas hojas disminuyó notablemente y las que se realizaban eran copias inspiradas en las realizadas en periodos precedentes, no existió realmente evolución del diseño.

El Tantō tiene tres diseños claramente diferenciados y considerados básicos en función principalmente del empleo o uso que se pretendiese de él y del koshirae. El propio Tantō que como ya dije era como un sable largo pero de reducidas dimensiones, es por decirlo así el diseño más tardío, entendámonos, más reciente en la línea temporal. Por ello voy a centrarme primero en otro diseño y sus variantes anteriores y que estuvo vigente en un espacio de tiempo mayor en la historia bélica japonesa, el Hamidachi.

El Hamidachi es una versión anterior al Tantō, muy probablemente usado con frecuencia entre el periodo Heian y el periodo Sengoku (estilo hira generalmente, como ya se citó con anterioridad). Es un diseño con una tsuba de menor diámetro, como lo eran las tsuba de las Tachi de esas épocas concretas de la historia de Japón. La hoja era larga y algo más estilizada (el llamado ancho de pala era menor, recordemos que las hojas japonesas no son regulares, es decir, su ancho y espesor fluctúan según la zona de la hoja donde nos centremos por razones principalmente de orden práctico, para una mayor eficiencia del arma y una mayor resistencia y durabilidad) recordando igualmente al estilo más estilizado de las hojas del Tachi. En esas épocas el uso del Yoroi era permanente y el Hamidachi se relaciona con ese periodo lo mismo que un diseño muy concreto conocido por Yoroi Dōshi.

Yoroi Dōshi (literalmente “perforador de Yoroi”) se usaba para rematar en el suelo al guerrero o en lucha a corta distancia, donde el Tachi no era eficaz o poder igualmente seguir luchando para eliminar al enemigo. El Yoroi Dōshi se lo relaciona con el periodo Sengoku (final del periodo Muromachi), el periodo más violento dentro de la historia japonesa. Con una longitud de hoja de entre 20 a 22cm, aunque se vieron diseños de hoja de hasta 15cm. La forma  no habitual y su geometría estaban pensadas para un propósito muy concreto: acabar con quien estuviera dentro del Yoroi. Una característica de este diseño es que se portaba en el costado derecho, siendo por lo tanto usado generalmente por la mano izquierda.

Lo curioso viene ahora. Las armas resultaban no sólo eficientes para los guerreros sino que también lo eran para personas de otras clases sociales que por uno u otro motivo necesitaban portar algún tipo de arma para su protección personal. En un principio se ocultaba la hoja en otro elemento de uso cotidiano como un abanico o una pipa con el fin de que fuera su porte lo más discreto posible. Sin embargo por diversos motivos, como el efecto intimidatorio o que se volviera su porte un símbolo de mayor estatus social o económico, las hojas empezaron a portarse, pero se hacía de forma discreta y cómoda. Ahí nació el Aikuchi.

El Aikuchi es una hoja sin ningún tipo de tsuba o guarda, en la que la tsuka y la saya se unen en un punto que procura ser lo menos visible posible. En principio se trataba simplemente de la estructura que generalmente se usa para guardar y trasportar la hoja del Tantō, todos saben que lo que hoy día se comercializa como Shirasaya no es más que esa estructura, ya que en un  sable o espada japonesa todo lo que no sea la hoja es accesorio y se denomina koshirae, podríamos decir que es “la ropa” que “viste” la hoja. Luego esa estructura mejoró notablemente en calidad y materiales, refinándose mucho. Esto llegó a gustar tanto a los guerreros que portaban un Aikuchi en ceremonias con y sin Yoroi en vez del Tantō por su discreción, estética y elegancia. Llegó un momento en que el Aikuchi comenzó a tener medidas de hoja propias, ya que hasta entonces las hojas eran las que conformaban el Tantō. Esas medidas en general eran discretas. Un diseño en concreto con ese tipo de contención en las medidas fue el Kaiken.

El Kaiken era una daga o cuchillo corto que portaban las mujeres como elemento de protección y a su vez como herramienta para acometer el Jigai o la versión femenina del Seppuku. Este diseño solía estar más decorado de lo habitual ya que para ser portado por una mujer debía tener un mejor o más atractivo aspecto visualmente. Se solía llevar en las mangas del kimono que, como es bien conocido por todos, eran los bolsillos de una mujer en aquella época. Con esto finalizo el repaso general a los distintos diseños básicos de Tantō.

Ahora deberíamos comentar el hecho de que fueron bastantes escuelas las que incluyeron el uso de estas armas en su programa formativo. De no ser así ese tipo de diseño habría quedado en el olvido, en un segundo plano o desaparecido. Dicen que escuelas como Takenouchi lo trabajan, así como Yanagi Ryū o Nami Ryū, esta ultima de la mano de James Williams en EE.UU. alumno de Kuroda Tetsuzan Sensei. En Bujinkan se ha enseñado desde siempre pero no de una forma protocolaria, siendo muchos los receptores de esa formación en este área pero no todos ellos supieron ver lo que se les estaba enseñando, otros si lo vieron pero no lo han trasmitido fuera de sus grupos e incluso alguno llegó a renegar de esas enseñanzas por el enfoque brutal que se hacía del uso del arma, algo normal si pensamos en que épocas fue desarrollado como arma y método de lucha.

En la actualidad en mi propio Dōjō trabajo dos disciplinas distintas. Por un lado el Tantō Jutsu tradicional, para ello disponemos por suerte hoy día de réplicas casi exactas de polímeros compuestos que permiten una recreación de la tradición casi total. Por otro lado enseño lo que yo personalmente denomino Jissen no Tantō Jutsu. Esto no es sino la respuesta de mi Dōjō a las necesidades actuales de la calle en pleno siglo XXI. Por ello aquí usamos diseños actuales como cuchillos tácticos, karambit, navajas, etc.… Es importante entender que hay una gran diferencia entre la tradición y la calle hoy en día pero que nuestra respuesta en la calle se basa, tiene sus raíces o cimientos en la tradición previamente enseñada y que ha sobrevivido durante centenares, por no decir, miles de años. Nuestra capacidad para usar unos conocimientos para apoyar nuestra formación en otras áreas con nuevos diseños,  situaciones y escenarios distintos es vital, sino seremos simples monos con un cuchillo en la mano (pequeño guiño al relato de Allan Poe) imitando cualquier sistema de cualquier procedencia y pretendiendo fusionarlo con las enseñanzas que heredamos de Bujinkan. Analicen la formación que han recibido en Jūtte, Kunai, Tessen, etc.… en general en todas las armas cortas de filo o impacto del arsenal de Bujinkan y entiendan que en todas ellas radica parte de la esencia del Tantō. No se cierren en banda porque no vean la luz al final del túnel, la luz está ahí esperando a que con un esfuerzo y trabajos constantes aparezca y con ella la “iluminación” en este terreno a veces tan polémico del Tantō.

quisiera aquí añadir una lista simplificada de los nombres de los estilos o tipos de Tantō, solamente por rematar con algunos datos extra el presente post.

Shinogi: Este es el tipo más común de geometría de hoja para las espadas largas, pero el Tantō realizado de esta forma es muy raro, generalmente se crea a partir de hojas cortadas cuando se ha roto una espada más larga. Shinogi es la arista central que corre a lo largo de la hoja entre los bordes biselados y el cuerpo de la hoja.

Hira: una forma Tantō muy común sin shinogi, los bordes biselados que van desde el borde (ha) hasta la parte posterior (mune) son planos separados entre sí, creando una sección transversal casi triangular (la parte posterior está acanalada, como en la mayoría de las otras formas de hojas, la sección transversal es en realidad una forma de diamante extremadamente asimétrica; en las hojas shinogi zukuri es hexagonal). Es extremadamente común debido a la simplicidad de su diseño.

Shobu: un tipo de hoja común que es muy similar al shinogi zukuri, excepto que carece de un yokote, el ángulo distintivo entre el borde de corte largo y la sección de la punta, y en cambio el borde se curva suavemente y no se interrumpe en la punta.

Kanmuri-otoshi: Estos Tantō tenían forma de estilo hira o shobu, pero desde aproximadamente la mitad hasta la punta, el borde posterior estaba afilado, aunque este segundo filo no era particularmente fuerte. Tenían un surco en la mitad de la hoja y eran similares al Tantō de estilo Unokubi.

Unokubi: Un estilo de Tantō poco común, similar al kanmuri-otoshi, con un dorso que se vuelve abruptamente más delgado alrededor de la mitad de la hoja, pero en el unokubi zukuri recupera su grosor justo antes de la punta. Normalmente hay un surco corto y ancho que se extiende hasta el punto medio de la hoja.

Kissaki-moroha: un tipo de hoja rara con un punto de doble filo. A diferencia del kanmuri-otoshi, posterior, la punta tenía una forma distinta a la de cualquier otro tanto: el borde posterior se curvaría ligeramente hacia abajo, de modo que la punta era más bajo que la parte posterior de la hoja, mientras que el otro Tantō tenía la punta alineado con la parte posterior de la hoja. A menudo tenían una ranura ancha en la mitad de la base. La hoja histórica más conocida de este tipo es el Tachi Kogarasu Maru, “Little Crow”, uno de los Tesoros Nacionales de Japón.

Osoraku: Osoraku zukuri presenta una punta tipo O-kissaki extremadamente largo, más de la mitad de la longitud de la hoja.

Hochogata: una forma de Tantō que comúnmente se describe como un hira corto y ancho. El hochogata fue uno de los tipos de hoja que diseño y popularizó el legendario forjador de espadas Masamune.

Katakiriha: forma de Tantō asimétrica, afilada sólo en un lado para crear una sección transversal en forma de cincel.

Moroha: un tipo raro de Tantō de doble filo que tiene una sección transversal en forma de diamante. La hoja se reduce a una punta y contiene un shinogi que va a la punta.

Kubikiri: Un tipo muy raro; la hoja afilada está en la curva interior en lugar de la exterior. No tiene una punta afilada, lo que dificulta su uso en la batalla y envuelve el arma en el misterio. Kubikiri puede ser traducido aproximadamente a “cortador de cabezas”. Según un mito, eran llevados por el asistente de Samurai para cortar las cabezas de los enemigos caídos. Existen otras especulaciones sobre los posibles usos del kubikiri. Tal vez fueron usados por médicos o llevados por funcionarios de alto rango y usados como un distintivo de estatus, como una insignia o galón se usan hoy en día. También podrían haber sido utilizados para cortar carbón o incienso, o como herramienta artística para podar árboles bonsai.

Nota: Hace un tiempo escribí un post sobre la llamada punta tipo Tantō (su versión moderna u occidentalizada). En dicho texto ya realice un repaso bastante completo a este arma (ampliamente ilustrado). El presente post viene a complementar a dicho texto y matizar temas en su día pasados un poco por alto.

https://bujinkanasturias.wordpress.com/2015/06/07/punta-tipo-tanto/

BUJINKAN NO ES UN JUEGO

A riesgo de ser reiterativo en algunos puntos de este post por ya haber sido tratados con anterioridad de forma más o menos extensa, lo cierto es que no puedo por menos que volver a escribir a cerca de algunas reflexiones realizadas por formadores muy competentes a los que tengo por referentes personales actualmente. Siempre he tenido referentes entre los instructores de Bujinkan en activo, son por así decirlo una extensión más próxima de mi Sensei, personas con las que puedo entrenar con cierta regularidad o a las que poder seguir sus trabajos y reflexiones con mayor facilidad. Hace ya más de 15 años Sensei usó el término “Asobi” que en japonés se suele traducir por “Jugar” en sus entrenamientos en el Honbu. Era evidente que Sensei no pedía que jugásemos en el sentido literal de la palabra, más bien quería que trabajásemos de una forma libre, relajada pero intensa y amplia todo aquello que practicábamos, buscando todos los matices posibles a la formación que recibíamos y al entrenamiento que realizábamos. Aun así algunos no lo entendieron y aun no lo han entendido y siguen “jugando” con el Budō de Bujinkan.

Como dijo en su día mi amigo y compañero Sveneric, el tiempo de jugar ha finalizado. No se puede jugar con la vida y la muerte, no es saludable para nadie. Una de las cosas que con los años he aprendido es que a mayor experiencia y conocimiento, mayor “miedo” a entrar en confrontación. Cuando era un crio con apenas 16 años no veía el riesgo, el peligro por ningún lado, es algo casi diría que natural. La falta de madurez, de experiencia y de conocimiento hacen de uno alguien temerario. A medida que avanzaba en mi formación año tras año, experimentaba como mi consciencia situacional aumentaba y me volvía mas plenamente consciente de que en un enfrentamiento no hay seguridades, no hay garantías, sólo posibilidades y probabilidades. Por ello cuando eres plenamente consciente de que una agresión, pelea o situación de riesgo no es algo totalmente predecible, controlable o simplemente descubres que tengas el nivel técnico que tengas, tengas la habilidad o habilidades que tengas o tengas la experiencia que tengas, no hay certeza de éxito, tu visión de la violencia cambia.

Entiendo que quien por su profesión, militar o miembro de un cuerpo de seguridad privado o público, debe encarar la violencia, el conflicto, la pelea. No pueden rehuirla, han decidido aceptar un compromiso con la protección de su país, la estabilidad y seguridad de sus ciudadanos. Por ello enfocan su trabajo, entrenamiento y actitud ante esas situaciones de una forma muy concreta. Pero el grueso de la población es civil, es decir, no tiene ese compromiso adquirido, por tanto debe regirse por otro patrón de conducta y actuación. Aquí citaría aquello que últimamente repito mucho de que no creo en el concepto de “defensa personal” sino en el de supervivencia. Creo que ya lo hago con mucha frecuencia, quien no ha querido entender, en fin, allá él… Lo cierto es que cuando se trata de sobrevivir las cosas son muy distintas de lo que la mayoría imagina. Entiendo a quien practica deportes de contacto o artes marciales deportivas o incluso artes marciales clásicas o tradicionales. Están en su derecho de hacerlo pero no crean que todo eso les valdrá de algo por no decir de nada cuando de sobrevivir, de salvar su vida o la de alguien que les importe se trate, no. Para sobrevivir uno debe hacer lo necesario, lo que sea. Eso implica un compromiso y determinación totales, algo que algunos llaman actitud, aunque no me guste el término, puedo aceptarlo. En el mundo marcial deportivo o de contacto hay reglas pocas o muchas, pesos, rangos, etc.… pero en la vida real no hay nada de todo eso. Una mujer se las tendrá que ver con un tipo de 40 kg más que ella con una envergadura a lo alto o a lo ancho muy superior y sin embargo deberá huir o eliminar la potencial amenaza si quiere sobrevivir y para eso no hay normas ni reglas salvo una: vivo yo, muere él.

Todo esto ya lo he comentado en otros post, así que en esta ocasión tomo la inspirada anécdota que mi compañero y amigo Dean Rostohar comentaba recientemente. A veces vienen a retarnos algunas personas que tras observar nuestra práctica del día creen que pueden enfrentarse a nosotros y ganarnos. Evidentemente no hay concepto de “ganar o perder” sino de “vivir o morir” pero ellos no lo entienden. Dean comentaba como un tipo que hacia boxeo quiso retarlo, como lo manejó cual gato maneja o juega con un ovillo de lana. Cada acción de Dean era replicada por un quejumbroso retador diciendo “eso no está permitido”, “eso no está en las reglas”. La vida real no tiene reglas. Por eso y retomando las palabras del inicio de este post, cuanto más tiempo pasa menos quiero verme envuelto en una confrontación, porque no peleo limpio, porque no peleo en función de normas de ningún tipo ni de nadie, sólo tengo presente una sola premisa: sobrevivir. Decía recientemente Ernesto Pérez Vera que para pleitear ante un juez o un fiscal por una acción considerada violenta hay que primeramente estar vivo para ello, sino……

Creo que la gente sigue “jugando” a los ninjas, pero no se da cuenta que deberían tener cuidado, cuidado de no pisar la cola del tigre que duerme, porque si se despierta el zarpazo segará posiblemente sus vidas. No voy a pelear, salvo necesidad, porque no busco pelea, aunque algún anormal se empeñe en provocarme, en todo caso una noche tal vez, la luz de su portal no se encienda y sienta un agudo dolor en su espalda y poco mas…. Las peleas de “machos” las llamadas antiguamente justas o duelos son para aquellos románticos, amantes de la caballerosidad y las formas o los sedientos de testosterona y con algún oscuro complejo, lo cierto es que sobrevive el más apto no el más fuerte o el más violento, generalmente lo hace el más preparado para adoptar las medidas necesarias para sobrevivir, aunque las mismas nos puedan desagradar e ir incluso en contra de nuestra propia ética o moral.

Actualmente se da valor a la fuerza, agilidad, velocidad, potencia, resistencia, etc.… a los atributos físicos del individuo. Está bien, porqué no, sobre todo si eres joven y gozas de buena salud, es correcto darle cierto grado de prioridad a desarrollar esas cosas. Pero cuando la edad, la enfermedad, las lesiones, etc.…pasan factura, sólo queda el compromiso y determinación por sobrevivir y la experiencia y conocimientos que hayas podido adquirir con el tiempo. Hay un concepto, feedback o retroalimentación. Es algo importante mantener un permanente estado de feedback que nos proporcione experiencias, ya sean nuestras o de terceras personas que nos aporten “alimento” para nuestra mente y estímulo para nuestro entrenamiento, haciéndolo cada vez más eficiente, profesional y directo. El otro día una alumna veía un vídeo de Tom Kier, el responsable del grupo Sayoc. Este tipo es un enorme “oso” de posiblemente más de 180 kg y curiosamente no es muy alto y si muy ancho de tórax. Mi alumna dijo que sólo necesitaba caerte encima para acabar contigo. Es cierto, pero es necesario sobrevivir a alguien así y alguien así, limitado en algunos aspectos, necesita superar esos hándicap y ser también capaz de sobrevivir. De hecho viéndolo luchar observaba como sus armas estaban ubicadas de forma estratégica para su rápida y cómoda extracción en función de su oronda anatomía. A ese no le llaman “gordo” a la cara, no, no sólo por su aspecto fiero sino porque es alguien que ha aceptado la realidad y lucha por sobrevivir en esa realidad, sin fantasías, matar o que te maten, y vaya si mata el jodido. Pero seguro que mucho imbécil creerá que el hombre es un “blanco fácil” y lo cierto es que los blancos fáciles son los tontos que así piensan, pues pensar así es poner un pie en la tumba.

Voy a añadir una pequeña experiencia que ilustra cómo piensa la gente. Estamos en un Dōjō, en una clase, practicando un waza cualquiera de un kata cualquiera de una escuela cualquiera de Bujinkan. Sólo con ver como se ubica la gente en el tatami para entrenar dicho waza ya te ilustra quien tiene consciencia situacional y quien está ya muerto por imbécil. Si hay una sola entrada/salida del lugar nuestro aite/uke debería colocarse para practicar el waza obstruyendo nuestra posibilidad de salir limpiamente del lugar. De no hacerlo ¿porqué debería practicar o pelear con él, si tengo a mi espalda una cómoda salida o vía de huida que garantiza mi supervivencia sin riesgos….? Sólo lo hacemos porque no pensamos con la mentalidad adecuada, con la consciencia situacional activa ni con un total compromiso y determinación por sobrevivir, porque no sentimos esa necesidad en la seguridad del tatami. Si logramos que el estudiante la sienta, convirtiendo el tatami y por extensión el entrenamiento en una formación psicológicamente estresante comenzará a aplicar o activar esa puñetera consciencia situacional y con ella ese compromiso y determinación necesarios, vitales para sobrevivir. Empieza a entrenar las artes de Bujinkan de verdad, esto no es un juego y si crees que lo es…. Estás jodido.

SENSEI Y LAS ARMAS DE FUEGO

Hay una anécdota por lo visto que el nuevo libro del Sensei vuelve a recoger y comentar. Dicha anécdota aconteció durante uno de sus primeros viajes a EE.UU. a principios de los años 80. He oído dicha anécdota multitud de veces así que la comentaré aportando todos los datos y matices de la misma que con los años he ido recopilando. Parece ser que el Sensei fue invitado a una agencia gubernamental, en este último libro Sensei no aclara qué agencia era pero por anteriores relatos se que era el FBI o la CIA. Ambas organizaciones le dispensan prácticamente cada año honores y reconocimientos a su labor formativa así que muy bien pudo ser cualquiera de las dos, en el fondo poco importa. Durante la visita del Sensei se le invitó a dar una clase magistral, una Maser Class de algún tipo. Lo cierto es que un miembro del grupo que recibió al Sensei en un momento dado extrajo un arma de fuego y sin previo aviso apuntó directamente al Sensei. Este simplemente alzó los brazos en señal de rendición mientras daba un paso atrás. El funcionario que resultó ser un instructor de dicha agencia de los EE.UU. comentó que había hecho lo mismo con todos los invitados expertos o Maestros en algún arte marcial, estilo, sistema o método de combate o lucha. El Sensei había sido el primero en no intentar inútilmente alguna maniobra o técnica de desarme, neutralización o retención del arma en cuestión. Digo inútil porque el agente – formador siempre neutralizó dichas acciones. Sin embargo la respuesta del Sensei le dejó perplejo e incapaz de reaccionar.

Sensei en su último libro menciona lo siguiente ante esta pregunta: “¿Qué podemos hacer en un ataque terrorista? En junio de 2016, 50 personas fueron asesinadas a tiros en un club nocturno en Florida. ¿Qué harías si te vieses atrapado en medio del ataque?”.  Su respuesta fue más o menos… “Realmente no puedes decir lo que puedes o no puedes hacer a menos que estés realmente allí, ¿no crees? Hay demasiadas variables para decidir alegremente. Pero si me preguntas qué creo que haría, la respuesta es probablemente recibir un disparo y morir”. Una respuesta honesta y franca, que posiblemente muchos no quieran oír de labios del Sensei.

Si uno cree que la reacción del Sensei en el momento de ser encañonado fue errónea o estúpida, deberías replantearte algunas cosas en tu formación y en tu vida en general. Lo cierto es que la acción del Sensei le libró de que le disparasen, simbólicamente, porque de hacer algo por el hecho del ser él, el Sensei, Sôke de las nueve tradiciones de Bujinkan, muy probablemente podrían haberle matado. Si quieres que te disparen, actúa a lo loco, lo conseguirás. Sensei señaló que cuando levantó las manos, estaba adoptando una forma de hoko no kamae. A partir de ahí, supo cómo atacar. Pero no iba a atacar automáticamente hasta no tener mucha más información. Cuando alguien te encañona no hay intención inmediata de disparar, de querer hacerlo ya estaría hecho y la bala habría segado tu vida, por lo tanto el mero hecho del encañonamiento le estaba ofreciendo información. Esta, junto con la que el propio arma le facilita así como la que se desprende del lenguaje corporal y verbal del individuo que te encañona así como del conjunto del escenario, ofrece una valoración mucho más precisa que puede permitir tomar decisiones mucho más eficientes. Cierto, esto que comento acontece en apenas segundos, pero una persona formada procesa esa información a una velocidad enorme y toma decisiones solidas en función de dichas informaciones.

Esta anécdota del Sensei que su nuevo libro nos vuelve a recordar me permite hacer de nuevo, una vez más hincapié en la importancia vital de la información. Somos budokas, guerreros, vivimos en pleno siglo XXI así que necesitamos un conocimiento formal de las armas de fuego, cortas y largas. Saber identificar las partes esenciales de un arma corta, como desmontar en sus partes esenciales dicha arma, como comprobar el estado del arma, si tiene bala en recamara, si está inutilizada a causa de una interrupción o encasquillamiento o una mala manipulación de la misma, etc.… todo ello nos permitirá entender los procesos de quien nos apunta de modo que si podemos sustraerle el arma o en una situación como la comentada por Sensei en su libro de “Tirador Activo” es vital saber cómo reaccionar y como sobrevivir. Tal vez para sobrevivir tengas que correr, pero en mi caso por ejemplo, correr no es una opción muy fiable debido a mi estado de salud, así que tal vez la opción más viable sea parapetarme e intentar hacer frente al tirador o hacerme con un arma, objeto o arma de oportunidad para poder realizar una autoprotección eficiente en tales circunstancias.

Formación T.C.C.C. para auto asistirse en caso de herida o asistir a otros si fuera necesario son conocimientos vitales que por ser algo aparentemente ajeno a la formación clásica se ignora hasta que es demasiado tarde. Vivir o morir, sobrevivir está en gran medida en manos de la formación que recibimos/impartimos y de la información que manejamos. Por eso vienen expertos en esas áreas que así mismo son formadores Bujinkan a mostrarnos, al menos en nuestro Dôjô, como trabajar con armas modernas y como atender emergencias o improvisar soluciones creativas y eficientes a problemas y situaciones letales. Durante el reciente curso de Sandra Elster en Oviedo se habló de algunas de estas cosas, por desgracia el tiempo no fue suficiente para hacerlo con la profundidad que se merece y necesita pero creo que si fue suficiente para concienciar y despertar mentes atrofiadas excesivamente confiadas en una formación basada en el poder físico o de la práctica exclusiva de la tradición. Me gusta pensar que cada nuevo paso nos lleva a formarnos, todos, de una manera más integral y realista. Recuerdo el aluvión de críticas a un vídeo que circulaba por las redes sociales con algunos ejemplos de “desarme de arma de fuego”…. Lo cierto que razón no les faltaba, si sólo ven lo que quieren ver del vídeo, pero si vas mas allá, tal vez las formas eran erróneas pero el fondo era el adecuado. Piensen en todo ello, el Sensei nos regala en su nuevo libro la oportunidad de hacerlo.

FORMACIÓN INMERSIVA

La llamada formación inmersiva es un término muy ligado a las nuevas tecnologías pero también es un término usado por aquellos que buscan realizar una formación o adiestramiento intensivo y altamente realista. Este tipo de formación lleva al estudiante a una “inmersión” profunda y estresante en el área de formación objeto de la misma. Si estuviéramos formando en técnicas de supervivencia hablaríamos de formación en la naturaleza con unos mínimos en equipamiento o material, buscando desarrollar técnicas y tácticas de supervivencia primitivas mucho más difíciles de aprender rodeados de todo tipo de elementos y equipamientos que nos hacen la vida mucho más fácil. Un método que potencie las habilidades naturales del individuo para adaptarse a las circunstancias cambiantes y a los retos que el entorno le va planteando.

De igual modo los cursos S.E.R.E. (Supervivencia, Evasión, Resistencia, Escape) de las fuerzas especiales de los EE.UU. y de otros muchos países que han adoptado esta línea de formación, sumergen al soldado en un escenario con alto nivel de estrés físico y sobretodo psicológico. Se trabaja sobre escenarios de captura por fuerzas enemigas y se experimenta el confinamiento en condiciones extremas, tortura e interrogatorios así como el uso de todo tipo de tácticas psicológicas para derrotar al individuo. Recuerdo el comentario de un ex SAS Británico que en un ejercicio inmersivo fue perseguido por tierras de Escocia durante días y cuando fue capturado se le interrogó brutalmente, colgado de un árbol boca abajo, llegó a perder varias piezas dentales de una patada. Ed Calderón hace algo similar en sus cursos contra secuestros express o contra retenciones ilegales, etc.… Se trata de llevar a la persona a una inmersión plena y con muy pocas concesiones donde pueda experimentar de forma en el fondo controlada, pero muy extrema aun así, sensaciones y experiencias que de otro modo difícilmente podría experimentar y mucho menos aprender a sobrellevar y con el tiempo controlar, dominar y utilizar en su beneficio.

Durante más de 32 años he formado a mis estudiantes en procesos inmersivos altamente estresantes, duros y con pocas o casi ninguna restricción. Esto es especialmente útil para quienes tienen dudas sobre su propia capacidad de respuesta ante una situación real hostil y potencialmente peligrosa. Evidentemente es una formación extra, voluntaria y que no todo el mundo está en condiciones de afrontar. Sólo un pequeño grupo está lo suficientemente motivado y comprometido como para afrontar este tipo de formación. No es nada nuevo. A muchos estudiantes les fuerzas un poquito y se vienen abajo a las primeras de cambio, es el tiempo de las excusas o los ataques de amnesia. Con todo es bueno que eso ocurra, delimita el autentico nivel psicológico, nivel de compromiso y determinación de la persona. Ahorra muchas horas de formación estéril, porque cuando se enseña a alguien sin la adecuada motivación, determinación y compromiso personal los resultados son generalmente, y salvo excepciones muy pero que muy contadas, un fracaso y pérdida de tiempo total.

Suelo hablar de “tensar el arco”. Esta práctica, cuando de un alumno se trata, es un protocolo por el que vamos comprobando poco a poco su nivel de involucración (inmersión) en la formación, su nivel de compromiso con la actividad y con él mismo. Este proceso separa a los estudiantes de los alumnos, con ello uno puede centrar o concretar con mayor precisión el nivel y orientación formativa de cada persona. Hay gente que se creía muy dura, muy lista, muy fuerte física o psicológicamente y en muy poco tiempo se han derrumbado, cual castillo de naipes. Entrenar las artes del guerrero, las artes Bujinkan, no es un juego, un hobby o afición, es un compromiso y obedece a una fuerte necesidad o motivación. De no ser así los resultados que se lograran serán menores, por no decir nulos y lo malo es que la persona tras fracasar no hará auto evaluación personal (gestión de auto critica), sino que optará por tirar “con bala” contra la actividad, el formador y/o los compañeros. Por eso soy estricto aceptando incorporaciones al grupo de formación y soy muy directo con mis opiniones y valoraciones. No vivo de dar clases, me tomo mi trabajo formativo muy en serio y por ello trabajo con gente que esté en sinfonía con ese nivel de compromiso y seriedad.

La formación inmersiva no es algo que tengan que emplear todos los formadores, es más, la mayoría no saben ni cómo ni de que les estoy hablando, incluso alguno puede que pretenda aplicar dicho modelo formativo y quien sufra las consecuencias sea él mismo, pues toda formación inmersiva pone o lleva al formador a un nivel de estrés alto, ya que no puede abstraerse del nivel generado en la persona a quien forma. Por ello si como formador no has sido formado previamente como alumno en dichos protocolos, patrones y métodos inmersivos difícilmente podrás formar a nadie en los mismos. A lo largo de los años he tenido personas que acudieron a mis clases en busca de esa “inmersión” en un área concreta, buscando un crecimiento y evolución eficientes y reales que por otros cauces no podrían lograr. Reitero que es sólo una vía, hay otras, pero sin duda es de las más duras y de las que mayores beneficios y en un menor tiempo logran de la persona. Las pruebas lo respaldan, los resultados lo abalan. Pero de nuevo repito, es una formación para obtener una percepción de la realidad distinta, más tangible, visceral y sobretodo autentica. Bujinkan es una vía que permite muchas formas o formulas de formación o enseñanza que logran resultados con mayor o menor rapidez y con mayor o menor calidad, pero es una vía que permite llevar al individuo hasta los límites y volver más fuerte y sabio de dicho viaje.

SOBRE EL TÉRMINO KUNOICHI….

Durante el último seminario impartido por Sandra Elster en Oviedo un buen amigo de mi Dôjô y experto en supervivencia primitiva o paleolítica vino a visitarnos y trajo con él unos colgantes tallados en madera con todo tipo de simbología vikinga, que fueron del agrado e interés de todos los asistentes incluida Sandra 😉 y también algunas piezas con kanji japoneses vinculados a nuestro Budō. En uno de los sobres donde se guardaba cada colgante se podía leer “kunoichi”. Sandra lo saco de la funda, y comentó, “no es kunoichi es onna , mujer”. Esa pequeña anécdota me permite escribir un poco a cerca de este concepto o termino tan vinculado a Bujinkan. Cuando se divide el kanji de la palabra “mujer”, (onna ) se pueden ver tres trazos. El primero es el símbolo hiragana para “Ku “, el segundo es el símbolo katakana para “No ” y el tercero es el carácter kanji para “Ichi “. Entonces, el nombre Ku-no-ichi deriva de los trazos que conforman el carácter que se usa para escribir mujer.

A principios de la década de 1960, había una serie sobre una ninja femenina escrita por un famoso autor japonés de nombre Yamada Futaro. La serie duró aproximadamente dos años con el nombre de “Kunoichi Ninpō-Cho” (く ノ 一 忍法帖). Por esa razón, muchos libros sobre Ninjutsu han dicho que él creó el término Kunoichi para la serie. Pero con un poco de indagación retrospectiva podemos ver que el Sr. Futaro simplemente había hecho su propia investigación. En los manuscritos Ninja, que alguna vez fueron secretos, Bansenshukai y Shoninki, se registra el término “Kunoichi-jutsu” con una ligera variación sobre cómo se escribe, 久ノ一 術. El primer carácter todavía se pronuncia “Ku”. Según estos escritos, “Kunoichi-jutsu” entra en la categoría de estrategias de Ninpō denominadas “Yoninpō Toiri no Jutsu” (楊忍法入之術). Es la estrategia de colocar a una criada o sirvienta en la casa de un enemigo para recopilar información en secreto. Para ella era importante ganarse la confianza de su objetivo, por lo que eran necesarios muchos tipos de habilidades.

Wikipedia nos da algunas pista sobre la etimología del término. Se cree que el término deriva del nombre de los caracteres que se asemejan a los tres trazos del kanji para mujer (女 onna); se dice en el orden en que son escritos: ku (く) – no (ノ) – ichi (一). Existen referentes en citas literarias que incluyen el Enshū Senkuzuke Narabi Nihyaku In (遠舟千句附并百韵) (1680), así como Maekuzukeshū (前句付集) (1716), que específicamente asocian la palabra con el kanji 女 apoyando a la etimología. La escritura de “く ノ 一” requiere del uso de un carácter de cada sistema japonés de escritura. Primero hiragana , luego katakana , y por último kanji.  Mientras hiragana y kanji pueden existir en la misma palabra, katakana en general, no puede aparecer en combinación con los demás. Sin embargo hay excepciones a esto, por ejemplo, “ゴミ箱”, “消しゴム”. Una etimología popular que se deriva el término de 九 能 一 (能 “nō”: talento ) nueve habilidades o talentos. Si relacionamos cada trazo o fonema con números japoneses “ku” para “nueve”, la partícula “no” para “de”, e “ichi” para “uno”, traducido literalmente sería algo así como “Uno de nueve”. El significado de este nombre se deriva del número de orificios en un cuerpo femenino. Un hombre tiene nueve, una mujer tiene uno más (la abertura vaginal) y también posee habilidades para hacer uso de este orificio.

Fuera de estas interpretaciones ofrecidas por Wikipedia hay otra que viene directamente de mi Sensei y comentada bastantes años atrás. La cultura japonesa, especialmente entre los siglos VII al XIX, que son donde se crean y desarrollan las escuelas que componen Bujinkan fue un periodo donde la mujer estaba muy supeditada al hombre, caminando dos y tres pasos por detrás de él. Sensei mencionó que el término “Kunoichi” era una codificación en algunos textos para, con números, poder hablar de agentes femeninas y de sus misiones, objetivos o formación pero que había otra interpretación. Esta otra interpretación venía a decir que si en una fila todos cuantos están en ella girasen al unísono 180 grados, aquella persona que era la última de la fila, que estaba a la cola, se convertiría en la primera de dicha fila. De igual forma la mujer dentro del Ninpō tenía y tiene tanta importancia y valor que se usó este pequeño juego de palabras para remarcar esa importancia.

Este post no quiere sentar cátedra, es más, ha sido en gran medida recopilado de distintas fuentes, algunas muy solventes, ofreciendo datos e ideas sobre el origen del término “kunoichi”. Este post es sólo una invitación para investigar y buscar tus respuestas a preguntas a veces simples pero que nos aportan visiones más amplias o complejas con las que poder interpretar otras cuestiones en el futuro.