FRACASO

Cuando uno adquiere o acepta las responsabilidades de formador, contrae con el Sensei y con los propios estudiantes y alumnos del Dôjô un compromiso y una obligación. Por ello, porque me tomo ese compromiso y obligación de manera muy seria suelo ser bastante distante y frío, casi indiferente ante aquellos que fracasan en la actividad. Cuando llegan por vez primera hasta nuestra puerta personas interesadas por nuestro Budô, siempre les recalco una y otra vez “por favor no me hagan perder el tiempo ni pierdan su tiempo inútilmente, tal vez su tiempo no sea valioso, pero el mío lo es y mucho”. Creo que es algo esencial, básico que las personas tengan claras sus prioridades y que sepan ubicar la formación en el Dôjô adecuadamente en sus vidas y la valoren en su justa medida.

Cuando alguien ingresa en el Dôjô se le asigna un tutor, una persona con un grado pero sobretodo con una amplia experiencia ya dentro de nuestro Budô. Esta persona controlará y guiará los primeros pasos del nuevo estudiante dentro de nuestro Dôjô. Así mismo en cada clase un alumno cederá su tiempo de entrenamiento para ayudar y asistir al recién llegado para facilitarle la incorporación a la actividad. Todo el grupo bajará su ritmo de entrenamiento e incluso se harán clases “básicas” para que esa incorporación sea lo menos traumática posible, dentro de un orden. Por ello se les insiste mucho en el concepto de “no perder y no hacer perder el tiempo”. Aunque lo repitas una y otra vez la gente llega, se interesa por la actividad e inviertes tiempo en informarles de forma precisa, amplia y detallada. Algunos deciden iniciarse, inscribirse en el Dôjô y aun así sigo repitiendo el mismo “mantra” sobre la “pérdida del tiempo por ambas partes”. Todavía los hay que entrenan un tiempo una semana, tal vez un mes y si hay suerte dos o tres meses antes de que comiencen a dejar de asistir progresivamente a las clases. Primero a una que otra pero rápidamente se van encadenando las ausencias hasta que se hacen meses. Con suerte, que no es lo habitual, aparecerá un día para despedirse, por motivos muchas veces ni tan siquiera muy claros, todo en el fondo escusas y vaguedades. En el peor de los casos desaparecerán sin decir ni adiós. En cualquier caso han fracasado. Llegaron con una idea errónea de raíz y no supieron escuchar ni quisieron entender lo que este Budô pide y necesita de uno. Aprender un Budô como el nuestro requiere dedicación, compromiso, constancia, disciplina…. muchos valores que a estas personas les quedaban muy grandes y muy lejanos. Fracasaron. Pero aun hay quien se niega a aceptar el fracaso personal y arremete contra el formador, los compañeros, las instalaciones o la propia actividad. Generalmente dejo que pataleen como niños pequeños hasta que la rabieta infantil se les pasa. A veces me apetece darles como a los críos un azote por pesados, pero te resignas y sigues tu camino.

De vez en cuando hago balance y una profunda auto critica sobre estas personas que vienen y van del Dôjô y que apenas dejan recuerdo. Los hay que ni recuerdo sus caras, nombres y en que fechas estuvieron formándose conmigo, son seres anodinos que no dejaron impronta alguna en mi o en mi grupo (Dôjô). A veces si los recuerdas porque tenían “madera” o “potencial” y tuvieron que abandonar por motivos de fuerza mayor, aunque estos no son muy frecuentes, siendo lo normal el fracaso y huida el “modus” o método de actuación de estas personas. Algunos son invitados a abandonar el Dôjô, porque su comportamiento no ha sido el adecuado, en estos casos si es cierto que la pataleta de dichas personas dura más en el tiempo pero si algo tengo claro es que fracasaron y además lo hicieron por la vía de mayor desprestigio. Pero aun con todo valoro y hago balance para intentar ver o entender en que pude fallar como formador, el Budô intrínsecamente no falla, quienes fallamos somos los seres humanos, ya sea el formador, el grupo o el nuevo estudiante. Soy excesivamente autocritico según mi hermano Kim y es muy posible que sea cierto y que una parte de las culpas y errores de esos fracasos me los cargue “a las espaldas” yo mismo, cuando en verdad ese peso les corresponde a quienes fracasaron. Tal vez todavía creo que las personas tienen solución, remedio, aunque desde un tiempo a esta parte he dejado de creer en las “segundas oportunidades”.

Procuro hablar de fracaso, no de fracasados, porque el termino es mucho más duro, personalizar siempre lo es. Mitigo o suavizo los términos en mis post, menciono pecados pero nunca pecadores y aun así siempre hay algún “iluminado” que se ve reflejado o ve reflejado a alguien cercano, en fin… será porque tengo razón, porque si no, no tiene sentido que puedan sentirse molestos u ofendidos. Este texto es una reflexión sobre quienes se van, fracasan en su intento de formarse en nuestro Budô, no entro ya en aquellos que pican a la puerta buscando apoyo, cobertura, grado, respaldo, etc.…. Y que como abejas, van de flor en flor, de formador en formador buscando mercenariamente su beneficio, de eso no me apetece hablar no merecen ni tan siquiera mi desprecio.

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