LA FUERZA DEL CONOCIMIENTO

Mi hermano Dani Esteban publicaba recientemente un interesante post sobre la autentica eficacia de las AA.MM. El texto, escrito primigeniamente por un practicante / instructor de BJJ y competidor de MMA (Vaya cantidad de siglas, por Dios….) centraba sus reflexiones en el mundo de la competición, o al menos personalmente llegué a la conclusión de que así era. Se basaba en su experiencia personal, y el texto en su conjunto me pareció interesante aunque discrepe de él en ciertos aspectos. No voy a generar una réplica con este post, pero como el tema del que hablaré está fresco en la mente de muchos, seguro que las conexiones se harán en la cabeza de más de uno y prefiero curarme en salud comentándolo ahora.

No creo en la fuerza, es algo que he descubierto por las “malas” a lo largo de mi vida. Los fuertes mueren, metafóricamente pero también en la realidad, más fácilmente de lo que uno pudiera pensar o llegar a creer. Es evidente que en la juventud, la fuerza es algo vital y se usa como un elemento de poder y supremacía sobre otros. En el fondo los procesos de acoso escolar, tan de moda en la actualidad pero que en mi época ya existían aunque los educadores y padres lo definían, no como Bullying (anglicismo asqueroso pero que mediáticamente es muy eficaz de cara a las audiencias) sino como “cosas de críos”. Bien esas “cosas de críos” han costado los estudios a más de un chico o chica de este país en la década de los 60, 70, 80 o 90, los estudios, la salud y en muchos casos un trauma de por vida. Lo curioso es que en mi época esa actitud de fuerza la tenían ciertos torturadores, perdón…quería decir profesores (un recuerdo para el profesor / torturador J.L.P. de los Maristas de Oviedo). Todo ese entramado de violencia se basaba en la fuerza, esa cultura nos ha sido inculcada a muchas generaciones. Las actuales generaciones siguen viviendo esa cultura pero a la inversa, los violentos ahora son cada vez más jóvenes y su violencia tiene menos base o razón, si alguna vez la tuvo, que la violencia de antaño (sólo ver el triste y lamentable incidente en Gijón que aun está latente). Tuve una alumna hacia 2002 de poco mas de 16 años que acepté en mi Dôjô por ser hermana de un alumno mío y por tranquilizar a su madre, pues tres “compañeras” de clase se dedicaban sistemáticamente a darle palizas día sí y otro también…menciono este ejemplo lamentable por no retrotraerme a mi época colegial personal.

La fuerza y la violencia van de la mano excesivas veces. Los padres les dicen a sus hijos de críos que no se dejen pegar, que se defiendan y devuelvan el golpe, en el mejor de los casos. Digo en el “mejor” de los casos porque quien le dice a su hijo que no se defienda o devuelva el golpe está sembrando la pasividad y el sometimiento en su hijo, y como decía Gandhi “Cuando sólo se puede elegir entre cobardía y violencia, tengo que aconsejar la violencia”. Creo que el papel del Budô como pedagogía formativa del control, de un control racional de la violencia y por extensión de la fuerza es algo que mucha gente ni aprecia ni valora adecuadamente. Si algo me enseñó un libro de Sensei y un diccionario de Ingles – español siendo un crio de 12 años fue “no es cobarde saber distinguir las peleas que puedes luchar y las que no, pues si no puedes ganar (sobrevivir) a una pelea, para que luchar, por ego, hombría mal entendida, para que las chicas vean que no eres un niño, cuando realmente lo eres… no, aprende que el fuerte tiene una ventaja enorme, su fuerza, tu otra que él desconoce, tu inteligencia y corazón”.

La fuerza es algo que las drogas, la enfermedad, la lesión o la edad debilitan o hacen que desaparezca casi por completo. Sin embargo el conocimiento es atemporal y no le afectan estas cosas, el conocimiento crece y te hace fuerte sin el uso o necesidad de la fuerza. La primera vez, de cientos, que leí “El arte de la guerra” y el “Gorin no Shô” tenía 14 años y no entendí apenas nada, hoy día sigo leyéndolo y he ido creciendo y madurando con sus enseñanzas. Ahora entiendo algo mas, no mucho, pero me hace ver que el camino es largo, eterno y que debo caminarlo sin pensar en la fuerza física, sino como mucho en la fortaleza mental y espiritual. Un hombre fuerte cae tan rápido y fácilmente como uno débil si el conocimiento es el adecuado y se usa de forma correcta y sabiamente.

Un tipo de 120kg y 180cm sobre una mujer de 50kg y 160cm intentando forzarla, es violada si o si, en caso de que sólo reinase el poder de la fuerza, masa y envergadura… pero no es así, la mujer puede acabar con el agresor con inteligencia y conocimiento, con templanza y capacidad para disociarse del momento de violencia extrema que vive, buscando la respuesta que aunque pueda ser brutal, no será fruto de la fuerza burda y simple sino de la fuerza empleada a través del conocimiento y la experiencia adquiridas. Claro que para entender que la fuerza no es el poder (cada vez que escribo “fuerza” estoy pensando en algún “Padawan” de pacotilla que va a confundir las cosas… en fin….) hay que entender que ninguna lucha en la vida real es justa y equilibrada, proporcional y que sobrevivir implica luchar sucio y luchar duro por nuestra integridad física y psicológica. Yo nunca me he subido a un ring, no he practicado deportes de contacto ni artes marciales competitivas, con todos mis respetos eso son juegos deportivos, que ante un cuchillo o navaja manejados con cierta soltura por quien te agrede te llevarán con suerte al hospital y con aciaga fortuna, al cementerio. Las reglas, normas, pesos, etc.… son obstáculos para la calle donde sólo hay una regla, llegar vivo a casa. Puedo decir que tengo un amigo presidente de una federación de deportes de contacto, cuando le he visto formar en seminarios a agentes del orden o público civil en general, no le he visto emplear los deportes de contacto, sino otras herramientas distintas, porque él sabe, por ser un profesional muy experimentado que deporte es una cosa y la calle otra.

Un día tengo un problema (ficción) con un experto en, pongamos, boxeo, y sus puños me pueden reventar en cuestión de segundos. Sin embargo no tengo miedo a esa opción, básicamente porque yo no genero conflictos y porque si me intentan implicar en uno desaparezco y en el improbable caso de que finalmente tenga que responder a la agresión no usaré lo que él domina, usaré todo lo que él desconoce y en aquellas áreas que él no está acostumbrado a proteger porque lo hace el reglamento y el árbitro en el ring. Lucharé sucio y brutalmente para sobrevivir porque ni he generado y he buscado el conflicto pero he aprendido dos cosas básicas que enseño en mi Dôjô “no genero conflictos… pero los resuelvo si me implican en ellos, no empiezo pelea alguna, pero las concluyo sin duda alguna a mi favor”. He aprendido que una pelea por terminar, es una historia sin final, alguien buscará el final y nunca sabrás ni cuando, ni donde ni como, así que es mejor que seas tú quien escriba el final, controlando el final puedes decidir el mismo de la forma más adecuada. Mi fuerza es mi conocimiento y mi capacidad para lidiar con lo que surja, improvisando, adaptándome y sobreviviendo, no creo en vencer o perder, sino en quien vive o sobrevive y quien sale mal parado o muerto.

El verano pasado tuve durante un corto periodo, aprovechando sus vacaciones estivales, a una chica que venía de los deportes de contacto, sólo una clase y todos sus esquemas se fueron por el desagüe. Comentaba varias malas experiencias que había tenido en la calle. Si me comentas una mala experiencia pienso “mala suerte”, me comentas dos y pienso “que desgracia” si me comentas 3 o más pienso “qué puñetas estás haciendo mal, que haces para provocar verte envuelta en esas situaciones” Ahí algo falla y ese algo eres tú. Tu actitud, mentalidad y táctica son una mierda y te llevarán más pronto que tarde a un aciago desenlace. Es como cuando alguien que trabaja en seguridad privada te cuenta 200 incidentes en los que se ha visto envuelto, no pienso en lo duro que es, en su experiencia, no, pienso en lo mal profesional que es que sus experiencias previas no le han servido para aprender y no cometer los mismos errores y evitar nuevas situaciones comprometidas. Un buen profesional aprende de sus malas experiencias y no repite en la medida de lo posible las mismas. Por ello les digo a mis alumnos que huyan como de la peste de quien presuma de 200 enfrentamientos como carta de presentación porque esa persona es un chapucero y un mal profesional sea cual sea su trabajo, formador, agente del orden etc.… No suelo comentar mis “batallitas” de abuelo cebolleta, salvo si creo que pueden servir a mis alumnos para que aprendan de mis errores. Ni las canto o mejor dicho cacareo a los cuatro vientos. No tengo complejo de “gorila” golpeándose el pecho a modo de tambor utilizando esas 200 experiencias como reclamo ni como aval de su supuesta profesionalidad.

No podemos vivir en función de la fuerza/violencia sino en función de la fuerza/conocimiento, son dos visiones de algo que existe y es necesario ver que son muy distintas, similar al In/Yo. A lo largo de este post he intentado mostrar cual es el camino verdadero de la fuerza y cuál es el camino equivocado de la misma….. pero sólo tú puedes realmente decidir cuál es el tuyo y después aceptar las consecuencias de tu decisión.

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