LA VIOLENCIA

“Es un error forzar a la violencia a quien ha dedicado toda su vida a perfeccionarla”

Creo que el concepto del hombre con capacidad o poder para la destrucción así como la forma de lidiar con ese conocimiento y capacidad es algo recurrente en la literatura y el cine. Cito literatura y cine como dos de los vehículos más empleados para comunicar ideas en el siglo XX (en siglos pasados lo fue sólo la literatura obviamente, pero es evidente que el cine y luego la TV fueron una renovación del lenguaje de la comunicación y con ello una vía nueva que no dio relevo pero complementó a la ya veterana literatura). Siempre ha interesado a ambas vías de comunicación la idea del hombre y la violencia. Entiéndase por violencia no aquellas acciones brutales y vandálicas carentes de lógica o razón ético-moral para ejercer esa fuerza destructora. Hablamos de la violencia que ejerce un hombre para proteger lo que quiere, su familia, su país y a sí mismo, de quienes atentan de una forma u otra contra esos objetivos.

“La violencia no es el camino, pero a veces es el único camino”

El hombre por naturaleza no es un depredador, hay quienes sí lo son, es algo normal que de entre todos, unos cuantos lo sean, no el conjunto de la raza humana (aunque esta afirmación es difícil entenderla si se observan los acontecimientos de la historia). Lo cierto es que hemos tenido que formar a personas en el arte de la violencia para que fueran también depredadores capaces de neutralizar o eliminar las amenazas que representan estos depredadores naturales. Ya se sabe “Combatir el fuego con el fuego”. Es el manido concepto del lobo y el perro ovejero que defiende, protege a las ovejas del “temido” lobo. El concepto seguro que les resulta familiar, aunque personalmente me molesta porque el lobo no es un animal violento, por experiencia lo puedo asegurar, simplemente, como los seres humanos, visto en la obligación o necesidad por auto preservación, hambre o amenaza, ejercerá la violencia. Por ello el concepto lo comparto pero la elección de animal representativo no, pues el lobo es ejemplo vivo de lo que nos pasa a los humanos cuando las circunstancias y otros humanos nos amenazan: el infierno se desata.

He visto publicaciones literarias en torno al tema del control de la ira, la violencia, la búsqueda del equilibrio, la paz interior, lo cierto es que pueden ser lecturas de interés, pero la paz la mantienen personas dispuestas a ejercer la violencia para evitar la violencia sobre terceros. Al final, el tema es cómo emplear de forma inteligente y sabia la violencia, no cómo usarla de forma ética o moral. Es aquí cuando el Budō hace aparición. El término Budō hace referencia en una forma simple de traducción al camino de la guerra, lo que podríamos interpretar como el camino de la violencia. Sin embargo una traducción más sutil es la que dice que es el camino para detener una lanza, es decir detener la violencia desde una comprensión necesaria de la misma y si es necesario con un uso coherente de ella. Estoy hablando de Budō no de artes marciales, deportes de contacto o sistemas híbridos modernos. Tal vez ellos crean que entienden la violencia pero apenas rozan la superficie del tema. Incluso dentro del Budō hay quien tiene una visión mística, esotérica y filosófica totalmente alejada del concepto de violencia, así les pasa luego lo que les pasa… aunque alguno de esos místicos gurús más cerca de líder de secta que de formador de Budō o Sensei pretendieran “retar” en el Dōjō del Sōke a otro compañero sólo por ese afán de creerse invulnerable, el idiota se está creyendo su propia falacia, su propia mentira, mil veces repetida a sus acólitos, en fin sigamos que esto me empieza a dar reflujo gástrico…

Son aquellos que han tenido, por razones profesionales, que ejercer la violencia los que están más legitimados para dar opinión, nunca sentar cátedra, sobre la violencia. Son aquellos que por situaciones de la vida han sido víctimas de la violencia quienes, si todavía viven para contarlo, nos hablen de la violencia. Son aquellos que la han tenido que ejercer para sobrevivir sin ser profesionales dedicados a ello, quienes pueden hablar de la violencia. Con todos sus comentarios el panorama de la violencia se comienza a dibujar con algo más de claridad.

“si me piden que elija entre la cobardía y la violenta elegiré sin duda esta última”

La violencia es la última opción pero no por ello debemos descartarla, ignorarla y por lo tanto no ejercitarnos para tener la capacidad y la habilidad de ejercerla si fuera necesario. Cuando hablas con un alemán en castellano este no te entiende, no porque no exista voluntad de comunicación sino porque falla el vehículo para la misma, el idioma común. De igual modo cuando alguien habla el lenguaje de la violencia la comunicación no es factible muchas veces porque no hay voluntad para generar comunicación y comprensión entre las partes en litigio. Es necesario hablar un idioma común, la otra parte sólo sabe hablar un idioma, la violencia, así que uno debe aprender a comunicarse en ese idioma por mera necesidad práctica. Habrá quien diga que con voluntad la barrera del lenguaje se puede superar, es cierto, pero quienes ejercen la violencia por interés propio o mero placer no tienen voluntad de comunicación alguna, no se les olvide.

Verán esta reflexión salpicada de citas es sólo eso una reflexión personal que pueden compartir o no la misma, pero la realidad no es subjetiva, es, por desgracia, muy real y debemos entenderla correctamente desde la mayor objetividad posible para no caer en las trampas de los violentos o de los ignorantes de la realidad que nos ha tocado vivir.  No busco despertar de su sueño de mundo idílico a nadie, pero ya saben que un despertar brusco no suele ser agradable….

STICK FIGHTING

Cuando abordo un ciclo de clases sobre hanbō jutsu con mis estudiantes y alumnos siempre recuerdo que mis primeras nociones reales de esta herramienta provienen de dos fuentes. Por un lado el libro Stick Fighting de Sensei en colaboración con Quintin Chambers y por otro lado el libro Hanbō, Tessen y Jutte publicado en Japón por Sensei. Estos libros llegaron a mí en 1980 y 1983 respectivamente. En estos casos me pongo académico. Recuerdo que entre los años 1980 y 1984 practicaba las formas y movimientos que están recogidos en estos dos textos, escritos uno en ingles y otro en japonés, idiomas que por aquel entonces desconocía (no es que a día de hoy los domine pero me las voy apañando). Lo curioso fue que cuando a finales de 1984 y principios de 1985 comencé a entrenar con mi primer instructor me percaté que no sabía apenas nada sobre hanbō, lo que conocía y enseñaba era una mezcla de lo poco que vio en su estancia en Japón, más sus endebles evoluciones personales en base a esos conocimientos. Recuerdo que cuando supo que disponía de un ejemplar de Stick Fighting se apropió del mismo y tardé varios años en lograr adquirir un nuevo ejemplar. Es curioso pero este detalle me hace ver que hoy día los estudiantes son muy afortunados porque tienen o han tenido 2 versiones, una de ella de excelente calidad publicada por Shinden Ediciones, de ese texto en castellano. Creo que a veces los estudiantes actualmente no valoran la suerte que tienen de tener la información, el conocimiento y la guía formativa a las puertas de sus casas.

Pero siguiendo con el tema que nos ocupa, el hanbō que yo llevaba un tiempo practicando se basaba en el Happō Sabaki aplicado a los tres kamae básicos que están asignados a su vez cada uno a cada nivel técnico de la escuela Kukishin Ryū. Todo ello provenía principalmente del libro en ingles. Es decir practicaba los 8 movimientos básicos desde los 3 kamae básicos entendiendo que lo practicado desde hira Ichimoji no Kamae y munenmuso no Kamae evolucionaba y se combinaba en Otonashi no Kamae. Podía observar con claridad la evolución solida del trabajo con hanbō en esta fase inicial. Después trabajé por un lado una serie de movimientos codificados extraídos del libro en japonés del Sensei que simplemente aglutiné bajo la denominación “Kihon” y que reunían formas de golpear, girar y manipular el hanbō así como algunos movimientos básicos o formas esenciales para emplearlo. Igualmente estaban en ese grupo los golpes con los extremos del hanbō, los llamados Zu Kikaku Tsuki. Finalmente pasaba al trabajo de los tres niveles oficialmente establecidos (Shoden, Chuden y Okuden). Pero era entonces cuando el libro en ingles te revelaba que había decenas de técnicas no recopiladas en ningún kata pero contenidas en el libro.

La pregunta que me hice fue ¿Qué hago ahora con ese material? ¿Dónde lo encajo dentro de la estructura pedagógica que estoy estableciendo? La respuesta fue “en ningún lado” salvo que Sensei lo indique así esas formas son parte de su legado y pertenecerán a las distintas escuelas que forman Bujinkan. Sensei no las ha agrupado por escuelas sino que, como ya hizo en el TenChiJin, las agrupó por temas genéricos. Así las comencé a entrenar ya que tenía una buena base, solida y amplia con todo lo anteriormente comentado. Estas formas ya no eran un misterio, había que dedicarles tiempo, entrenamiento, pero finalmente fueron ofreciéndome todo el conocimiento que atesoraban. No tuve que crear ni inventar, apenas reorganizar u ordenar en una forma que me resultase cómoda y lógica el conocimiento existente, sin añadir inventos ni elementos ajenos a Bujinkan, sin, por otra parte quitar nada de lo enseñado y / o transmitido por Sensei.

A principios de los años 80 el hanbō era una herramienta que no me gustaba, evidentemente porque no la entendía ni comprendía las enseñanzas que ese bastón de tres Shaku atesoraba. Poco a poco he ido haciéndome amigo del hanbō, mediante disciplina, estudio, análisis, entrenamiento y reflexión. Hoy día es una de mis herramientas preferidas de trabajo pero me llevó tiempo, mucho tiempo y trabajo comprender todo lo que aquel pedazo de madera me estaba ofreciendo.

Hoy día estudio e investigo el arte del bastón en las diversas formas de lucha de los distintos países y continentes, buscando los nexos comunes y las singularidades propias de todos ellos. Esa investigación me hace comprender y valorar mejor mi trabajo de hanbō. Ahora aprecio la importancia de un bastón de paseo, un paraguas, una muleta, etc.… mi estudio e investigación no ha aportado nada técnico a mi trabajo porque el trabajo de hanbō de Bujinkan es completo pero si me ha ofrecido la oportunidad de ver como esos conocimientos se medían de forma práctica con los aportados por otros sistemas en otros países y latitudes. Comprender el momento socio político, económico, cultural donde esos estilos florecieron me obliga a profundizar en los orígenes de mis conocimientos a nivel histórico, técnico y táctico.

El hanbō es una excelente herramienta, así como un vehículo pedagógico muy competente, permítete un tiempo con ella y veras o mejor dicho descubrías todo lo que puede ofrecerte. Esta es mi vía del Bujinkan no hanbō Jutsu, no es la única obviamente pero es la que he ido construyendo durante los últimos casi 40 años. Cada formador tiene la suya, Bujinkan es flexible permitiendo muchas lecturas de un mismo libro, muchas formas de interpretar, comprender su contenido, asimilarlo y rentabilizarlo en el entrenamiento y en la vida. Nunca desperdicio una oportunidad de ver el trabajo de otros formadores, seguir descubriendo puntos de vista y enfoques nuevos o simplemente distintos al mío y en el proceso disfruto y aprendo, lo que me permite crecer y evolucionar. Este post sólo comenta de forma somera mi planteamiento de trabajo con el hanbō sin entrar en muchas matizaciones, simplemente es un ejercicio de nostalgia y recuerdos, de cómo uno se inicia en el trabajo del hanbō, espero en el futuro escribir algún otro post comentando esos inicios en otras armas o formas de trabajo.

¿ES LA MAGIA, REALMENTE MÁGICA?

El viernes pasado continuamos con el estudio del Tenchijin. Entrenamos algunos movimientos básicos de Gyaku waza. Después de dos años de pandemias, nuestro dōjō todavía intenta sobrevivir. Nuestro grupo de entrenamiento es tan pequeño que se siente como si estuviésemos comenzando un nuevo dōjō. ¡Podríamos cambiar el nombre del Kuma dōjō al dōjō del fénix!

Enseño a principiantes, intermedios y avanzados a la vez. Enseñar a varios niveles es difícil ya que cada estudiante debe aprender una forma que coincida con su nivel. Si no haces eso, pierdes a unos u otros en el proceso. Nunca olvides eso. En una clase multinivel, los principiantes también están expuestos a formas avanzadas. Y lo disfrutan.

Recientemente enseñé la forma de Musō Dori para principiantes “paso a paso”. Luego subí el nivel para los dos Jūgodan y el Dai Shihan que asistían a la clase esa noche. Después de enseñar los movimientos básicos, subí el nivel técnico. Ofrecí una visión más profunda de Musō Dori al grupo. Esta vez controlé a Uke sin fuerza. Y lo arrojé al suelo usando las reacciones de su cuerpo en lugar de mis músculos. Entonces escuché «¡guau, es mágico!» viniendo del lado de los principiantes del grupo.

Descargo de responsabilidad: esta publicación trata sobre «magia», pero no hay magia en el Budō. Sólo hay conceptos básicos refinados. Los micro movimientos son invisibles para los jóvenes practicantes. Bloqueos y proyecciones sin agarrar siempre parecen extraños o mágicos para los neófitos. Esto es «Kuki nage», el concepto del Budō para «lanzamiento aéreo». (1)

Parece mágico para los ojos inexpertos porque aún no se ha desarrollado la capacidad correcta de ver. Los practicantes lo ven, pero sus interpretaciones y sentimientos se interponen en el camino. Las emociones los vuelven ciegos a la realidad. No pueden ver el movimiento. Es invisible desde su experiencia limitada. Un estudiante de Budō necesita años de práctica para desarrollar esta capacidad. Hasta que tenga suficiente experiencia, el Budō es un “mienai waza”, una técnica que no puedes ver. (2)

La realidad es invisible para los jóvenes estudiantes, que no tienen el nivel para ver lo que sucede frente a ellos. Por eso lo llaman “¡magia!” De hecho, deberías ver un waza como un diamante sin pulir. El valor de la gema reside en las largas horas de pulido que se requiere para obtener la piedra preciosa. Si encuentras un diamante en bruto en el suelo hoy, no lo reconocerás y sólo un geólogo capacitado lo sabrá. El Budō es lo mismo. “Magia” es el nombre que le das a un movimiento antes del largo trabajo del pulido. Cuando fui a Japón por primera vez, cada clase era un espectáculo “mágico” para mí. Hoy esa “magia” se fue porque aprendí a hacer lo que hacen los japoneses. Toma tiempo. La magia es Genyō en japonés. (3) Genyō es «una ilusión encantadora» para principiantes. Pero es una “vida original” (genyo) para el estudiante avanzado. (4)(5) La magia (Genyō) cambia nuestra percepción de la vida. Convierte esta “realidad alternativa” (genyo) (6) en un “sueño” (gensō). (7)

La magia no existe, y la llamamos “magia” para ajustar la percepción de la realidad a nuestro limitado entendimiento. ¡Deja de soñar y vuelve a lo básico si quieres convertirte en mago algún día!

Por Arnaud Cousergue

1 見えない技, mienai waza: una técnica que no se puede ver

2 空気, Kūki: aire; atmósfera; estado anímico; situación; alguien sin presencia; alguien que no destaca en absoluto

3 幻妖, Genyo: magia

4 幻, Gen: fantasma; visión; espejismo; una aparición; cosa mítica; una cosa escasa

5 妖, Yō (aya): misterioso; fascinante; seductor; tentador; encantador

6 原原, Gen+yo: original; primitivo; primario; fundamental. Crudo + mundo; sociedad; público; vida; toda la vida; período; generación; los tiempos

7 幻想, gensō: fantasía; espejismo; visión; sueño

LOS INVENTOS NO SON NECESARIOS

Hay momentos en que no te apetece escribir, no te apetece publicar nada en el blog. En los últimos tiempos publico menos porque he decidido reservar más cosas para mis alumnos y estudiantes que al final son mi mayor responsabilidad como formador. No publico tanto ante la creencia de que es en muchos casos esfuerzo baldío. Sin embargo sigo haciéndolo una media de 4 veces al mes ya que el blog me permite expresar mis pensamientos, posicionamientos, puntos de vista o enfoques sobre muchos temas que considero de interés.

En esta ocasión les hablaré de la fidelidad a la tradición. Creo firmemente en la tradición y en nuestra obligación de perpetuar dicha tradición para las próximas generaciones. No soy, como lo son algunos, un purista obsesionado por una tradición aplicada y enseñada de una manera ultraortodoxa, pues creo que quienes así trabajan nunca evolucionarán, preservarán el arte, sí, pero el precio a pagar será la propia evolución de nuestro arte, de nuestra tradición. Recuerden que nuestras escuelas llevan siglos y siglos de evolución y adaptación al entorno socio político y cultural que les ha ido tocando vivir. Si solamente trabajamos y transmitimos las formas del pasado como grabadas en piedra, inamovibles, estaremos convirtiendo un arte vivo en otro de los muchos estilos o tradiciones muertos por su incapacidad de adaptación a los tiempos actuales. Todo recuerdan un vídeo del Sensei enseñando en El Budokan de Ayase en la sala central durante una clase de naginata con una escopeta de tipo táctico colgada al cuello. Todo recordarán que en el antiguo Honbu había una zona donde se ubicaban algunas armas, réplicas en madera de todo tipo de cuchillos y donde siempre había varias armas de fuego cortas de todo tipo de material y procedencia (vi incluso un H&K MP5-K). Estos son dos de los miles de ejemplos de cómo Sensei ha trabajado por llevar su legado a los tiempos actuales, a este convulso siglo XXI. Sensei siempre aprovechó la presencia de alumnos suyos con experiencia en combate real (policías, militares, agencias gubernamentales de todo tipo y procedencia) para que enseñasen en sus clases, para que mostrasen su trabajo, compartiesen sus experiencias de combate real, de supervivencia. Sensei comentó en su momento que él no tenía experiencia en ese campo y que llegó a tener dudas de si podría ser de utilidad a esos alumnos que por su trabajo y situación laboral a veces peligrosa o delicada podrían necesitar de sus conocimientos aplicados a áreas y escenarios que le eran desconocidos. No hace falta remarcar que Sensei encontró la forma de ser de enorme utilidad y que su influencia ha sido reconocida multitud de veces por esos organismos y gobiernos.

Para lograr todo ello Sensei no tuvo que inventar nada, sólo volver a las bases de la tradición sin miedo a evolucionar dentro de ella hacia esas áreas que requerían de su atención. Esa es una forma de hacer que la tradición sea más valiosa por su vigencia y utilidad real en nuestros días. Ese enfoque de algunos que para hacer correctamente un omote gyaku kote dori según la tradición Togakure la mano de uke debe estar elevada por encima de la cabeza de tori 30 grados exactos y no 35 y 25, 30 grados exactos en el eje vertical del cuerpo de tori es lamentable y fútil. (No estoy inventando nada: se puede ver en Youtube a formadores trabajando así y expresándose en esos términos de precisión geométrica bajo apercibimiento de que otra cosa que no fuera “eso” que “él” está enseñando, no sirve, no vale, no es correcto). Así pasa que después ante un intento de llevarlo a una situación práctica, no voy a decir real, pero sí eminentemente más práctica casi les parten la cara al segundo intento y desisten sutilmente de seguir por esa línea de trabajo de la cual desconocen sus bases y fundamentos porque están anclados a la tradición que con su forma de entrenarla y enseñarla la han convertido en obsoleta cuando no lo es.

Lo peor no es esa gente, a fin de cuentas, sí están haciendo algo positivo: conservar la tradición, aunque con su forma de hacerlo condenan a la misma a una imposibilidad de evolución adaptativa a los nuevos tiempos. Lo peor es la gente que se “inventa” el arte, que con lo enormemente amplio y rico que es nuestro arte, con lo complejas que son las enseñanzas de Sensei van y se inventan más cosas. Al principio pensaba, cuando eran japoneses quienes lo hacían, que a fin de cuentas como alumnos del Sensei era posible que hubiesen recibido una formación mucho más amplia y completa, que lo que ahora mostraban era solamente el resultado de esa formación y ese conocimiento adquiridos. Estos formadores ya fuera de Bujinkan mostraban un trabajo con toda una serie de matizaciones, estructuras didácticas, pedagógicas y técnicas que poco tenían que ver con las enseñanzas que yo mismo he recibido y recibo del Sensei. Pero reitero, pensaba que al ser japoneses y llevar tanto tiempo con Sensei tenían un conocimientos mayor, error mío, no por ser más cercano al Sensei o llevar más tiempo entrenando se sabe más, se comprende mejor o de la forma correcta las enseñanzas de Sensei. Ahora lo sé. Por eso cuando han empezado los inventos más cerca de mi casa he podido darme cuanta en segundos de la basura que pretendían “vender” a todos los que en general, deslumbrados por el brillo de una fama o prestigio a veces inmerecido o malgastado, amparándose en ese maltrecho prestigio buscan de cara a un futuro cercano posicionarse de una forma independiente. No me parece mal, la verdad, que se inventen lo que sea y sigan su camino, pero no con el nombre de Sensei como aval, pues al intentar dar crédito y validez a sus inventos sólo están prostituyendo el nombre del Sensei y de Bujinkan.

Hay que leer y analizar esos inventos y a sus inventores antes de dar opinión, cosa que al menos en mi caso he hecho aun a costa de mi maltrecho bolsillo, ya con los datos objetivos en la mano uno puede evaluar los inventos y expresar una opinión. En los 80 un formador ya fallecido se “inventó” dos waza o formas de Rokushaku Bô que enseñaba en todos sus seminarios, todos las practicaban, en la creencia de que por venir de quien venían dichas formas eran válidas, correctas, reales. No era así. Eran invenciones suyas que, eso sí, realizó con la sana intención de fusionar los conocimientos, entonces escasos, que sobre el uso del Rokushaku Bô había ido adquiriendo. En su actitud no había ego o maldad sólo un ansia pedagógica que le llevó a “tirar por la calle del medio” como se suele decir. Es entendible, excusable. Pero en 2022 no hay inventos porque el conocimiento está ahí y no se puede añadir nada como tampoco es correcto omitir nada. Déjense de inventos bajo bandera de la Bujinkan y falso aval del Sensei, céntrense en lo que realmente quieren hacer, háganlo, pero con honestidad.

EL MIEDO

El miedo es una emoción desagradable que es provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano. Esta definición sacada de la Wikipedia me parece bastante completa. La RAE lo define de forma algo más concisa: angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Todos tratamos desde niños con el miedo, de una u otra forma está presente en nuestras vidas siempre. Muchos son los que han intentado suprimirlo, eliminarlo, pero no lo han logrado. De hecho, si alguien me dice que no tiene miedo de nada ya sé de antemano que es un mentiroso. Siempre repito que no quiero tratar con gente que dice no tener miedo, ya que por regla general además de mentir puede que esté ante un loco temerario e imprudente. El miedo nos genera una serie de emociones o comportamientos beneficiosos para nuestra supervivencia. El primero de ellos es la prudencia. Nos volvemos personas razonablemente más prudentes con nuestros actos y con nuestro entorno. Nos alimenta una sutil desconfianza, no vamos por la vida con esa falsa sensación de “todo va bien” que generalmente precede a la catástrofe. Nos obliga a pensar y razonar, a la vez que nos facilita el acceso a nuestros instintos primarios más fácilmente. Nos vuelve realistas. Analizamos las situaciones con una visión realista, no pesimista ni optimista de las cosas. Alguien me dijo que una persona puede ser optimista o pesimista pero no realista, no discutí, no merece la pena; siempre recuerdo en estos casos una frase de William George Ward que dice algo así como: “El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas”. Así que en la vida ser realistas es un complicado equilibro entre optimismo y pesimismo. El miedo nos permite trabajar con otras emociones que se alimentan del mismo: pánico, terror, alarma, etc., son algunas de ellas; en el fondo controlando el miedo las controlas a todas ellas. Por eso es tan importante. El miedo alimenta otras emociones, controlar el miedo es lo mismo que controlar un buen número de esas emociones.

El miedo es una herramienta más de nuestra formación, de nuestro entrenamiento. Como tal debe ser usada, ya que nos permite descubrir en los alumnos perspectivas ocultas o solapadas de su comportamiento y personalidad. Suelo llevar a la gente a la que formo a ese terreno donde el miedo hace su aparición, observo si se enfrentan a él o lo usan de excusa para abandonar o renunciar. Observo si el miedo los derrota con facilidad o si perseveran intentando controlarlo. Porque ahí está el fondo del asunto, el miedo es necesario, pero debe ser controlado para que no sea una fiera enfurecida que arremete contra todo y contra todos. El control viene de la exposición a la emoción de forma progresiva no de forma intensiva, al principio. Sólo cuando el estudiante se ha expuesto a la emoción del miedo de forma progresiva y creciente podemos pasar a volver más intensiva la experiencia. Tener miedo no es malo, el error de muchos formadores es estigmatizar a quienes lo sienten, más bien a quienes tienen el valor de expresar su miedo,  tachándoles de débiles, cobardes o algo peor. Habría que ver a esos “valientes” formadores en una situación real, posiblemente la mayoría tendrían que ir a cambiarse de ropa interior, hablar es gratis. Huye como ya dije antes de quien dice no tener miedo y de quien considera que esa emoción está asociada a personas débiles física y emocionalmente sobre todo si tiene funciones como formador.

Siente el miedo y entiende sus mecanismos fisiológicos y psicológicos pues de la comprensión nace el conocimiento y con él la posibilidad de obtener o lograr el control. Jamás controlaremos algo que desconocemos cómo funciona. Una vez nuestra comprensión es la adecuada nos será más fácil tratar con la emoción y comenzar primero a controlarla y más adelante a usarla. Este no es un texto-guía para aprender a controlar el miedo, es una reflexión sobre la necesidad de no pretender inútilmente erradicarlo, sino aprender a reconocerlo, conocerlo, controlarlo y usarlo.

De niño había una historia llamada “Juan sin miedo” que narraba las aventuras de un muchacho que no tenía miedo porque no lo conocía, por tanto los sustos y otras artimañas para inducírselo no funcionaban. Recuerden que es un cuento para niños, para que intenten controlar sus miedos infantiles, lo cierto es que el miedo es una emoción que reside en nuestro “cerebro” límbico y es parte de nosotros, cómo nos enfrentemos al mismo es lo que determinará si el miedo nos vence y nos controla o si el miedo se controla y es empleado de forma útil para nosotros y nuestra supervivencia.

LUCHA, HUYE O PARALÍZATE

Quisiera en este post hablar algo más detalladamente del concepto de “lucha o huye” que ya he citado en otros textos, concretamente en el último publicado hago amplia referencia al mismo. Es por ello que consideré oportuno escribir un poco más en detalle sobre un aspecto omitido en el pasado por facilitar la lectura y compresión en torno a temas básicos. Voy a dar un pequeño contexto histórico del concepto y también voy a comentar algunos puntos, que me parece interesante resaltar. No soy psicólogo pero mi pareja sí está vinculada a ese área, así que he intentado documentar este texto para que además de servir para tratar sobre este tema quede patente las bases que lo hacen un referente que no puede ignorarse.

El término “lucha o huye” lo acuñó el psicólogo Walter Bradford Cannon en su libro “La Sabiduría del Cuerpo” publicado en 1932. Recuerden que la psicología es una ciencia joven relativamente hablando y que sus orígenes se remontan al siglo XIX. El Dr. Cannon habló de una respuesta innata primitiva del SNA (Sistema Nervioso Autónomo) de los animales al encontrarse en peligro. Esta respuesta era involuntaria, se activa de forma automática. El Dr. Cannon explicó que esta respuesta era un mecanismo de supervivencia para enfrentar o evitar un ataque (agresión) de un depredador (agresor) que permitiera sobrevivir al mismo. Más tarde se descubrió que esta respuesta también la tenían los seres humanos como estrategia para sobrevivir. 

En este punto voy a comentar que la estrategia primitiva o instintiva de “lucha o huye” es algo muy conocido, pero no es algo plenamente binario, más bien hay un tercer elemento en la ecuación. Me refiero a que deberíamos decir “lucha, huye o paralízate”. Podemos afrontar una agresión luchando, huyendo o podemos quedar sobrepasados por la misma y paralizarnos. Fue Peter Levin en su libro de 1997 “Waking The Tiger” quien recuperó para la psicología este concepto. Levin acuñó el término “Freeze” que más o menos viene a ser traducido como “congelarse o paralizarse”. En realidad estos autores estaban sentando las bases de cierto tipo de respuestas en los seres humanos al miedo, estrés o violencia, estaban comenzando a sentar las bases del Trastorno de Estrés Post Traumático.

No quiero convertir este post en un artículo científico, hay abundante bibliografía y documentación online sobre el tema para quienes puedan estar interesados. Pero sí quiero dejar claro que lo que hoy conocemos por estado de shock y que otros autores denominan inmovilidad tónica, es algo que proviene de nuestros instintos más primarios. Estos estados de bloqueo físico y mental acontecen cuando el neocórtex se “desconecta” ante una situación violenta, peligrosa, sorpresiva, en definitiva, ante emociones muy fuertes e intensas. En ese momento son los instintos primarios los que nos permiten reaccionar y sobrevivir. Aquí es cuando la llamada memoria muscular tiene su importancia, ya que ella sustituye al “cerebro pensante” que ha entrado en estado de shock y ha dejado de “funcionar” momentáneamente. Aquí las miles de repeticiones que hemos realizado de un movimiento nos ayudarán a sobrellevar el bloqueo, esa inmovilidad que ha surgido y nos impide disponer de una parte importante de nuestros recuerdos, información, conocimientos, etc.…

Estos estados de “bloqueo” son típicos de toda situación traumática. Hay estudios publicados en que se indica que más de 70% de las mujeres violadas experimentan ese estado de inmovilidad o parálisis siendo el mismo extremo en el 48% de los casos. Estas cifras nos dicen algo claramente, necesitamos una capacitación muy concreta para superar este tipo de estados de shock o bloqueo, ya que de no ser así ningún tipo de formación técnica/física nos será de utilidad alguna pues seremos incapaces de emplear dichos recursos de forma óptima. Este es un ejemplo documentado en un estudio realizado en Suecia y publicado en 2017, son datos concretos que nos deberían hacer pensar en cómo enfocamos la formación de aquellas personas que acuden a nuestras clases buscando su supervivencia ante una agresión.

Suelo decir con insistencia que la formación debe priorizar el factor psicológico pues de nada sirve los conocimientos, las armas, el entrenamiento si no podemos emplearlos por estar paralizados. Podemos luchar, pero siempre que no entremos en ese estado de inmovilidad tónica o freeze. Podemos huir siempre que no estemos paralizados o en shock. Por lo tanto este tercer elemento del cerebro reptil o reptiliano, nuestro cerebro primitivo, es esencial tenerlo permanentemente presente en el entrenamiento que realizamos y analizar cómo el mismo influye en los distintos trabajos o ejercicios que realizamos.

No podemos poner todo el esfuerzo en el trabajo mecánico de memoria muscular. Esa memoria nos permite acciones eficientes sin necesidad de pensar, instintivamente ejecutadas. Esa misma memoria puede suplir en un momento dado al uso racional del neocórtex, convirtiéndonos en personas que reaccionamos, no pensamos, sólo reaccionamos. Verán, estamos en un centro comercial de espaldas a la galería, realizando una compra, suenan dos disparos, inmediatamente nos giramos extrayendo nuestra arma y colocando rodilla en tierra reducimos nuestra silueta. Eso es un buen trabajo de memoria muscular, pero si a continuación alzamos el arma y abrimos fuego instintivamente como haríamos en un ejercicio en galería o en seco, la memoria muscular habrá sobrepasado sus atribuciones y entramos en el terreno de las negligencias o accidentes. Debemos confiar en nuestros instintos y nuestra intuición (área límbica) pero sólo hasta un punto, ese en que el neocórtex toma el control ya que es él quien observa, valora, decide y actúa en consecuencia.

Nuestro objetivo debe ser sobrevivir, para ello es vital sobrellevar esos estados de congelación, shock o parálisis. Estos estados son fruto del miedo y la sorpresa, hay otros mecanismos para tratar con estas emociones como la disociación. Generalmente ante un suceso traumático tendemos a bloquearlo en nuestra mente, nos disociamos del mismo para ahorrarnos sufrimiento y que el mismo no nos haga entrar en un estado de inmovilidad tónica o en casos donde el evento traumático ya ha pasado que no surja el temido TEPT. Debemos trabajar para que esas herramientas que nuestro cuerpo/mente emplea para sobrevivir nos permitan realmente esa función, sobrevivir. Quiero que entiendan que luchar o huir sólo son factibles si estamos en un estado de consciencia situacional pleno. Mientras no sea así dependemos de elementos primarios de respuesta que no van a solventar el problema, sólo nos pueden dar algo de tiempo para salir de ese estado de parálisis o shock en que hemos entrado. Todo esto es algo que nos viene heredado del reino animal, ellos llevan utilizando estos recursos de una forma plena y natural durante milenios, nosotros apenas hemos empezado a entender todos estos procesos. Por ello seamos humildes, aprendamos de la naturaleza y comprometámonos con una formación seria y rigurosa, alejada de misticismos, filosofías trasnochadas y paridas “cósmicas” y acerquémonos un poco más a la cruda realidad.

CUANDO YA NO PODEMOS HUIR

Una pregunta que en mis clases, seminarios y charlas me hacen con frecuencia gira en torno de la idea, que todos los formadores sensatos intentamos inculcar, de “huir, no estar ahí donde hay un riesgo”. Decía el carismático Sr. Miyagi en “Karate Kid II” que la mejor forma para evitar un golpe era no estar allí. Es cierto, es lo mejor, lo ideal pero como suele pasar con estas cosas al final son utopías que rara vez podemos llevar a la práctica.

Debemos comenzar por entender que el golpe más peligroso, el ataque más letal que podemos sufrir por parte de un agresor es el primero, ya que este será muy probablemente sorpresivo, algo que difícilmente vamos a poder ver llegar, por lo tanto es más complicado “no estar allí”. He hablado muchas veces de que el conocimiento es poder y que si sabemos observar, analizar y valorar la información que nuestros sentidos, instintos e intuición nos facilitan es posible lograr resultados sorprendentes. A todo ello sin duda se llega con disciplina, duro y constante entrenamiento. En este sentido recomiendo la lectura de algunos post de este blog que ya hablan de los recursos y herramientas para poder identificar potenciales amenazas (consciencia situacional). Debemos entender que una de las máximas que repetimos es “huir”. En japonés el verbo para huir es Nigeru. Sensei usa una forma muy curiosa para escribirlo y referirse a este término traduciéndolo como “la mejor parte del valor es la discreción”. Hablando de ello con Sensei comentó que la tradición de Togakure Ryū tiene un término “Tonko” que viene a significar “huir” y que está incluido en el “San To Tonko no Kata” (鼠逃遁甲之型). Lo cierto es que huir, salir corriendo, es la primera y mejor opción que podemos tomar. La pregunta que me formulan es ¿Cuándo huir no es la mejor opción? Y yo suelo responder: cuando cerca es demasiado cerca.

La idea que expresa esta frase trabalenguas es que sabemos que correr o huir no es una opción en función de lo cerca que el agresor esté de nosotros. Si el agresor está a bastante distancia, entre 7 y 9 metros (recordemos la regla de Tuller) es posible la huida. Por debajo de esas distancias orientativas la cosa se complica mucho salvo que tengas el récord mundial de los 100 metros lisos, que no es el caso. Además hay que tener en cuenta que aun estando el agresor a una distancia superior a las citadas, si nuestro estado físico no es el adecuado difícilmente podremos poner distancia entre el agresor y nosotros. La edad, la condición física general, las lesiones, la enfermedad son elementos limitadores que si no los sufres, bendito seas y que sigas así por muchos años, no eres consciente de su importancia en ese crucial momento. De igual modo nuestro estado anímico o psicológico es vital. No es lo mismo afrontar una huida cuando estamos pletóricos y vitales a cuando estamos deprimidos, cansados o disgustados. De igual modo si llevamos un día de perros tal vez alguno prefiera esperar al agresor y desahogar con él las tensiones del día… A buen entendedor… Las emociones, tensiones que sufrimos son un escollo en ocasiones para estar emocionalmente preparados para una determinada acción como salir corriendo, de igual modo que lo pueden ser para sobrevivir en una agresión. Siempre lo reitero que el factor psicológico es vital y siempre lo antepongo al factor físico/técnico, ya que sin la actitud mental adecuada sobrevivir no es posible.

Otro factor es la ropa y el calzado. Correr con deportivas o botas de montaña o calzado similar no es lo mismo que con mocasines con suela de piel o zapatos con un tacón de aguja de 8 o 12 cm. Correr con unos pantalones ajustados o una falda corta, ceñida, no es lo mismo que hacerlo con un chándal. Ya ni hablemos si portamos un bolso, mochila, maleta, o algo similar. Siempre recuerdo volver una noche por el casco antiguo de mi ciudad a las 2 A.M. y junto a un alumno y encontrarnos unos zapatos de mujer, rojos creo recordar, en el suelo en medio de la calle. Mi alumno comentó lo perjudicada por el alcohol u otras sustancias que la dueña de aquel calzado debía de estar para dejarlos tras de sí. Yo le repliqué que esperaba que fuera por esa razón y no por tener que desprenderse de los mismos para poder correr y huir con mayor comodidad y facilidad (velocidad). No voy a dejar de citar el factor “terceras personas”. Cuando estamos acompañados por alguien que nos importa como una esposa, hijo, padre, amigo intimo… ante tales circunstancias si alguno de ellos no pudiera huir por alguna de las causas ya citadas, no lo dejarías atrás, te quedarías para protegerle y luchar por sobrevivir, ambos, a la agresión.

Así que si estos, entre otros muchos condicionantes, se presentan en el momento de huir, deberemos estar preparados para luchar. Recuerden que tenemos un cerebro primario básico (reptiliano) con dos posiciones: “lucha o huye” y en este caso la huida no es opción factible, nos queda la lucha por nuestra supervivencia. Es curioso cómo el código penal no nos pide que huyamos del escenario de una potencial agresión, nos recuerda que tenemos el derecho a quedarnos, a defender lo nuestro y a quienes nos importan. Lástima que ciertos mandos de los cuerpos de seguridad sigan empeñados en decir que “no tenemos necesidad de defendernos, ya están ellos para ello” (textual). Yo sigo buscando al agente de la ley que al salir de casa haga de mi escolta personal para que realmente no tenga necesidad de defenderme. Tengo el vídeo del “inteligente” que hizo ese comentario y suelo mostrarlo como ejemplo de cómo al ciudadano se le limitan sus derechos hasta el punto de casi literalmente impedirle defenderse. Parece que sólo queda la huida, correr, cosa por otro lado totalmente recomendable siempre… siempre que no concurran algunos de los anteriormente citados hándicap, porque entonces, huir no es la opción. Si el peligro está demasiado cerca, elimina la fuente del peligro y sigue tu camino. No motivaré ni recomendaré jamás iniciar conflicto o altercado alguno que conlleve un peligro de agresión y por lo tanto un riego para nuestra integridad física, pero igual que no provoco ni genero violencia, si estoy envuelto en una situación violenta, la concluyo, la finalizo. Una situación finalizada en falso nunca sabes cuándo volverá a reaparecer contra ti, generalmente en el peor o más inoportuno momento. Finalízala porque así tu huida será segura y calmada, si no has huido es porque no has podido, así que garantiza tu supervivencia y huida neutralizando y/o eliminando la fuente de la agresión violentacontra ti.

Sin duda no quiero finalizar este post sin volver sobre un aspecto fundamental que es el compromiso y determinación por sobrevivir. Reitero una y mil veces que el tatami es una cosa y la calle otra, que sobrevivir implicará en muchos casos causar daño  severo al agresor que nos pretende causar un daño severo a nosotros. Si no estamos mentalmente preparados para hacer tal cosa, no hay técnica que nos pueda permitir sobrevivir, ni tan siquiera huir corriendo del escenario de la agresión y del agresor. Recuerden que la tradición forma nuestros cimientos o raíces, nuestra base pero que después debemos avanzar hacia el oscuro y desagradable mundo de la violencia real de la calle. No es Shinken Gata, es Jissen Gata, es él o yo, no podemos permitir que nuestra mente (emociones, ética, moral…) nos impida sobrevivir, es algo que reitero una y otra vez, ya que parece que a muchos les cuesta entender este punto esencial de la ecuación.

CONSCIENCIA SITUACIONAL, PROFUNDIZANDO UN POCO EN EL CONCEPTO

Vuelvo a incidir en el tema de la consciencia situacional. Todavía veo gente que usa el término “conciencia” lamentablemente. Es una pena porque sus disertaciones sobre el tema son inspiradoras e inteligentes pero el mal uso de un término clave como este no es que genere buena impresión. Voy a comentar algunos aspectos de esta consciencia situacional intentando ampliar un poco la visión de todo lo que engloba o abarca este concepto.

Entendamos primeramente que esta consciencia situacional hace referencia a nuestra capacidad de ser plenamente conscientes de nuestro entorno, permitiéndonos ver y sobre todo observar y analizar cuanto nos rodea de una forma objetiva, eficiente y profesional. Hablamos del entorno que nos rodea, algo que generalmente denominamos escenario. Este suele ser fijo, cuando estamos parados o en reposo o transicional, cuando estamos en movimiento entre dos puntos. El escenario es fijo cuando estamos por ejemplo en un local como un restaurante, un centro de salud, etc.… lugares donde nuestro movimiento es limitado ya que por el entorno y sus circunstancias permanecemos aparentemente estáticos o parados. El escenario es transicional cuando nos movemos o desplazamos, un ejemplo, cuando transitamos por una calle, de la salida del restaurante o centro de salud a nuestra residencia por citar ejemplos sencillos.

En ese entorno que se convierte en el potencial escenario de una posible agresión o situación de riesgo debemos entrenar nuestra capacidad de observación proactiva en todo momento. A veces en lugares, como comentaba antes, como un centro de salud, donde tener consciencia de la estructura del edificio, el mobiliario, extintores, salidas de emergencia, indicadores luminosos, ascensores, etc.… es importante, el mobiliario es esencial. Lo mismo que evaluar la iluminación o la falta de la misma o el tipo de suelo o superficie por la que nos desplazamos o sobre la que estamos ubicados, debemos pensar que podemos tener una buena visibilidad gracias a la iluminación del local, pero que esta puede desaparecer con sólo pulsar un interruptor. Nuestra propia ropa o calzado son también elementos que hay que tener en cuenta. Asimismo el análisis de las personas que están deambulando por el mismo nos permite tener un mayor nivel de seguridad y control del entorno más inmediato que es de donde puede partir una amenaza real más fácilmente. Yo denomino a las personas que están en el escenario como “Los Jugadores”. Estas personas voluntaria pero sobre todo involuntariamente pueden ser partícipes de la tragedia que puede sobrevenir. De entre todos ellos alguno podría ser el agresor potencial, quien ponga en riesgo nuestra integridad física. Así que analizado el entorno o escenario comenzamos a analizar a los jugadores.

Al analizar a las personas de nuestro entorno hay que asumir que en un escenario estático hay más facilidad para observar con cierto detenimiento y disimulo. En un restaurante es más fácil tener presentes los comensales, el número de los mismos por mesa, su aparente vinculación, si son diestros o zurdos, si llevan o trasportan algún tipo de bolsa, maleta o mochila. Confirmar si están comiendo o “jugando con la comida” si sus conversaciones son distendidas o forzadas o si hay una ausencia de las mismas. No hay peor cosa que entrar en un restaurante con varias mesas ocupadas y no oír ni el vuelo de una mosca, yo salgo de ahí rápidamente. Los juegos de miradas, el lenguaje no verbal, todo es importante, nada es banal.

En un escenario transicional, tenemos muy poco tiempo para evaluar a los jugadores pues todos o gran parte de ellos están en movimiento, nos cruzamos con ellos y tenemos a veces pocos segundos para decidir el nivel de riesgo que suponen. En el caso típico, cuando circulamos por la calle, es importante la proxémica, el lenguaje no verbal, el ritmo al caminar, la ubicación de las manos y el uso de la mirada. Los cambios de trayectoria, convergente o divergente, los grupos, así como los jugadores que están parados y la trayectoria que llevamos con respecto a ellos.

Dentro de esa consciencia situacional está el escenario, los jugadores y, claro, estamos nosotros. No suelo usar la etiqueta de víctima u objetivo. Tenemos que entender que si nosotros no aplicamos ese permanente análisis situacional al entorno, el escenario, a las personas que nos rodean, los jugadores, difícilmente podemos sobrevivir a una agresión. Por ello lograr hacer costumbre de todo lo que estoy someramente citando es esencial y tal vez lo más difícil de lograr para la mayoría de las personas sin entrar en actitudes conspiranoides o paranoides. Como protagonistas de la tragedia en ciernes (en el fondo víctima o perpetrador son protagonistas de la tragedia) debemos entender que nuestro estado físico y anímico determinan en gran medida una parte de nuestro éxito o fracaso a la hora de sobrevivir a la potencial agresión o situación de riesgo. Igualmente nuestra ropa y calzado nos facilita o dificulta nuestra capacidad de respuesta. Si estamos equipados con un EDC y un IFAK que ambos sean lo más prácticos posibles según el escenario donde trascurra esa posible agresión. Llevar cosas inútiles sólo incrementa el peso, reduce el espacio útil para elementos realmente necesarios y nos dificulta los movimientos muchas veces.

Este pequeño vistazo a los tres puntos esenciales de la consciencia situacional espero permita al lector de este blog entender algo mejor algunos, no todos están aquí citados o comentados obviamente ya que son muchos, de los puntos de interés, a tener en cuenta de forma natural y permanente. Lo esencial es eludir la potencial tragedia, la agresión o conflicto potencialmente letal o de riesgo para nosotros o nuestros seres queridos.

Siempre reitero que nos formamos en supervivencia ante agresiones ilegítimas en escenarios urbanos, no en protección personal o defensa personal. El concepto “protección”, del latín protectĭo, es la acción y efecto de proteger (resguardar o amparar a algo o alguien). La protección es un cuidado o acción  preventiva ante un eventual riesgo o problema. En resumidas cuentas evitar que un agente externo nos dañe sin intención de dañarle yo, generalmente anticipándonos a dicho agente externo. ¿Cuál es el concepto de defensa? La defensa es el derecho que tiene toda persona, contra la cual se ejerció una acción violenta con ánimo de dañarla, de repeler esta, con los medios que sean necesarios. En resumidas cuentas dañar intencionadamente al antes citado agente externo o agresor, para que desista de su actitud y no la repita en el futuro. Si observamos estos dos términos nos podemos fijar que ambos están bailando simbólicamente con la idea de dañar o no dañar. El ejemplo que todos empleamos es el uso del paraguas. El paraguas nos protege de la lluvia, no me defiende de la lluvia, ya que lo empleo antes de estar totalmente mojado y porque no albergo intención alguna de dañar a las nubes. Emplear el paraguas para defenderme de la lluvia implicaría que voy a emprender acciones que neutralicen la fuente de la misma, las nubes, impidiéndoles que puedan seguir mojándome ahora y en el futuro. El ejemplo es casi cómico pero muy acertadamente visual y claro a la hora de definir defensa versus protección. Como ya he dicho muchas veces estos términos nunca me han gustado y se siguen usando por mera comodidad y tal vez algo de ignorancia sobre la realidad auténtica de lo que se pretende enseñar. Supervivencia es el término que empleo y bajo el que me rijo, implica protección, defensa y todo aquello que sea necesario para seguir vivo.

VÍNCULOS EN EL TIEMPO Y LA DISTANCIA

Hay ocasiones en que los comentarios o reflexiones de personas que están en las antípodas de mi propio pensamiento y ética profesional pueden llagar a ser acertados. Dicen que hasta un reloj parado dos veces al día da correctamente la hora (analógico claro…). Pues bien, este es el caso que nos ocupa. La verdad es que el comentario tiene una sólida base que comparto, pero no comparto los motivos que llevan a realizarlo, que son motivos de orden egoísta y pecuniario, ni algunos matices del mismo que parece claramente obviar.

“…Viajé y entrené con mi Maestro durante años. Mis alumnos deben viajar a entrenar conmigo igualmente adaptándose a sus circunstancias. Aquí no valen las quejas continuas del No Puedo. Hace más quien quiere, que quien puede. Si no entrenamos juntos la relación existe pero no se mantiene el vinculo Maestro – Discípulo…. Si no entrenas con quien denominas tu Maestro no hay posibilidad de continuidad. Es interesante que algunas personas se consideren mis alumnos cuando ni tan siquiera entrenan conmigo…”.

Me fastidia decirlo, pero es cierto, todos tenemos unos formadores a los que les debemos una parte de nuestra evolución como Budokas. Los más afortunados tendrán sólo un formador, pero en mis tiempos, a mediados de los años 80, uno peregrinaba de formador en formador buscando enseñanza, conocimiento, orientación. En aquellos tiempos nadie tenía mucho que aportar así que era inevitable ir pasando de formador en formador, creciendo gracias a sus conocimientos, pocos o muchos, su experiencia y aprendiendo de sus aciertos y errores.  38 años después aún sigo buscando ese conocimiento para mi propia evolución en la trayectoria de otros formadores que considero competentes, formadores solventes que en mi opinión pueden seguir aportándome “algo”, ese intangible, a veces, “algo” que alimenta mi cuerpo, mente y espíritu para continuar en el camino del Bujinkan Budō y de las enseñanzas de mi Maestro, Hatsumi Sensei. Entre ellos algunos serán buenos, otros regulares y otros malos o pésimos, pero de todos aprenderé  lecciones y conocimientos que me permitirán avanzar de la manera más correcta o adecuada. A todos los formadores que tuve antes de convertirme en alumno del Sensei les guardo respeto por lo que me aportaron o hicieron por mí, pero eso no nubla mi discernimiento como para no ser consciente de lo malo que hicieron, de lo negativo que me mostraron o cómo se comportaron conmigo o con el arte y el resto de la gente.

Alumno desde hace 25 años del Sensei, desde aquel 5 de octubre de 1996, siempre he entendido que el vínculo Sensei – Gakusei está más allá del concepto de tiempo y espacio tal y como generalmente es asumido por la gente. Por ello siempre he aceptado que la distancia no es un problema, el problema está cuando no sientes el vínculo del que hablaba, cuando realmente uno no percibe que su alumno esté ahí como tú como Sensei sí lo estas. Verán, he tenido a un alumno durante más de 40 días en coma inducido por el maldito Covid-19, un alumno al que aprecio mucho, que conmigo lleva desde que se inició en este camino. Cada mañana al levantarme cuando pedía a los Kami por él no sentía que existiese vacío alguno entre ambos, él luchaba en sus horribles sueños comatosos utilizando las enseñanzas que le he inculcado (palabras textuales suyas). Sin embargo, no siento ese vínculo con otros alumnos, me esfuerzo por que no sea fallo mío que ese vínculo no esté activo o presente, pero noto que no está o sólo lo está testimonialmente.

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Por ello entiendo a quien se queja de la pérdida del vínculo, pero creo que uno debe primero hacer examen de conciencia y ver si ese vínculo no está activo por un fallo propio o por un fallo ajeno. Sin duda “no hay excusas” pero sí hay situaciones y circunstancias atenuantes que cada formador debe valorar a nivel personal su importancia. Siempre digo que cuando vi por última vez en persona a mi Sensei este retuvo mi mano al estrechármela más segundos de los necesarios en aquel momento, sabedor tal vez de que la vida se pondría en contra para que, volvernos a reunir, fuera posible, así se lo escribí, su respuesta fue breve. “Has cumplido, sigue tu camino, eres buen alumno no te preocupes de eso, esfuérzate por ser un buen maestro”. Cuando nos reencontramos había viajado a Japón a petición expresa suya de forma algo apresurada (me llevó más de dos años devolver todo el dinero que se me prestó para dicho viaje), dijo algo similar, de lo que fue testigo mi alumno “Has venido, acudido a mi llamada, has cumplido, puedes continuar tu camino, todo está bien”. Si en aquel momento me vuelvo a mi casa, todo habría estado bien para el Sensei, el vínculo estaba ahí, fue testado y la respuesta al test fue satisfactoria.

Hace mucho que dije que Sensei cuando llamó a sus proyectos audiovisuales “Martial Arts Of Distance” no sólo hablaba de distancia física en el combate y de su importancia, sino de la distancia física entre sus alumnos y él, y de cómo aquellos videos, ahora DVD, eran un vehículo más para mantener el vínculo y el flujo del conocimiento permitiéndonos a todos seguir aprendiendo. Como formador debo buscar las vías para establecer y mantener los vínculos con mis alumnos, siempre que ellos quieran mantener ese vínculo, pues como una cuerda si no hay tensión en ambos extremos de la misma, la cuerda no permite ser usada adecuadamente. Como formador sujeto con firmeza la cuerda para que mi alumno pueda sujetarse a ella y trepar por la misma con seguridad. Si yo fallo mi alumno caerá, si el alumno no se agarra o no trepa por la cuerda de nada servirá dicha cuerda (vínculo). Muchas enseñanzas del famoso “Nawa no Kankaku” giraban en torno a esta idea, lástima que la mayoría se centrasen sólo en el uso en combate del nawa – sageo. Es un tema que siempre está ahí presente como formador y que debería estar presente en cada alumno responsable. Debemos evitar el En no kirinai (romper o cortar la conexión).

OBJETIVAMENTE SUBJETIVO

Recientemente charlaba sobre la cantidad de proyectos literarios que están viendo la luz en los últimos tiempos. Supongo que a causa de la pandemia y de las limitaciones a la hora de entrenar que se han sufrido, para algunos escribir ha sido una forma más de entrenamiento. Durante la charla surgió la pregunta sobre si realmente hay algo nuevo que contar en torno a nuestro Budō. Lo cierto es que personalmente creo que siempre hay algo, porque somos muchos los que hemos tenido la oportunidad de viajar a Japón o de participar en Tai Kai por todo el mundo. Estas son oportunidades personales únicas e intransferibles de obtener vivencias y conocimientos. Cada persona es única y por lo tanto sus experiencias vitales son asimismo únicas. Cada entrenamiento o encuentro con el Sōke o los Dai Shihan japoneses e incluso con los formadores occidentales ha generado momentos especiales que han enriquecido a esa persona. Por ello cuando alguno decide compartir una parte de esas vivencias, de ese conocimiento, desde su punto único e irrepetible de vista, es para el resto de nosotros una oportunidad de hacer nuestro todo ello y emplearlo para nuestra propia evolución. Es una forma de aprendizaje vicario, por lo tanto una vía más para seguir aprendiendo lo bueno y lo malo que estas personas han aprendido a través de sus viajes y experiencias vitales.

Es posible que a ciertos niveles o en ciertas áreas no se pueda ya añadir nada más, aunque nunca estoy seguro de eso, pues me sorprendo a mí mismo casi cada día descubriendo cosas que no conocía, cosas que conocía pero no tenía claras o bien definidas o las había interpretado o aprendido erróneamente. Así que cada trabajo literario o audiovisual es una oportunidad para seguir trabajando en mi propia formación. Verán, hay gente que siente que ya no le pueden aportar nada nuevo esos trabajos, es posible que a esas personas no les aporte nada, tal vez ya han cerrado sus mentes a nuevas ideas, paradigmas, conceptos o puntos de vista. Tal vez su camino esté bien definido y no sientan que necesiten más conocimientos o simplemente no les interesen los que pudieran aportarle algunos de esos trabajos. Lo cierto es que yo los adquiero todos, siempre que mi economía me lo permita y que pueda adquirirlos de una forma más o menos fluida. Sin duda de entre todo lo que al cabo del año puedo llegar a leer o visionar, habrá cosas que simplemente sean basura, pero para llegar a esa simple conclusión hay que tomarse el tiempo de visionar o leer esos trabajos para afirmar u opinar tal cosa. En estos meses he leído cosas muy buenas, excelentes y cosas que realmente eran una mierda. Lo importante, como siempre digo, es que hasta la mierda te enseña algo, tal vez a evitar que te manche o pringue al pisarla e incluso evitar pisar futuras mierdas.

Creo que cada cual tiene su opinión formada sobre un tema, en este caso un libro o un proyecto audiovisual, pero sólo son válidas las que vienen de una subjetividad objetiva fruto de ver y leer no de sólo opinar sin haber visto o leído. Llamo subjetividad objetiva a nuestras opiniones porque son así. Por un lado pretendemos ser objetivos y rigurosos en nuestra valoración pero es inevitable que nuestros propios códigos, valores, parámetros, incluso preferencias o rencores puedan enturbiar esa valoración, esa subjetividad está presente y nadie puede decir que consigue compartimentarla, disociarse completamente de ella.

Si se fijan en algunos críticos de cine, valoran “objetivamente” un film en base a criterios profesionales, pero llegado un momento de su crítica añaden pensamientos e ideas plenamente personales. Por eso hasta el film más patético tiene sus defensores y sus detractores y hasta la obra más sublime tiene esos mismos defensores y detractores. Hay que añadir que nuestra objetividad subjetiva cambia con el tiempo, con los años, con el conocimiento y experiencias que cada cual va acumulando en su vida. Siguiendo con el ejemplo cinematográfico, de niño vi “Centauros del Desierto” y me aburrió tremendamente hasta el punto de considerarla una película pésima (curiosamente en aquellos tiempos mucha gente compartió esa opinión cuando se emitió por vez primera en televisión). Hoy día creo que es una las 10 mejores películas de la historia del cine, no porque nadie lo diga, sino porque con los años he aprendido a valorar más objetivamente, visionado tras visionado, disfrutándola más con cada visionado mejorando mi opinión personal “subjetiva” sobre el film.

Bien, apliquen este ejemplo a nuestro Budō y a esos proyectos literarios y audiovisuales. Con cada lectura, con cada visionado, con el paso de los años, con el paso de las horas y horas de entrenamiento y reflexión uno descubre que “de todo en esta vida se puede aprender o extraer una enseñanza, positiva o negativa, pero una enseñanza”.

No quisiera finalizar sin comentar que es importante apoyar estos proyectos ya que es nuestro apoyo el que permite que salgan adelante no sólo los actuales sino los venideros. Sigo comprando mierda, pero aprendo de ella y también descubro nuevos usos para ella, en forma de yesca para encender el fuego de la chimenea, como improvisado papel higiénico o para envolver las cortezas de cerdo sobrantes del aperitivo y poder ir comiéndolas camino a mi casa (además de ser útil para “calzar” una mesa o silla coja). Es evidente que jamás recomendaré a nadie comprar esa mierda, pero no tendré problema en ahorrarles el gasto dejándoles mi ejemplar. De igual modo hay proyectos que merecen ser comprados y conservados para volver a leerlos o visionarlos una y otra vez, son esos proyectos los que uno recomienda constantemente aunque resulte cansino, en mi creencia de que todos deberían leer o visionar ese proyecto. Espero siempre que mi objetiva subjetividad sea una herramienta que me permita discernir de entre todos esos proyectos aquellos realmente de valor o interés y que seguiré recomendando.