ESTRATEGIAS DE CONTROL (5)

Estrategias de Control (5)

Una trama 荒む que crece fuera de control

¿Os habéis apoyado alguna vez contra un árbol y habéis sentido el viento meciendo el tronco entero? Es una sensación interesante porque el tronco es bastabte sólido, pero al mismo tiempo es mecido por el viento. Incluso una suave brisa causa un efecto sobre toda la estructura.

La noche del jueves en el Bujinkan Honbu Dôjô sentí esto de Hatsumi Sensei. Fué tan suave y sutil que era fácil de pasar por alto. Y en ese momento, Sôke dijo,

“No os esforcéis en exceso. Sea con contacto o no, hay que separarse. Pero sin intentarlo. 力を感じさせない chikara o kanji sasenai.”

Chikara o kanji sasenai. Quiere decir que no dejas al oponente sentir tu poder.  No le dejas sentir las técnicas que ejecutas. Ni fuerza ni poder. Puedes ejercitar fuerza o potencia, ¡pero no quieres que él lo sienta!, Y cuando le afecta, no tiene idea de donde proviene o cómo contrarrestarlo.

Esa tarde pasé un tiempo cerca de un bosquecillo de bambú cerca de 関さんの森 Seki-san no mori. La brisa era bastante fuerte. Observé maravillado el moviemiento del alto tallo de bambú mientras se balanceaba y crujía contra el cielo. Puse mi mano sobre uno de los tallos. Sentí que movía mi palma suavemente.

De esta manera no telegrafías ni haces sentir tu intención. Es una forma fascinante de usar el Taijutsu. Respondes al oponente, pero no peleas.

Hatsumi Sensei nos mostró esto de nuevo cuando su oponente le agarró por la muñeca. Nos dijo,

 “Tendrá una tendencia (勝ち gachi) a relajar el agarre y esperais a ese momento. Entonces os moveis con 雅致 gachi (gracia o arte) controlando con los pies. Estudiad esta conexión.”

Luego nos dijo que debemos llevar al oponente flotando hacia el kûkan. ¿Qué significa eso? Bien, imaginad un objeto pesado como un cargamento de bambú. Es dificil moverlo con un dedo. Pero si está en una balsa en el agua, podrías moverlo y hacerlo girar con poco esfuerzo. Incluso si hubiese alguien sentado encima, podríamos moverlo facilmente.

Esto es lo que le pasa al oponente cuando le llevas flotando al kûkan. Hatsumi Sensei ha dicho que uno de los temas de los Jugodan en este tipo de entrenamiento es la capacidad de aplicar una técnica sin ejecutarla en realidad. Nos dice que no hagamos técnica, si no que simplemente todo ello sucede.

Lo describió como 荒むのパターン susamu no pataan. La trama caótica. No hay un patrón pero todo está conectado.

Es un reto entender esto. Si piensas en una técnica como omote gyaku, o ganseki nage, son técnicas que debes ejecutar por tí mismo. Y entrenamos duro para aprender a hacerlas correctamente. Pero nosotros, los Jugodan, debemos conseguir que aparezcan esas técnicas sin que las iniciemos nosotros mismos.

Una pista de cómo hacer eso la vimos cuando el Sôke nos dijo que rompiéramos el equilibrio usando el espacio. Haces eso transformándote en kûkan tú mismo. Si te vuelves kûkan, no hay un patrón y eres libre. Es el tipo de control que quiere que apliquemos.

Por Michael Glenn

FUERA DE LA VISTA, FUERA DE LA MENTE

El otro día Doug Marcaida comenzaba una charla con estas palabras: “fuera de la vista, fuera de la mente”. La verdad es que este dicho es más interesante de lo que parece. Hace referencia a como nuestro cerebro basa una parte de su memoria en la información visual. Por lo general solemos colocar aquello de lo que no queremos olvidarnos, poniéndolo muy “a la vista”. No es la primera vez que quedo en acercarle a un alumno algo al Dôjô y se me olvida. El motivo del olvido es en parte que aquello que pretendía llevarle no estaba presente, a la vista, la mayor parte del tiempo, con lo que la mente llega a ignorar su existencia. Para evitarlo tendemos a poner en un lugar muy evidente, obvio y visible aquello que pretendemos que no se nos olvide al salir de casa. Eso ocurre con mucha frecuencia con las llaves del domicilio o del coche por poner ejemplos de los mas mundanos.

El proceso del cerebro es muy curioso, si no ve regularmente algo, llega a terminar olvidándose de ese objeto (es algo que también pasa con las personas, lamentablemente). Como ya he comentado es algo que sucede con mucha frecuencia en la vida cotidiana pero que también nos afecta a nivel de nuestra supervivencia ante una agresión en la calle. Uno de los motivos de trabajar con cuchillos de aluminio lo más parecidos posibles a los reales e incluso con cuchillos reales debidamente modificados en filo y punta para evitar accidentes innecesarios en los entrenamientos, es acostumbrar a la vista y con ello al cerebro, a ver este tipo de herramientas en manos de un potencial agresor. De este modo el cerebro no tiende a ignorar o “no ver” el cuchillo sino que más bien lo detecta de una forma rápida y casi instintiva. Si no trabajamos con un determinado objeto como arma, llegamos a no verlo mentalmente en nuestro entorno y por lo tanto pasa desapercibido para nosotros aun teniéndolo al lado.

De igual modo si no vemos o tenemos a la vista un potencial peligro, un agresor en este caso, el cerebro llega a generar una falsa ilusión de seguridad, de que no hay peligro, simplemente porque al no estar a la vista de una manera obvia, el cerebro tiende a olvidarse de su “potencial presencia”. Por ello es tan importante asumir sin ver, sin necesitar confirmación visual, que el potencial peligro está ahí para adoptar ciertas medidas preventivas, ciertos protocolos y pautas vitales o esenciales.

Hay un proceso llamado las “fases del duelo” que sufrimos ante la pérdida de un ser querido o ante una noticia de profundo calado emocional. Hay cinco fases en este proceso, la primera fase es la negación. Por sistema nos negamos a aceptar la perdida y nos revelamos contra todo y contra todos los que pretendan recordarnos que dicha perdida es una realidad. Algo ocurre de forma similar con las agresiones, si no las hemos sufrido tendemos a negarlas, a decirnos a mostros mismos que no nos pasará a nosotros que esas cosas les pasa sólo a los demás, que la paranoia y el alarmismo es un sistema de venta o marketing pensado para llenar los gimnasios, etc.… negar la realidad no la hace desaparecer, salvo de tu mente. La realidad está ahí y te golpeará fuertemente la quieras negar, ignorar o no, así que mejor no negarla, aceptarla aun sin verla, porque ten por seguro que está ahí. A modo de ejemplo siempre digo que “la mano que no veo, asumo que está armada, si lo está, estaré preparado, sino, mejor para mí y seguiré alerta”. Cuando no veo una mano de un individuo asumo, si o si, que está armada, de ese modo elimino el factor sorpresa de la ecuación pues mi mente y cuerpo se preparan para un eventual ataque con dicha mano. En caso de no estar armada, nada pasa, he conseguido que mi Znashin o nivel de alerta (escala de colores de Cooper) se mantenga en un saludable amarillo – naranja. No necesito “ver” la mano armada para asumir que lo está, no me perjudica en nada asumir el peor de los escenarios porque me prepara para afrontarlo de forma eficiente. Si me perjudica negar o ignorar que no estoy viendo la mano al individuo que se me aproxima y que esa circunstancia no tiene mayor relevancia. Piensa lo peor deseando siempre lo mejor, es una buena consigna, pero siempre prepárate y plantéate el peor escenario y cada circunstancia que esté a tu favor, agradécela, pero sigue pensando en el peor escenario, eso te mantendrá alerta y con la actitud combativa necesaria para sobrevivir.

Este concepto de “hacerse invisible a la mente” podemos relacionarlo con textos de este blog sobre el punto, ángulo o zona ciega o muerta o sobre el concepto de ver y observar, puedes leerlos, no estaría de más, es una lectura que te recomiendo. En nuestra vida cotidiana tendemos a olvidarnos de aquello que no tenemos a la vista, presente de forma permanente, y es algo que el cerebro hace de forma mecánica para descansar de un exceso de información. El cerebro decide que si no recibe información sobre algo, es porque no está a la vista y por lo tanto no es necesario mantener ese “algo” activo en la mente, no es una prioridad. Lo que ocurre es que el enemigo, agresor o terrorista no está visible la mayor parte del tiempo, intenta ocultarse o pasar desapercibido, intenta hacerse “invisible” a los ojos de sus potenciales víctimas. Tanto es así que llegamos a olvidar que están ahí. Que no veas algo no quiere decir que no esté ahí sólo que escapa de tu campo visual o de tu percepción visual. Entrenamos agresiones sorpresa justamente porque en la mayoría de las ocasiones el agresor no vendrá desde 10, 12 metros o mas gritando como un poseído, machete en mano, blandiéndolo cual espada y profiriendo cualquier tipo de consigna a pleno pulmón. Caray, ya me gustaría que todas las agresiones fueran así… morirían muchos menos inocentes y visitarían el cementerio muchos más desgraciados. Sin embargo el agresor salvo problema mental, no es idiota, imbécil si pero idiota no, y buscará siempre el mejor y más optimo de los momentos para agredirnos. Eso pasa por tener clara la agresión, disponer de la “herramienta” (el arma), mantenerse él y su herramienta fuera del campo visual o de pasar desapercibidos para la potencial víctima u objetivo. Decidir la vía de ataque y la vía de huida, etc.… así es muy difícil salir con bien de una agresión… no hay derecho, van a cazar, a pillar desprevenidos, no es justo…pero así es la vida real.

Fuera de la vista, fuera de la mente es un pequeño mantra que poder recitar a diario en los entrenamientos y un concepto o principio de aplicación y actuación muy útil, vital diría yo, para sobrevivir a una agresión. Este concepto así como otros muchos deben ser recalcados clase a clase, entrenamiento e entrenamiento, en una sutil forma de PNL que implica para el instructor hablar al estudiante, comunicarse con él, repetirle, reiterarle y machacarle estas consignas para que terminen siendo un patrón natural para el alumno su aplicación. Hay zoquetes que menosprecian y ridiculizan el hablar dentro del entrenamiento, lógico no tienen neuronas ni formación más que como simios para imitar a sus formadores aunque los mismos sean otros simios. Es un circulo vicioso de falta de calidad y comunicación que los zoquetes interpretan en sus atrofiados cerebros como “bla, bla, bla,….” Y no se dan cuenta que cuando ellos hablan a causa del aborregamiento que arrastran sólo les sale decir “bee, bee, beee…”

Nuestro Budô es plenamente eficiente y aunque intrínsecamente es cierta la aseveración anterior, nosotros los seres humanos no lo somos y por lo tanto de nosotros saldrá el error o el acierto a la hora de interpretar las señales que nos alerten o mantengan en un estado Zanshin y que nos permita un nivel de respuesta mínimamente aceptable. Somos nosotros quienes hacemos realmente efectivo cualquier Budô, cualquier movimiento o acción.

AGRESIONES CON CUCHILLO: UNA AMPLIA REVISIÓN (II)

Vamos a publicar la segunda parte del trabajo sobre agresiones con armas blancas que como indiqué en su momento se centra en los temas candentes, en los puntos calientes y que están a debate siempre. Sin duda el baño de realidad que supusieron las frías cifras de la primera entrega de este texto ahora tienen que ayudarnos a valorar los planteamientos a veces duros que se van a presentar e incluso cuestionar en esta segunda entrega.

PARTE 2

ATAQUE DE CUCHILLO: SOBREVIVIENDO A UN ATAQUE

Algunos de los consejos más comunes de asesoramiento que puedes obtener de los expertos de autodefensa y de los artistas marciales con respecto a la defensa contra una agresión con cuchillo giran en torno al concepto de “Evitar” (“la mejor manera de evitar un ataque, no estar allí”) “estar alerta” (“Busca al chico malo”), la necesidad de un multiplicador de fuerza (es decir, ‘un arma’). Aunque siempre hago un inciso en mis clases, el “arma” soy yo, en este caso lo sería mi brazo, el cuchillo es la herramienta que circunstancialmente empleo con “mi arma” esta o cualquier otra herramienta que haga las veces de multiplicador de fuerza. Aunque estos son definitivamente buenos consejos generales, también tienden a simplificar en exceso la realidad de los ataques con cuchillo.

Personalmente quiero ir mucho más allá de los meros consejos generales y bien intencionados pero poco realistas. Quiero entender la dinámica completa de las situaciones. Los entresijos. Los protocolos, pautas, ciclos, rituales, etc.… Por lo tanto, siempre voy a cuestionar el statu quo. Y hay mucho que aprender si lo enfocas de esta manera. Comencemos con “evitar”

Evitar y la Consciencia Situacional

Antes de nada recomiendo leer mi texto “pre conflicto: un análisis inicial” ya que en este trabajo no voy a profundizar mucho en el tema. “No estés allí en primer lugar”, “evita los lugares potencialmente peligrosos y la gente sospechosa” o “No te subas en el ascensor con desconocidos”, son cosas que se oyen generalmente como consejos en boca de muchos “expertos”. La madre del cordero por así decirlo, el epicentro de la cuestión es lo que denominamos “consciencia situacional”. Claramente, ser capaz de anticipar el peligro puede permitirnos un margen de seguridad muy amplio (ver cómo mejorar tu consciencia situacional y tus capacidades naturales es vital). Pero como he señalado en otras muchas ocasiones, los problemas pueden surgir a pesar de tus mejores esfuerzos para evitarlos. No importa lo bueno que seas. Tu consciencia, no puede permanecer encendida todo el tiempo, no siempre puedes estar plenamente alerta. Habrá momentos en que estarás preocupado, enfermo o herido o lo que sea, y esos son los momentos en que normalmente somos atacados. No quiero repetirme pero aquí pediría que repasaseis muchos de mis textos a cerca del Zanshin, código de colores de Cooper, el ciclo O.O.D.A. etc.….

“Los ataques siempre vienen cuando menos te lo esperas y por lo general cuando no estás listo para ellos”

Puedes evitar lugares desagradables y gente sospechosa, pero no todos los ataques ocurren en contextos que podrían considerarse peligrosos o al menos más propensos a incidentes (por ejemplo, Calles oscuras, descampados, garajes, clubes nocturnos, trabajo de seguridad, trabajo policial, etc.). En realidad, un gran número de ataques con cuchillo ocurren en tiendas donde la víctima desafortunada está trabajando, por poner un ejemplo. La mala suerte también podría cruzarse en tu camino en forma de una persona trastornada en plena calle. No siempre es posible evitar situaciones y ataques, la violencia es muy amplia y en una situación dada es posible que puedas leer las señales de un ataque inminente y en otras no.

Consciencia del cuchillo

Ser capaz de reconocer rápidamente un ataque inminente antes de que realmente suceda, puede representar una gran diferencia. Como alguien se toca la cintura, el bolso del pantalón, de la chaqueta, como busca tapar “algo” con su cazadora o abrigo, como desvía la mirada o pretende pasar desapercibido, como se sienta en una terraza de una cafetería, como mira a la gente cuando se acerca o se aleja,…. ¿puedes ver las señales? Es importante resaltar que si durante una confrontación verbal no ves la mano de tu agresor, debes asumir que tiene un arma (cuchillo, destornillador, palo, botella, martillo, etc.). siempre hago un inciso al mencionar esta obviedad que parece no serlo para mucha gente, sigo un decálogo que prácticamente repito en cada clase como si de un proceso de PNL se tratase, en él este punto es de los primeros, por algo será…pero todos los puntos son vitales, sino no se haría hincapié en cada clase sobre ellos, uno puede resultar aburrido, tedioso, repetitivo pero, y a las pruebas me remito, los errores se siguen cometiendo y se siguen ignorando muchos de estos puntos así que hay que seguir repitiéndolos cuantas veces haga falta. La pregunta ahora es: en tales circunstancias y en esa distancia ¿es factible huir?

Escapando

En un caso favorable y aconteciendo una reacción rápida, huir puede ser un táctica exitosa, posiblemente la mejor. Una ruta de huida adecuada, controlar tus reacciones físicas (evitar tropezar por ejemplo) y la huida será la alternativa más sabia. Ahora, recuerda que la mayoría de los ataques con cuchillo son emboscadas; Por lo general se ejecutan en un ambiente semi-cerrado, a menos de un metro de nosotros estando en una situación de evidente dificultad para movernos con libertad (acorralados). Esto significa que habrá pocas rutas de salida y no serán fácilmente accesibles. Además de eso, no tendrás una gran ventaja y el tipo malo estará pegado a tus talones de inmediato. Las víctimas a menudo se distraen y no lo ven venir. Así que serás pillado por sorpresa y no tendrás mucho tiempo para averiguar tus opciones. Pero, ¿puedes escapar aún una vez que te has puesto a la tarea de hacerlo?

En un interesante texto, Scott Babb de Libre Fighting describe algunos de los experimentos que él y su equipo estuvieron realizando en 2012. En varios puntos, su investigación sobre los ataques con cuchillos confirma mis propias conclusiones:

Los ataques ocurren más comúnmente en un ambiente semi-cerrado, dentro de la fatídica distancia de un metro, los agresores no blanden el cuchillo antes de tiempo, los agresores se agarran a la víctima con su mano libre, la velocidad de apuñalamiento es de 1 a 2 puñaladas por segundo (5 a 7 veces en 5 segundos). La mayoría de las heridas se infligen al lado izquierdo de las víctimas (abdomen, pulmones, garganta) ya que el 80% de la población es diestra.

Lo que Babb descubrió durante su experimento es que contra un ataque de cuchillo, la estrategia más exitosa es dar prioridad a escapar y huir. En otras palabras, las personas terminaron siendo apuñaladas menos veces cuando se concentraron en escapar que cuando estaban tratando de desarmar / detener al agresor. Este es un resultado significativo que debe influir en cada programa de entrenamiento de supervivencia ante agresiones de cuchillo. Es una lástima, sin embargo, que Babb no profundice y muestre más datos del experimento. A pesar de todo Scott Babb destacó un punto importante: escapar debe ser la prioridad. El entrenamiento de supervivencia contra una agresión con cuchillo debe enfatizar que las tácticas y las técnicas deben ser usadas ​​para facilitar la fuga.

Conformidad

Cuando eres amenazado por un asaltante que usa un cuchillo para pedir tus pertenencias (“violencia urbana”), el sometimiento es probablemente el curso de acción más seguro (obsérvese que esto puede no ser aplicable de una manera sistemática en casos de agresiones sexuales, ese es un tema a tratar totalmente aparte). “Un teléfono de última generación puede ser reemplazado, tu vida no” Si usan el cuchillo como una herramienta de intimidación, probablemente no tienen la intención de hacerte daño si no se ven “obligados” a hacerlo; De lo contrario, como hemos visto, ya te habrían apuñalado. Pero no siempre.

El tiempo siempre está en contra de los malos. Policías podrían estar a la vuelta de la esquina, alguien podría intervenir, la víctima podría sacar un arma, etc…. En otras palabras, los malos siempre tienen prisa y su paciencia es limitada. Ellos no permitirán la oportunidad de dejar que la situación escape a su control y te apuñalaran si es necesario para hacer las cosas más agiles o dinámicas porque quieren salir zumbando lo más rápido posible. Así que, independientemente de lo que decidas hacer (es decir, ser sumiso o luchar), aconsejaría, en vista de lo que acabamos de ver, demostrar/fingir sometimiento de inmediato. Si decides pelear, te generará ventaja y la sorpresa estará de tu lado. Decidas pelear o no, siempre debes esperar lo peor y estar listo para bloquear una puñalada.

Una vez más, es importante repetir que si no ves la mano de tu agresor durante una confrontación, debes asumir que tiene un cuchillo (o cualquier otro arma contundente o corto-punzante). Conocer la autodefensa básica contra ataques con cuchillo es importante porque no siempre puedes huir y el sometimiento no siempre garantiza tu seguridad.

Armas

La respuesta de “Glock” es una respuesta muy común a la pregunta “¿Qué haces si alguien te ataca con un cuchillo?”(esa respuesta es algo obvia pero viene de EE.UU. donde la mentalidad y las leyes son muy distintas a España. La respuesta Glock es “dos tiros al centro de masas y a otra cosa” quien dice centro de masas, dice cabeza, torso, etc. En una palabra eliminar la amenaza). El problema es que los cuchillos y las armas de fuego no son legales en todas partes. En la mayor parte de Europa, por ejemplo, no se puede llevar un arma de fuego y hay fuertes restricciones en cuanto a las armas blancas. Es curioso como las leyes dejan indefenso al ciudadano cuando estadísticamente hablando no es posible que tengamos una presencia policial adecuada para solventar todas las posibles situaciones. Aunque este símil estadístico podría muy bien haber sido incluido en la primera parte de este texto creo que este es el momento oportuno para mencionarlo. Tomemos una ciudad de 250.000 habitantes con unas fuerzas del orden publico de un tipo u otro de 850 efectivo (estas cifras son reales pero no voy a pormenorizarlas ni a personalizarlas para evitar suspicacias). Asumiendo de forma idílica que el 100% de esos efectivos se dedique a labores de protección ciudadana… el resultado es bastante obvio. Cada agente del orden tiene que “proteger” a 294 ciudadanos. Si tan sólo dos ciudadanos de los asignados a un agente sufren una agresión de forma simultánea, al menos uno de ellos no podría recibir ayuda. Estos son números fríos y asépticos pero dejan bien claro que la responsabilidad de nuestra seguridad recae en nosotros antes que en nadie mas, no podemos esperar que el día D a la hora H cuando al agresor Z le dé por intentar apuñalarte para quitarte las llaves del coche o para violarte, un agente del orden esté “casualmente” allí presente. No podemos empezar a creer en conceptos como “Minority Report” por tomar un ejemplo del cine sobre la prevención del crimen que en su día suscitó bastante debate. Sin embargo se nos limita, restringe e incluso a veces acosa para evitar que podamos estar mínimamente preparados para hacer frente a una eventual crisis. Con los tiempos que corren siempre repito un dicho: “primero mi vida, luego la del que intenta arrebatármela” y suelo añadir “da la cárcel y del hospital se sale, del cementerio NO”.

Otro problema es la extracción. Si alguien te embosca y lanza un ataque dentro de la distancia de un metro, ¿tendrías tiempo para extraer tu arma? Aquí viene la regla “21 pies” (6,4 metros). La investigación realizada a principios de los años 80 por el sargento de policía Dennis Tueller (P.D. de Salt Lake City), mostró que el tiempo que le lleva a un oficial entrenado reconocer una amenaza, extraer su arma de fuego y disparar 2 cartuchos en el centro de masas es aproximadamente de 1,7 segundos. Un sujeto promedio que ataca a dicho oficial, puede cubrir fácilmente una distancia de 21 pies o lo que es lo mismo unos 6,4 metros antes de que eso ocurra, es lo que todos ya conocemos como la regla de los 7 metros en Europa.

Esto significa que necesita suficiente tiempo para extraer su arma y manipularla correctamente antes de que tu agresor llegue a alcanzarte. Pero el tiempo está relacionado con el espacio (‘distancia recorrida’ en este caso): Tiempo para alcanzar el objetivo = Distancia recorrida / velocidad de desplazamiento. En otras palabras, necesitas espacio / distancia suficiente para reaccionar ante un ataque (es decir, extraer tu arma y manipularla). Este espacio es tu ‘distancia de seguridad’. Esa es la distancia mínima en la que tu agresor deberá ser capaz de reaccionar adecuadamente para ejecutar su ataque. Si el ataque se inicia dentro de tu distancia de seguridad, es decir una distancia que es más corta que tu distancia de seguridad optima, no tendrás suficiente tiempo para extraer y manipular tu arma lo que significa que tendrás que saber cómo afrontar la agresión a manos desnudas.

El artista marcial y experto en Eskrima Dan Inosanto demostró lo rápido y peligroso que puede ser un atacante con un cuchillo: La distancia de seguridad que necesita un oficial de policía capacitado, según la investigación de Tueller, es de 21 pies. Publicado por primera vez en la revista SWAT en 1983, los resultados de este experimento han sido conocidos desde entonces como “La regla de los 21 pies o la regla de los 7 metros”.

Ten en cuenta que en este tipo de situaciones, huir no es una opción porque, como puede deducirse, el agresor estaría junto a ti, te alcanzaría  antes de que puedas crear suficiente espacio entre tú y él. También es importante tener en cuenta que la velocidad puede incrementarse bajo estímulos externos de orden psicológico como “la ira o la rabia” y/o “estimulantes químicos”, como ciertos medicamentos, drogas y alcohol.

Del mismo modo, tu tiempo de reacción puede aumentar por una serie de factores (por ejemplo, la fatiga, el miedo). Esta es la razón por la que la “distancia de seguridad” se ha ampliado a 30 pies (9 metros) por un buen número de especialistas.

Armas de fortuna/improvisadas/oportunidad u ocasión

Las armas de oportunidad pueden ser grandes igualadores/ecualizadores  en una pelea. Cualquier objeto que pueda extender tu alcance, efectividad y potencia o fuerza letal, manteniendo así el cuchillo a distancia, puede ser usado. Ten en cuenta que, contra un atacante que maneja un cuchillo, las llaves del coche y las plumas estilográficas (Tactical Pen) no son tan buenas armas como comúnmente se cree o nos pretenden vender. El mayor problema con las armas improvisadas es el “despliegue/ extracción”. Como hemos visto, la mayoría de los ataques son emboscadas por lo que no tendrías mucho tiempo para buscar un arma de oportunidad y agarrarla. Esta es la razón por la cual un poco de preparación, entrenamiento y consciencia situacional puede permitirte sobrevivir mas fácilmente.

Podría dar muchas ideas sobre este tipo de armas, en realidad estamos rodeados de ella. Me viene a la memoria una cita de “Shibumi” un libro de Rodney William Whitaker que firmó bajo su seudónimo, Tevanian. En el libro y refiriéndose al protagonista del mismo dicen algo así como: “es un tipo formado para ver en cualquier objeto un arma potencialmente letal, cuando entra en una habitación ve del orden de más de 100 objetos que podría usar para matar. En realidad sería capaz de asesinarte con la goma de los calzoncillos si fuera necesario”. Hay instructores muy populares en Europa actualmente especializados en el uso de armas improvisadas, tanto su fabricación como el uso de objetos cotidianos como armas sin previa modificación.

Tu cinturón, en particular, es un gran arma improvisada contra un atacante armado con un cuchillo. Fácilmente disponible, un cinturón se puede utilizar como un látigo o como un kusarifundo, particularmente eficiente si tiene una hebilla fuerte. Como me gustan las referencias cinematográficas, en la película “El Contable” el protagonista hace frente a un oponente armado con una navaja usando su cinturón.

Voy a insistir en un punto, sin embargo: debes saber cómo utilizar tu arma de oportunidad o improvisada. No siempre funciona tan bien como se espera, una formación adecuada es vital para garantizar, si es que se puede garantizar algo en esta vida, la eficacia del arma de oportunidad o improvisada. Aquí hay lecciones importantes:

No pretendas cerrar la distancia o atacar tu al agresor.

Usa el arma para mantenerlo a distancia.

No pases por alto el entrenamiento! La formación y la preparación son fundamentales.

Este es un viaje muy limitado por el espacio físico que un texto permite al tema de las agresiones con armas blancas. Soy consciente de que es preferible escribir periódicamente textos sobre el tema que generar unos textos largos y tediosos de leer que al final, muchas veces aunque se lean no “prenden” en el subconsciente del lector. Este trabajo aun dividido en dos partes ya será para muchos excesivo pero a veces uno debe zambullirse en el tema y ver de tratar los puntos más importante y candentes. Estoy seguro que si reviso este texto en un mes lo corregiré y le añadiré múltiples apuntes, lo que haría imposible publicarlo, así que lo que uno hace es escribir, revisar y decidirse a publicar en la esperanza que el trabajo realizado sea de ayuda o valor para quienes inviertan su tiempo en leerlo. Tal vez ese sea el motivo por el que mis proyectos literarios más ambiciosos por envergadura y contenido están todavía en el pc y avanzan tan poco a poco, porque cada vez que me pongo a ello tengo que continuamente añadir, modificar, puntualizar…posiblemente nunca verán esos textos la luz. En fin espero que este trabajo haya sido de tu interés y que de verdad te sirva para algo positivo en tu formación.

Si quisiera añadir que lo aquí comentado es en la medida de lo posible lo “políticamente correcto” a la hora de expresarse en público sobre este tema. Es un enfoque realista pero también conservador, centrado en la supervivencia del agredido. Como me comentaba un amigo, una cosa es lo que yo haría y otra cosa lo que creo que debo enseñar o priorizar en mis clases. Posiblemente mi respuesta en un caso así, y ya he tenido ocasión de comprobarlo, es bien distinta y radical a lo aquí comentado pero creo que el objetivo de este texto es informar, concienciar y hacer meditar y recapacitar sobre planteamientos erróneos y premisas equivocadas por una total falta de sintonía con la realidad. Como he dicho en algún texto anteriormente, sólo hay dos caminos en una lucha huir y pelear. Si decides huir estas activando tu instinto de preservación y supervivencia del mismo modo que si decides quedarte y pelear. Los factores que motivaran tu decisión son muchos y de lo más variados, si os es posible leer mi post “Post conflicto: un análisis inicial” tal vez os ayude a entender que quiero decir. Lo cierto es que avanzar y cerrar la distancia puede impedir que el agresor pueda ejecutar su acción, pero sí es seguro que tú te veras obligado a ejecutar la tuya sino al final terminaras muerto. Cuando huyes no es necesario poner, en principio, en practica ese protocolo de “eliminación de la amenaza”. Son dos enfoques y cualquier ser humano se debate entre ambos tanto a nivel personal como a nivel formativo cuando enseña. Tal vez por ello una tercer parte de este texto dando respuestas directas a todo lo comentado en este trabajo sería lo ideal, pero imposible de plasmar en papel. Sólo conozco un sitio donde verlo, sentirlo y ponerlo a prueba y ese es el Dôjô entrenando y practicando. Por ello creo que la mejor tercera parte a este texto está en el Dôjô esperándote…..

AGRESIONES CON CUCHILLO: UNA AMPLIA REVISIÓN (I)

Todos estaremos de acuerdo en que para adoptar métodos realistas de supervivencia contra ataques con cuchillo, primero debemos entender cómo un agresor es más probable que use dicha arma. Pero, ¿cómo conseguimos esa comprensión? La verdad es que la mayoría dependemos de otras personas (los ‘expertos’) para darnos las respuestas. El problema es que la industria de las Artes Marciales / Autodefensa está plagada de conceptos erróneos y falacias, de humo y fuegos de artificio, de certificados y diplomas y de charlatanes de feria con mucho marketing a sus espaldas, eso sí.

Quería hacer entender al publico la dinámica de los ataques con cuchillos reales y quería que esa comprensión se basara en pruebas. Afortunadamente, en los últimos años los videos en plataformas como youtube y las grabaciones con teléfonos móviles nos han proporcionado abundancia de ejemplos de la vida real de los que podemos aprender. Los datos estaban disponibles para cualquier persona que estuviera dispuesta a llevar a cabo el análisis, algo tedioso sin duda y que tal vez por ello no se habían molestado en hacer.

Este texto está estructurado en dos partes:

La Parte 1 presenta los puntos claves del análisis de más de 150 ataques de cuchillos grabados en video.

La Parte 2 aborda cuestiones de debate común, tales como consciencia de la agresión, la actitud de evasión o huida,  el uso de armas (incluidas las armas improvisadas) en el contexto de los ataques con cuchillo, etc.….

Comencemos con una introducción al tema para entrar de forma lógica y gradual en materia…..

ATAQUES DE CUCHILLO: FANTASÍA Y REALIDAD

La defensa contra los ataques con cuchillo sigue siendo una de las partes más polémicas de las Artes Marciales y la Autodefensa basada en la Realidad (Reality Based Self Defense en ingles o RBSD) personalmente yo prefiero el termino supervivencia ante agresiones con arma blanca en escenarios urbanos. La razón de esto, en mi opinión, es que muy pocas personas realmente tienen una experiencia amplia de este tipo de violencia. Y entre los que tienen esa experiencia, hay aún menos interés, a veces, realmente ​​en hablar de ello. Así con todo, tal vez tengamos con suerte la posibilidad de contar con la experiencia real de quien se ha visto en una circunstancia así alguna vez en su vida (entiendo que quien se ve en esas circunstancias cada día, quien tiene una experiencia vital muy amplia en este área es por motivos algo dudosos u oscuros o por pertenecer a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado). Hay quien piensa que los únicos capacitados realmente para una formación real son aquellos que citaba anteriormente, gente con una muy amplia experiencia en ese tipo de agresiones, pero por experiencia propia sé que quien ha visto las orejas al lobo, no habla de esos temas salvo en la intimidad de su Dôjô. Hay quien cree que sobrevivir a dos agresiones con arma blanca no te hace experto, pero lo cierto es que dos son ya muchas más que para el 95% de la población que no debería verse en una circunstancia así nunca en su vida. Hago hincapié en este tema porque en la industria de las Artes Marciales / Autodefensa, desafortunadamente, con demasiada frecuencia oímos “auto proclamaciones” donde el orador espera que le creas basándose únicamente en su pedigrí (a menudo imposible de verificar o lleno de títulos de dudosa solvencia). En otras palabras, “Confía en mí, ¡yo soy el experto!” Lo que realmente falta es que la enseñanza esté apoyada o cimentada en un estudio exhaustivo, analítico y bien realizado. Hechos y estadísticas. Eso es lo que siempre recalco, la calidad de la formación viene dada por la información objetiva y la estadística como herramientas para tener una visión más real de la “verdad” de la calle. Luego una formación de calidad viene dada por muchas horas de trabajo, dolor, sudor, lagrimas y algo de sangre, por bajar muy cerquita de los infiernos para “aprender del calor que allí hace”.

PARTE 1

ATAQUES DE CUCHILLO: UN ESTUDIO ANALÍTICO

Los datos con los que voy a afrontar este texto pertenecen a un estudio y se han recopilado y compilado a partir de más de 150 incidentes de cuchillo captados por cámaras de vigilancia y teléfonos móviles. Todos los videos del estudio están disponible (al menos en el momento en que se hizo dicho estudio) en youtube. Esta es una buena herramienta para recabar información, analizar conductas y comportamientos, patrones y protocolos de agresión, pero en ningún caso es una herramienta válida para la formación técnica, nada puede sustituir la formación con el instructor, aunque algunos zoquetes se empeñen en lo contrario…. Empecemos:

El 71,1% de los ataques con cuchillos se realizan sobre individuos desarmados y durante la agresión, el agresor hace uso de su mano desarmada ya sea para proteger u ocultar su arma como para retener, agarrar o empujar cuando no golpear a su objetivo (no me gusta utilizar el término víctima, porque enseguida se fija en el subconsciente de la gente que quien recibe la agresión es “la víctima” y en poco tiempo realmente se termina actuando como tal… aun así usaré el termino en ocasiones para que la lectura del texto no resulte monótona). El dato inicial es obvio pero doloroso, los agresores procuran no atacar a quienes no consideran víctimas, a quienes van armados o intuyen que pudieran estarlo o que pudieran presentar batalla, ponerles difícil sus objetivos. Por ello es tan importante el aspecto psicológico, una actitud adecuada trasmite una sensación concreta que los agresores saben captar o leer en nosotros y les hace desistir en muchos casos.

El hecho de que durante un ataque de cuchillo, los agresores suelen usar su mano libre, manteniendo el cuchillo cerca de su cuerpo, fue señalado por primera vez en 1988 por Don Pentecost en su polémico libro “Put’em down, take’em out!” sobre el uso de las armas blancas y su forma de utilizarlas dentro de la penitenciaria de Folsom. En la década de los ochenta, Pentecost destrozó de manera simple y brutal una serie de mitos populares e ideas preconcebidas sobre el uso del cuchillo en situaciones de la vida real. Los agresores comúnmente (71.1%) emplean de forma activa su mano vacía, protegiendo eficazmente el cuchillo, evitando exponerlo innecesariamente. Como también claramente indicó Pentecost, la mano vacía no es una mano muerta, “paralizada”, los agresores la usan para atacar o, más comúnmente, para agarrar a su objetivo. De hecho, cuando los agresores emplean su mano libre, el 80% del tiempo lo harán para agarrar, retener, empujar o sujetar a su objetivo.

Este uso de la mano vacía cambia mucho la dinámica de la lucha. Particularmente porque tu primera reacción, como agredido, estará condicionada por el movimiento de la mano vacía del agresor. Pero la lección principal es que la mayor parte de lo que se enseña en las artes marciales y la industria RBSD se centra erróneamente en el concepto de “el atacante lleva el cuchillo, no agarra, no golpea con su mano libre, no empuja, retiene o no ejerce acción alguna que no sea el “simple” ataque con el arma blanca”, esto no se aplica a la gran mayoría (+70%) de los casos de la vida real cuando de agresiones con armas blanca se trata.

La mayoría de los ataques con cuchillo son emboscadas, no duelos. Por las mismas razones, los malos usarán un multiplicador de fuerza como puede ser un cuchillo. No quieren una pelea justa sino una presa y una lucha fácil: harán un ataque sorpresa desde una posición “oculta” y con intenciones “ocultas”. Probablemente no lo veas venir. El concepto de “multiplicador de fuerza” se usa mucho en EE.UU. para etiquetar aquellos elementos que potencian la eficacia o fuerza letal de un individuo, en Europa ese término no es tan popular pero no por ello carece de validez.

Las agresiones son sorpresivas, no se anuncian o avisan generalmente, En su lugar, se mantiene el arma escondida hasta que es útil su uso. En muchas agresiones el arma blanca no es un elemento de intimidación, amenaza o coacción, sino simple y llanamente una herramienta de eliminación. Se suele decir que quien amenaza no tiene intención de matar y por lo tanto se tiene más opciones de sobrevivir a la situación.

“Las víctimas que sobrevivieron a una confrontación violenta contra un asaltante que portaba un cuchillo informaron sistemáticamente que fueron completamente ignorantes / inconscientes de la existencia del arma hasta después de que haber sufrido heridas cortantes. En esencia, estos supervivientes de ataques con armas afiladas afirman que creían que estaban involucrados en algún tipo de pelea a mano desnuda; Sólo después, después de sufrir lesiones, se dieron cuenta de que el agresor estaba armado”.

En el 80% de los casos que se analizaron, el cuchillo se mantiene oculto hasta el último momento. Los agresores tratarán de distraer a su objetivo y esperaran una buena ventana de oportunidad para atacar y no dudaran en atacar a su presa desde atrás. Las situaciones con múltiples atacantes parecen menos comunes con sólo el 11,4% de los incidentes que se analizaron. Generalmente, la persona en el momento de la agresión está distraída, acorralada y el ataque es lanzado de cerca. El 70,6% de los ataques con cuchillo se lanzan a menos de 3 pies del objetivo, esto equivale a algo menos de un metro. Muchas conclusiones, principios y fundamentos vienen de la bibliografía existente (no solamente libros, sino estudios, informes, artículos, etc.), casi todo ella procedente del otro lado del charco. Por ello respeto la terminología que ellos han popularizado pero también he de hacer comprensible los datos para el lector que utiliza el Sistema Métrico Decimal, por ello procuraré dar los valores aproximados de todas las mediadas que se comente e Los cuchillos son armas de corto alcance, por lo que no es una sorpresa que el 70,6% de los ataques con cuchillo comiencen en el rango llamado o denominado de interpelación o de conversación. Es importante, sin embargo, destacar que “esos 3 pies/1 metro” realmente significan “la longitud del brazo o menos”: Esto deja muy poco espacio y tiempo para reaccionar! Esta premisa significa que es casi imposible detener la primera puñalada si no lo esperas.

Esta es la razón por la que es tan importante mantener la distancia y mantener el control del espacio cuando estás en una confrontación. En numerosas ocasiones he comentado en mi Dôjô que el ataque más importante realmente es el segundo, ya que el primero es muy difícil verlo venir o anticiparse al mismo. Realmente se puede dificultar el carácter “sorpresivo” o de “celada” del mismo y con ello aumentar nuestras posibilidades de supervivencia siguiendo ciertos protocolos y patrones de comportamiento y adiestramiento, pero es imposible como hablaremos más tarde prever todas las posibilidades.

Los ataques con cuchillos son rápidos y furiosos

Otra consecuencia de estos ataques a corta distancia es que los objetivos tienden a caer cuando se mueven hacia atrás tratando de escapar de su agresor. Este es el caso en el 55% de los incidentes que se analizaron. Es común que el agresor ataque de forma rápida e intensa impidiéndonos pensar con claridad y “embistiéndonos” por decirlo de alguna forma, siendo como un tsunami que nos pretende llevar por delante. Esta manera de cargar sobre su objetivo, se conoce como “prisa, prisión, yarda” un concepto que popularizó Don Pentecost en 1988. En líneas generales la idea es generar una sensación de prisa, de velocidad, de ansiedad. Esa sensación de prisa nos fuerza a cometer errores, nos bloquea como si fuéramos “prisioneros” de la misma y permite al agresor acercarse y nos impide mantener una distancia adecuada, “yarda”. En su polémico libro, Pentecost señala además que alguien que te está atacando con un cuchillo está tratando de matarte. No se detendrá, no dudará, atacará y atacará hasta lograr su objetivo o hasta que sea neutralizado.

La investigación nos dice que alguien dispuesto y listo para trincharte como un pavo en Acción de Gracias es muy diferente a alguien con simplemente un arma […]”

Esto hace referencia a otro principio que he comentado en infinidad de ocasiones. Me refiero a la determinación y el compromiso. Si la determinación y compromiso del agresor por acabar con nuestra vida es mayor que nuestra determinación y compromiso por sobrevivir, estamos muertos, pero en caso contrario el agresor tiene los segundos contados.

Los ataques con cuchillos no duran mucho. De hecho, el tiempo medio de una incidencia, es decir, la media aritmética de los ataques con cuchillo, desde el momento en que se inicia el ataque hasta el momento en que se detiene, es de 23 segundos.

“El marco/margen de tiempo de un ataque de cuchillo suele ser muy corto, generalmente cuestión de segundos”

El tiempo medio es de 14 segundos, lo que significa que la mitad de los ataques duran 14 segundos o menos. Pero el 80% de todos los ataques duran menos de 32 segundos. El gráfico muestra un fuerte aumento en los números hasta 23 segundos, indicando que la mayoría de los ataques (70%) duran 23 segundos o menos.

Después de ese punto, la curva comienza a disminuir y alcanza el 90% a 59 segundos. Es interesante observar que, aunque tarda 9 segundos para un aumento del 10% al 80%, tarda 27 segundos en completar otro 10% y llegar al 90%. Lo que esto significa es que si un ataque de cuchillo dura 23 segundos, tienes un margen aceptable de que el mismo duré sólo  9 segundos más. Pero una vez que un ataque de cuchillo alcanza la marca de 32 segundos, el mismo “margen aceptable” puede significar 27 segundos extra. En otras palabras, si un ataque de cuchillo se prolonga por más de 32 segundos, tiene muchas probabilidades de que dure mucho más.

¿te diste cuenta de cómo la curva parece subir de nuevo alrededor de 45 segundos en lugar de la estabilización como se esperaba? Vamos a visualizar los datos de manera diferente, El siguiente gráfico muestra el número de ataques con cuchillos en función del tiempo. Para aclararlo, solo muestro la línea de tendencia:

Hay un pico en el número de ataques alrededor de los 7 segundos con 25.2% de todos los ataques realizados entre los 5 y 10 segundos, y la mitad de todos los ataques que duran 14 segundos o menos. El miedo a ser atrapado es probable que sea un factor importante que mantiene los tiempos del incidente o ataque con cuchillo en tiempos muy bajos. Obviamente, mientras más tiempo se lleve a cabo un ataque, más probable es que alguien, incluyendo a la policía, intervenga. Un inciso importante aunque porque aunque es posible que vuelva a comentarlo posteriormente, nunca y repito y reitero, Nunca esperes ayuda del exterior o de tu entorno más inmediato. Hacerlo debilita tu actitud de supervivencia, pues te hace dependiente de una hipotética ayuda que muy probablemente no tenga lugar, y en caso de que llegue probablemente llegará tarde.

A este respecto, es interesante observar que el 55,9% de todos los ataques son interrumpidos por la intervención de un tercero pero no quiere decir que dicha interrupción sea la finalización del ataque o agresión. Pero aquí está la parte interesante, a partir de la marca de 7 segundos, el número de ataques disminuye bruscamente hasta alcanzar un mínimo a los 45 segundos y luego sube de nuevo. Lo que sugiere la gráfica es que hay un punto de inflexión alrededor de los 45 segundos, después del cual un ataque/agresión con cuchillo tiende a prolongarse mucho más. Lo más común es un extra de 14 segundos. Más de la mitad de los ataques de “más de 45 segundos” duran entre 53 y 66 segundos.

Aunque es difícil inferir cualquier evidencia sólida de un número tan pequeño de casos analizados para este trabajo, parece que la intervención de terceros son mucho más bajas en el grupo de los ataques con una duración de +45 segundos que en general. En otras palabras, estos ataques duraron más tiempo porque nadie intervino.

Como era de esperar, los ataques de los “psicópatas” que no les importa mucho ser atrapados, parecen concentrarse también en este grupo. Aunque la duración promedio de un ataque de cuchillo es de 23 segundos, es importante mantener las cosas en perspectiva. En ese corto espacio de tiempo, el atacante medio apuñalará una media de 5 a 7 veces cada 5 segundos!

Los ataques de cuchillo se realizan más a menudo con punzadas/puñaladas rápidas, cortas y repetitivas en diferentes ángulos. Comúnmente, habrá una primera oleada de puñaladas durante la cual el atacante, aprovechando la sorpresa, asestará entre 5 y 10 puñaladas. Entonces, cuando la víctima lucha retrocediendo, tratando de escapar, las puñaladas serán más espaciadas. Cuantos más cortes o puñaladas, más posibilidades de que un órgano vital, como el corazón, o un vaso sanguíneo principal, como la arteria carótida (cuello), se vea comprometida, lo que resultaría en una muerte rápida y segura.

Claro, muchas personas han sobrevivido a un mayor número de cortes y puñaladas. Pero la cruda realidad, la pura verdad es que sólo necesitas una para morir! Este es un punto importante porque la mayoría de los ataques no son un “apuñalamiento directo sencillo’ (es decir, el tipo de movimiento de empuje de bayoneta) o un “corte de mandoble”. Los ataques con cuchillo se ejecutan predominantemente con puñaladas rápidas, cortas y repetitivas en diferentes ángulos (por ejemplo, cambiando ataques desde arriba hacia abajo y viceversa, puñaladas al pecho o puñaladas al cuello). También conocido como la “máquina de coser (Sewing Machine)” o “shanking de prisión”, las puñaladas rápidas y cortas son muy difíciles de detener porque no hay mucho tiempo ni mucho espacio para “desviar y redirigir” el ataque o “bloquear y golpear” . La mayoría de los ataques se realizan con un agarre regular o Hammer (58,8%), pero el agarre inverso (también conocido como “Ice pick”) es, con un 29,9%, más frecuente de lo que comúnmente se piensa. En un pequeño número de casos, alrededor del 6%, el agresor cambia su agarre durante el asalto, pasando de Hammer o natural a reverso o Ice Pick o viceversa. Vale la pena señalar que no se registró en el estudio ningún caso de intercambio manual (es decir, que el cuchillo se mueva de una mano a la otra). Se puede apreciar el uso de transiciones de agarre pero no transferencia de arma de una mano a la otra. Esto es estadística, la realidad es que cualquier cosa puede ocurrir y por ello debemos formarnos en el Dôjô para toda contingencia, escenario o situación.

¿Qué hemos aprendido?

En esta primera parte, hemos visto que los ataques con cuchillo son más comúnmente emboscadas, ejecutadas a corta distancia (dentro del radio de un metro o la distancia del brazo extendido). Son extremadamente violentos; ejecutados con velocidad y determinación en un lapso de tiempo muy corto (es decir, no duran mucho). Los atacantes emplearan su mano libre, protegiendo eficazmente el cuchillo, y apuñalarán a la víctima repetidamente con envites rápidos y cortos en diferentes ángulos. Los agresores suelen agarrar y empujar a la víctima que muy a menudo caerá al suelo.

En otras palabras:

Serás tomado por sorpresa y serás abrumado por el miedo y la propia agresión. No verás la hoja antes de que se lance el ataque. Muy probablemente no serás capaz de huir y evitar el ataque. Tendrás muy poco tiempo y espacio para reaccionar y desplegar un contraataque. Probablemente no serás capaz de detener la primera puñalada (s) por lo que, sí, eres cortado y apuñalado un número indeterminado de veces, puede incluso darse la circunstancia de que no te percates de que has sido apuñalado (motivo por el cual debemos siempre comprobar por nosotros mismos que al finalizar una agresión no hemos sufrido daños). Probablemente no tendrás tiempo para esgrimir tu propia arma (arma, cuchillo, kubotan llavero, bastón extensible, spray de pimienta, etc.…); Al menos no antes de ser apuñalado un par de veces. Es probable que te desplaces hacia atrás, tu equilibrio se verá comprometido, y es probable que caigas al suelo. Tus movimientos se verán restringidos o limitados, tus habilidades motrices finas (sutiles) se habrán ido, no podrás acceder al brazo que porta o empuña el cuchillo fácilmente. Cualquier técnica que se base en la flexión del brazo y en un uso y manipulación suave del arma tiene muy pocas posibilidades de éxito. Cualquier técnica que se base en la suposición de ataques simples y directos conformados por una única acción de apuñalamiento o corte tienen muy pocas posibilidades de funcionar

Estos resultados deben condicionar definitivamente nuestros métodos de entrenamiento. Pero la pregunta a hacerse uno en este punto es “¿cómo sobrevivir a los ataques de cuchillo entonces?”

 

 

¿TRADICIONAL O MODERNO?

¿Tradicional o moderno? No existe una “lucha tradicional o moderna”, ¡¡¡Sólo hay peleas!!! Sabes cómo luchar y sobrevivir o no sabes!!!

La llamadas artes marciales “tradicionales”, eran modernas en otro tiempo, así como hoy las Artes Marciales “modernas” serán tradicionales dentro de 100 años!!

Así que, la clave son los conocimientos y las habilidades! Entrenar, practicar y aprender bien, para tu beneficio, para tu defensa, para tu protección, para tu supervivencia!!

Dean Rostohar

Esta reflexión de Dean realizada en las redes sociales me ha parecido, como ocurre con frecuencia en su caso, muy acertada, las palabras justas para definir una situación. No hace mucho hablaba sobre la tradición, si la misma estaba fuera de lugar, si nuestro Budô estaba “muerto” o si el camino a tomar era una práctica mas eclíptica (realmente esto engloba varias conversaciones acaecidas en los últimos días). Nunca he considerado mi Budô como algo muerto, si como algo antiguo, una herencia que ha sobrevivido hasta nuestros días por una simple razón: su eficacia para mantener con vida a quien lo practicaba y así perpetuar el legado de esos conocimientos una generación más. Siempre he estado totalmente convencido que tras la tradición y siempre que no seamos unos fanáticos de la misma, se esconden los cimientos o raíces para convertirnos en guerreros supervivientes. Creo que la ortodoxia en el entrenamiento de la tradición tiene un tiempo y un lugar dentro de nuestra formación. El error viene de no saber cuándo hay que dar un paso más allá y evolucionar como lo hicieron previamente todas las generaciones anteriores para sobrevivir. He visto a formadores muy ortodoxos intentar aplicar esa tradición a un escenario moderno y casi “comerse” un puño del contrario. He visto a instructores enseñando movimientos tradicionales como si fueran eficientes para una situación actual. En general estos profesores son excelentes conservadores de la tradición, fieles guardianes de la misma, pero unos ignorantes de la realidad actual, algo imprescindible para sobrevivir hoy.

Pero igualmente ocurre con aquellos que van de “modernos” y actualizan su forma de trabajo para adecuarla a las necesidades de la vida actual, para introducirla en los retos y peligros que tenemos que afrontar hoy día. Muchos de ellos lo hacen olvidando la tradición y en algunos casos “adoptando” formas y métodos de otros sistemas o metodologías de combate, algo que considero es prostituir o corromper nuestro Budô por su propia ignorancia de la tradición. Algunos de estos formadores “tácticos” si se les puede denominar así, no saben ni tan siquiera sostener un sable en sus manos de forma correcta o no comprenden el alcance de las actuales enseñanzas del Sensei en Japón. Se mueven en el mundo moderno creyendo erróneamente que somos un Budô arcaico.

Ante el neófito que pica a la puerta de nuestros Dôjô y que busca no se sabe bien el que… unos la tradición, otros la supervivencia…a todos ellos hemos de hacerles llegar el mismo mensaje. El conocimiento y las habilidades fruto de la práctica de nuestra tradición nos conducen de forma segura hacia una eficiencia en nuestro día a día actual. Aquello que consideramos anacrónico, obsoleto o arcaico es muchas veces un vehículo pedagógico extraordinario de formación y perfeccionamiento. Salvo aquellos servidores públicos que tienen el deber de salvaguardar nuestra seguridad y la de nuestra patria (vale suena algo carca decirlo así pero es que es así les guste a unos o disguste a otros) creemos que la seguridad y protección la genera el Estado, esos cuerpos y fuerzas de seguridad, ellos hacen una parte del trabajo pero como lamentablemente estos días podemos observar en las noticias no son capaces de evitar todos los ataques contra nuestra seguridad. Por ello mucha gente viene ahora a formarse a nuestros Dôjô. Pero hay que hacerles ver que esa formación mal que les pese a los ansiosos de la tendencia o filosofía “Matrix” no se logra en 10 segundos enchufando un cable a nuestra nuca. Se logra trabajando unos sólidos cimientos, unas profundas, fuertes y adecuadas raíces, la tradición. Esas raíces permitirán crecer un árbol firme y seguro, preparado para soportar las inclemencias del tiempo por desagradables o funestas que las mismas puedan ser. La prisa solo conduce al error y el error al cementerio. Siento al escribir este post que me repito, que todo esto ya lo he dicho un millón de veces, muy posiblemente así será. Sin embargo si lo estoy repitiendo es porque el mensaje no ha calado lo suficiente, porque no ha sido comprendido y aplicado adecuadamente. Cada nuevo golpe que nuestra sociedad sufre es como un desagradable despertador que nos hace conscientes de forma cruda y dolorosa del mundo real. Entonces entran las prisas y queremos lograr en muy poco algo que lleva a veces toda una vida de dedicación permanente.

Sirvan estas reiteradas palabras para una vez más incidir en que nuestro Budô es tradicional y contemporáneo, algo que ningún arte ha logrado ser. Conseguir ese equilibrio es obra de un hombre, el Sensei, el Sôke y de una visión de la que nos ha hecho participes a todos sus alumnos, la hayamos entendido o no unos u otros. Nuestra labor es contemporizar y entrenar para comprender y aprender, pudiendo así evolucionar y sobrevivir. Es un mensaje que se lleva repitiendo en mi cabeza desde que entre en contacto, desde que supe por vez primera de las enseñanzas del Sensei hace casi 40 años, era entonces un niño, ahora soy un adulto, y creo que he comprendido…al menos lo intento cada día. Es un trabajo que no tiene días libres o festivos, estudiar, investigar, entrenar, practicar, perfeccionar, cuestionar lo aprendido y entrenado hasta sentir que lo han hecho correctamente y aun así seguir entrenando como si todavía no lo dominases porque en el fondo nadie lo domina nunca, siempre estamos creciendo, evolucionando y debemos cuidar de no involucionar o dejar de crecer. Tengas el grado que tengas, lleves los años que lleves y tengas la experiencia vital que tengas, sigue porque no lo sabes todo y siempre hay algo a la vuelta de la esquina que puede matarte, no pienses así y vuélvete un conformista y sin darte cuenta estarás practicando un Budô arcaico y muerto de verdad. El Budô está vivo, tan vivo como lo esté nuestro espíritu de combate, de lucha, de supervivencia.

SGIAN DUBH EL CUCHILLO OCULTO ESCOCÉS

El Sgian-Dubh es un cuchillo de un único filo, en gaélico Sgian dicen significaba filo, se empalaba para cortar fruta, pan, queso y que posteriormente pasó a ser usado en otros menesteres cotidianos incluida la auto protección. De origen Escoses, forma parte de la indumentaria clásica o tradicional junto al kilt de los hombres de las Highlands. El nombre del cuchillo se ha llegado a traducir por “Ala Negra” aunque la forma clásica de escribirlo en gaélico hace referencia a una hoja de un único filo, lo curioso es que en gaélico una de sus lecturas seria negro u oscuro y otra menos conocida o aplicada oculto. Suele portarse en la media de la pierna correspondiente a la mano dominante. Su porte no es oculto, mostrándose por tradición la empuñadura del mismo de forma clara.

Por tradición las armas como los sables, el dirk era el clásico escocés por excelencia, eran depositados en la entrada de las casas (de que me suena a mi esta costumbre) eso hizo necesario disponer de recursos de protección en caso de celada o emboscada en situaciones aparentemente pacificas, tanto por agresiones dentro de la propia vivienda como por amenazas provenientes del exterior. Generalmente junto a este cuchillo que se portaba en la media de la pierna, se solía portar una daga de doble filo llamada mattucashlass en la axila. Esta combinación de ambas armas blancas permitía una eficiente protección.

Se dice que este cuchillo proviene del sgian-achlais, una daga de doble filo que se popularizó su uso entre los siglos XVII y XVIII y que se llevaba oculta en la axila (oxter) o en la manga de la chaqueta. Tenía una tamaño algo superior al sgian-dubh. La cortesía y etiqueta de la época exigían que al entrar en casa de un amigo las armas ocultas, pensadas para la protección personal, se mostrasen como signo de confianza y pasasen de sus emplazamientos ocultos a la media de la pierna, donde se dejaba el mango de las mismas bien visible sostenida con firmeza por las ligas. Este concepto de “hoja o cuchillo oscuro” viene de su necesidad de ser portado de forma oculta o clandestina. Hay quien cree que en parte se debe al uso de maderas como el roble, de aspecto oscuro, lo que pudo dar nombre a este cuchillo.

Se dice que otro de los posibles orígenes de este cuchillo venga del uso de un set o juego de cuchillos para la caza. Estos cuchillos tenían unas hojas de entre 23 a 25cm, existiendo un cuchillo más pequeño de 10cm de hoja. Todos ellos tenían de empuñadura de asta de cornamenta, como también los tenían los primeros sgian-dubh.

Su diseño es simple, una hoja entre los 7 y 9 cm con punta tipo lanza que aparentemente pudiera parecer una daga si no fuera por disponer solamente de un filo. Antiguamente la funda se realizaba en piel con apoyo o soportes de madera y adornada con algún elemento de orfebrería sutilmente tallado o grabado. El mango era funcional, aunque cuando el cuchillo pasó a ser mas una pieza ornamental de la tradición y su uso para la protección dejó de ser prioritario se empezó a decorar la empuñadura de forma mucho más ostentosa por ser la parte “visible” del arma en la media, ya que la funda permanecía oculta. Los motivos de los grabados eran generalmente heráldicos y también elementos geométricos. El acero usado en la antigüedad provenía de Escandinavia o Alemania y era muy apreciado por los hombres de las “Tierras Altas”.

Un dato curioso es su legalidad. En U.K. las armas blancas tienen muy mala fama y su uso está realmente muy restringido y en algunas zonas su tolerancia hacia las mismas es 0. Sin embargo la legislación inglesa, escocesa y galesa permite su porte con el traje típico escocés sin mayores problemas. Debe ser facturado como cualquier otra arma blanca en vuelos regulares y actualmente se prohíbe su porte en ciertas ceremonias a causa de la creciente inestabilidad terrorista que la vuelto muy sensible a las fuerzas del orden de U.K.

Hoy día se pueden ver replicas de calidad media – baja de este diseño para la ornamentación o coleccionismo pero también versiones de mayor calidad y con total capacidad operativa para ser usados en combate, protección o supervivencia personal por parte de marcas como Cold Steel con su “BraveHeart” o Magnum con su versión o United con la suya dentro de su gama M48.

INCLUSO EN ESTOS TIEMPOS….

El entrenamiento del más simple movimiento puede ser largo y dificultoso. Creemos dominarlo enseguida, pero es simplemente una ilusión, como bien dice el Sensei “cuando crees tenerlo, no lo tienes….” Por ello el trabajo constante es vital para afianzar, interiorizar, hacer nuestros los más simples y los mas complejos movimientos o conceptos e ideas. Muchas veces cuanto entreno armas blancas, un tema que para mí de cara a la calle tiene una importancia capital, mi trabajo en reiterativo en las bases, en los movimientos más simples. No doy por dominado y por conocido nunca nada, sino que cíclicamente vuelvo como si de un estudiante novel se tratase, a trabajar cada movimiento, principio o idea.

Nunca asumo que controlo los preceptos básicos que rigen un enfrentamiento en la calle o los protocolos de comportamiento y actuación para desenvolvernos en un entorno que considere hostil, en general todo entorno lo considero así, de ese modo mi zanshin siempre se mantiene activo y mi nivel de alerta (Cooper) es siempre amarillo. Siempre asumo que soy alguien que comete errores y como tal, debo prepararme para evitar en la medida de lo posible cometerlos y aprender de los que cometa procurando que no me mantén los mismos al cometerlos. Trabajo la extracción de mi herramienta o la adquisición de una herramienta  improvisada a la vez que evalúo el entorno, el escenario y las vías de escape, no quiero una pelea o confrontación. Me preparo para lo peor pero deseo que las cosas fluyan de la mejor manera posible. Estudio la amenaza y sus implicaciones (O.O.D.A.) y me preparo para luchar o huir.

Se da la circunstancia de que por una dolorosa lesión huir para mí no es una opción ahora mismo, eso me está enseñando de nuevo a planificar mis movimientos con mayor antelación, como en un juego de ajedrez, procuro anticiparme a los movimientos más obvios y a aquellos que pudieran pretender ser mas sorpresivos. Entreno dos horas al día lesionado o no. No hace falta que el entrenamiento sea de alta intensidad física, no es necesario sudar o machacar los músculos, sino volverme más consciente de mis limitaciones transitorias y utilizarlas a mi favor, como ventajas y no como inconvenientes. En cada ejercicio me planteo la optimización de los recursos y de las decisiones. En cada ataque o escenario me planteo un análisis instintivo del mismo y busco la respuesta más adecuada a mi situación personal. Sin duda si estoy en una situación de aparente inferioridad física por una reducción de la movilidad, velocidad, etc.… debo suplir esas posibles carencias con otros elementos que hagan que mi respuesta sea optima. Mantengo siempre la idea de que sea cual sea mi condición física o emocional, debo sobrevivir y ello puede implicar que quien atente contra mi integridad no sobreviva al conflicto por él mismo generado. Dicen “no pises la cola del tigre que duerme…” y es un dicho muy acertado, no provoques mi necesidad de supervivencia porque está supervivencia será, si es necesario, a costa de la tuya. Recuerdo ahora el film “Los hombres que caminaban sobre la cola del tigre” un film japonés de 1945* del maestro Akira Kurosawa. Si te gusta el cine de ninjas por así decirlo no dejas de visionarla dura apenas 58 minutos.

Ajenos a este pequeño apunte que acude a mi cabeza, lo cierto es que el entrenamiento jamás se detiene, lesionado, enfermo, joven o anciano, siempre sigues practicando. Cada percance o nueva situación en tu vida te ofrece la oportunidad única de practicar bajo unas condiciones también excepcionales y únicas que muchas veces no te habías planteado. Takamatsu Ô Sensei hablaba del Sankakujutsu, el entrenamiento con la mente incluso de técnicas físicas cuando estas postrado en cama o enfermo. Conozco casos de compañeros que han pasado por enfermedades graves que les dejaron muy debilitados pero siguieron entrenando y enseñando. Me vienen a la mente nombres como Frank Tortosa, Ubaldo Fernández Vega o Natascha Tomarkin. El propio entrenamiento genera en nosotros una energía especial que nos hace remontar la enfermedad, encarar la adversidad del momento y seguir adelante. Simplemente un día más, ya es un logro. Creo que a veces hablamos muy alegremente de guerreros y sólo pensamos en quienes son luchadores en el mejor y más optimo momento y circunstancias, perfectamente equipados y acondicionados. Sin embargo los guerreros surgen del infortunio, de la adversidad, crisol real del carácter del guerrero.

Inicié este post con la idea de citar o comentar ejemplos de la formación que personalmente sigo en el ámbito del trabajo de armas blancas cuando entreno por mi cuenta, pero mis actuales circunstancias me han hecho reflexionar a través del teclado del ordenador sobre temas algo más complejos y vitales. Creo que durante nuestra trayectoria superamos duros y difíciles momentos y siempre lo hacemos manteniéndonos en el camino, siguiendo los entrenamientos y manteniendo la formación de aquellos que han depositado en nosotros su confianza para crecer y evolucionar, para lograr sobrevivir. Perdidas familiares, reveses económicos, enfermedades y lesiones, etc.… lo cierto es que es este espíritu de “seguir adelante” de Ganbatte o Keep Going es lo que nos hace seguir la senda o el camino del guerrero. Lo haces principalmente por uno mismo y en segundo lugar por aquellos bajo su responsabilidad o tutoría. Sólo esperas que los estudiantes y alumnos sepan valorar tu sacrificio. Nos ocurre muchas veces, uno en ocasiones se dice así mismo “voy a mirar por mi salud porque si no miro yo, nadie más lo hará”. En esos casos, cuando se deja de impartir clases, surgen las criticas o los comentarios, los gestos con rostro de incomodidad o descontento, pero cuando uno acude cada día a impartir clase y la gente no acude a las clases por trabajo, compromisos, novia, esposa, estudios o cualquier otro tema, entonces no ponen mala cara y esperan que seas comprensivo y tolerante con “su” situación…cuando a veces desprecian tu sacrificio por ellos. Ingratitud es algo que un formador debe experimentar en muchas ocasiones, gratitud es algo que experimentamos rara vez. Son lecciones que uno aprende, lecciones dolorosas pero necesarias, por ello tenemos que hacer de cualquier situación adversa , un escenario de conocimiento y aprendizaje, un crisol donde seguir formándonos y formando a quienes confían en nosotros.

Como reza el título del post, tomado del título de una canción de Joaquín Sabina, incluso en estos tiempos, en estos momentos de dificultad o adversidad provocados por la lesión o la enfermedad debes seguir el camino del guerrero, entrenando y enseñando, siempre avanzando.

*En este film unos samurái deben cruzar territorio enemigo, territorio de otro señor feudal. Para ello se disfrazan de monjes. En un control, un samurái los interroga y pone a prueba intentando descubrir si son realmente monjes o guerreros. Siempre recuerdo este film porque además de técnicas de Henso jutsu (arte del disfraz) fue la primera vez que vi la invocación o más bien recitar el Kuji Kiri, tenía yo apenas 9 años cuando la visioné y me caló muy profundamente aquel film. Hoy día entiendo los motivos que en aquel tiempo me pasaron sutilmente desapercibidos.