¿TE CONTRATARÍAS COMO ESCOLTA PARA PROTEGERTE A TI MISMO?

He leído un texto muy interesante en su forma de plantear las cosas en las redes sociales y la verdad es que no puedo por menos que tomar la idea y emplearla en este post. Comencemos por decir que, si alguien viene a mi Dōjō a entrenar con el fin de pasar el tiempo, como hobby, para mantenerse en forma o hacer deporte, mejor que ni lo intente y desista de su empeño al menos en mi Dōjō. Si buscas matar tu tiempo libre o estás ocioso lee un buen libro, si buscas un hobby colecciona sellos, si quieres mantenerte en forma ve al gimnasio, hay múltiples actividades que pueden darte ese servicio. Si buscas hacer deporte, haz deporte no Budō. Siempre lo he dicho el Budō en una federación es un contrasentido, déjense de chorradas administrativas, una federación deportiva incentiva el deporte y la competición. El Budō no es deporte y no tiene competición por lo tanto la presencia del Budō en una federación sólo ayuda a engordar las arcas de la misma y aplaca las ansias de poder y “mangoneo” que algunos tienen, lo siento si soy directo, pero he estado en 3 federaciones y después de lo visto en todas ellas no concibo el Budō dentro de una. He visto a gente marcharse de una federación dando virtualmente un portazo o golpe de efecto y volver años después a la misma, no sé si los motivos para irse eran válidos o no, pero no más válidos o equivocados o falsos que los que puedan esgrimir para su regreso, pero en fin eso es otra historia…

Bien, una vez dejadas claras estas premisas iníciales los únicos dos motivos que veo válidos para practicar Budō son: El interés por el mismo o la necesidad racional de autoprotección y para proteger igualmente a terceras personas. Entonces, leyendo hace muy poco en las redes sociales un texto, el autor planteaba las cosas en los siguientes términos: “si yo fuera un personaje necesitado de protección y fuera a contratar a un escolta o guardaespaldas, ¿me contrataría a mí mismo dado el caso? Es decir, ¿contrataría a alguien con mi CV para protegerme o proteger a las personas que me importan?”

 Aquí está la cuestión planteada de una forma genial. ¿Tengo las habilidades necesarias para proteger y protegerme? ¿Tengo la formación, experiencia y tiempo de entrenamientos adecuados para ejercer labores de protección? ¿Practico y conozco todo lo necesario para poder ofrecer a otros una protección adecuada a la vez que me protejo yo mismo? Preguntas interesantes que merecen un poco más de atención. Para comenzar, una idea que siempre les comento a mis alumnos, en especial a los que laboralmente ejercen funciones de protección ya sea uniformados o como escoltas, lo esencial es que yo no caiga, pues si caigo yo irremediablemente caerá aquellos a quien protejo. Si yo no caigo, aquellos que protejo estarán a salvo o tendrán al menos una oportunidad en mis habilidades, formación y experiencia para sobrevivir.

Dicho esto, uno puede plantearse muchas preguntas. Una con la que no estoy conforme a nivel personal, no a nivel profesional, es el estado de forma. Un profesional ha de estar en el mejor estado de forma posible ya que se le paga para ello y gracias a ese estado de forma óptimo sus habilidades y capacidades rendirán de manera eficiente. Pero nosotros los civiles no tenemos esa posibilidad. Quiero decir que nos toca vivir con el estado de forma y salud que tengamos según nuestra edad y salud. Debemos esforzarnos porque sea el mejor posible dentro de nuestras posibilidades, pero si tienes una enfermedad o dolencia crónica o una lesión permanente e incluso algún tipo de impedimento físico del tipo que sea, tales hándicaps no deben mermar tu potencial para auto protegerte o proteger a otros. Para ello seguramente tendrás que ir más lejos y ser más radical y expeditivo que los profesionales, porque estás más limitado físicamente. Por ello es esencial el estado psicológico, un estado que nos permita afrontar sin limitaciones éticas o morales lo que sea necesario hacer para sobrevivir.

Bueno, una vez definido a nivel civil que mi estado y entrenamiento psicológico es vital o esencial, lo siguiente es aprender que el conocimiento y la información son el poder. Debemos aprender a ver, pero sobre todo a observar. Debemos aumentar nuestras habilidades y capacidades para detectar, escanear y distinguir todo lo que potencialmente nos rodea y supone una información valiosa para nuestro objetivo: sobrevivir. Aquí el conocimiento de temas como el ciclo O.O.D.A de Boyd o la escala de colores de Copper son importantes. Dominar un estado pleno de consciencia situacional es vital para ser plenamente consciente del aquí y ahora.

Debemos pensar si sabemos o conocemos bien no sólo nuestro Budō sino aquellos estilos, métodos o artes que pudieran ser usadas para hacer daño de una u otra forma. Como cita El Arte de la Guerra: “quien se conoce a sí mismo y conoce a su enemigo ni en 100 batallas será derrotado”. Pero si no conoces a tu enemigo probablemente perderás la batalla y si tampoco te conoces a ti mismo adecuadamente, a buen seguro también perderás la batalla. En un caso porque la falta de información de quien atenta contra ti te hace actuar a ciegas, y a ciegas no se ganan las batallas. Si no te conoces a ti mismo, tus limitaciones, miedos, dudas, seguramente caerás víctima de las mismas o tu enemigo se percatará de las mismas o las averiguará para usarlas en tu contra. Saber pegar un puñetazo o una patada no garantiza nada en esta vida, saber cuándo debes golpear, cómo debes hacerlo, dónde debes hacerlo, por qué debes hacerlo sí te pueden salvar la vida.

Uno debe plantearse si sabe usar armas. Si sabe usarlas adecuadamente, si las porta, cómo las porta, si las puede crear, camuflar, sustraer, pero sobretodo emplear contra otro ser humano. Debemos conocer no sólo las armas que engloba nuestro Budō sino toda arma que use o pudiera usar nuestro potencial agresor. Es importante no obsesionarse con ser un experto en una, sino conocer el mayor número de ellas y con unos niveles mínimos de eficiencia. Algunos creen que, si dominas una será suficiente para enfrentarte a cualquier situación, no es así aunque esa arma sea de fuego, no será así tenlo por seguro. Siempre les digo a mis alumnos que si dan con un presunto experto en cuchillo o armas blancas le pidan que les muestre su IFAK: si no sabe de lo que estás hablando o no lo lleva con él, no es un experto, sólo un aficionado más o menos hábil y bocazas.  

Debes tener interés y curiosidad por todos los temas por intrascendentes que te puedan parecer, nunca sabes qué información va a serte útil un día. La insaciable sed de conocimientos es lo que distingue a los profesionales serios y responsables de los “presuntos expertos” y los amateurs.

Este es un vistazo rápido, superficial, a algunos aspectos que si contratase a un escolta le solicitaría que tuviera para creer que de verdad puede realizar la tarea encomendada. Ahora piensa en si te contratarías a ti mismo para protegerte, con sinceridad, piénsalo y medita.