FUERA DE LA VISTA, FUERA DE LA MENTE

El otro día Doug Marcaida comenzaba una charla con estas palabras: “fuera de la vista, fuera de la mente”. La verdad es que este dicho es más interesante de lo que parece. Hace referencia a como nuestro cerebro basa una parte de su memoria en la información visual. Por lo general solemos colocar aquello de lo que no queremos olvidarnos, poniéndolo muy “a la vista”. No es la primera vez que quedo en acercarle a un alumno algo al Dôjô y se me olvida. El motivo del olvido es en parte que aquello que pretendía llevarle no estaba presente, a la vista, la mayor parte del tiempo, con lo que la mente llega a ignorar su existencia. Para evitarlo tendemos a poner en un lugar muy evidente, obvio y visible aquello que pretendemos que no se nos olvide al salir de casa. Eso ocurre con mucha frecuencia con las llaves del domicilio o del coche por poner ejemplos de los mas mundanos.

El proceso del cerebro es muy curioso, si no ve regularmente algo, llega a terminar olvidándose de ese objeto (es algo que también pasa con las personas, lamentablemente). Como ya he comentado es algo que sucede con mucha frecuencia en la vida cotidiana pero que también nos afecta a nivel de nuestra supervivencia ante una agresión en la calle. Uno de los motivos de trabajar con cuchillos de aluminio lo más parecidos posibles a los reales e incluso con cuchillos reales debidamente modificados en filo y punta para evitar accidentes innecesarios en los entrenamientos, es acostumbrar a la vista y con ello al cerebro, a ver este tipo de herramientas en manos de un potencial agresor. De este modo el cerebro no tiende a ignorar o “no ver” el cuchillo sino que más bien lo detecta de una forma rápida y casi instintiva. Si no trabajamos con un determinado objeto como arma, llegamos a no verlo mentalmente en nuestro entorno y por lo tanto pasa desapercibido para nosotros aun teniéndolo al lado.

De igual modo si no vemos o tenemos a la vista un potencial peligro, un agresor en este caso, el cerebro llega a generar una falsa ilusión de seguridad, de que no hay peligro, simplemente porque al no estar a la vista de una manera obvia, el cerebro tiende a olvidarse de su “potencial presencia”. Por ello es tan importante asumir sin ver, sin necesitar confirmación visual, que el potencial peligro está ahí para adoptar ciertas medidas preventivas, ciertos protocolos y pautas vitales o esenciales.

Hay un proceso llamado las “fases del duelo” que sufrimos ante la pérdida de un ser querido o ante una noticia de profundo calado emocional. Hay cinco fases en este proceso, la primera fase es la negación. Por sistema nos negamos a aceptar la perdida y nos revelamos contra todo y contra todos los que pretendan recordarnos que dicha perdida es una realidad. Algo ocurre de forma similar con las agresiones, si no las hemos sufrido tendemos a negarlas, a decirnos a mostros mismos que no nos pasará a nosotros que esas cosas les pasa sólo a los demás, que la paranoia y el alarmismo es un sistema de venta o marketing pensado para llenar los gimnasios, etc.… negar la realidad no la hace desaparecer, salvo de tu mente. La realidad está ahí y te golpeará fuertemente la quieras negar, ignorar o no, así que mejor no negarla, aceptarla aun sin verla, porque ten por seguro que está ahí. A modo de ejemplo siempre digo que “la mano que no veo, asumo que está armada, si lo está, estaré preparado, sino, mejor para mí y seguiré alerta”. Cuando no veo una mano de un individuo asumo, si o si, que está armada, de ese modo elimino el factor sorpresa de la ecuación pues mi mente y cuerpo se preparan para un eventual ataque con dicha mano. En caso de no estar armada, nada pasa, he conseguido que mi Znashin o nivel de alerta (escala de colores de Cooper) se mantenga en un saludable amarillo – naranja. No necesito “ver” la mano armada para asumir que lo está, no me perjudica en nada asumir el peor de los escenarios porque me prepara para afrontarlo de forma eficiente. Si me perjudica negar o ignorar que no estoy viendo la mano al individuo que se me aproxima y que esa circunstancia no tiene mayor relevancia. Piensa lo peor deseando siempre lo mejor, es una buena consigna, pero siempre prepárate y plantéate el peor escenario y cada circunstancia que esté a tu favor, agradécela, pero sigue pensando en el peor escenario, eso te mantendrá alerta y con la actitud combativa necesaria para sobrevivir.

Este concepto de “hacerse invisible a la mente” podemos relacionarlo con textos de este blog sobre el punto, ángulo o zona ciega o muerta o sobre el concepto de ver y observar, puedes leerlos, no estaría de más, es una lectura que te recomiendo. En nuestra vida cotidiana tendemos a olvidarnos de aquello que no tenemos a la vista, presente de forma permanente, y es algo que el cerebro hace de forma mecánica para descansar de un exceso de información. El cerebro decide que si no recibe información sobre algo, es porque no está a la vista y por lo tanto no es necesario mantener ese “algo” activo en la mente, no es una prioridad. Lo que ocurre es que el enemigo, agresor o terrorista no está visible la mayor parte del tiempo, intenta ocultarse o pasar desapercibido, intenta hacerse “invisible” a los ojos de sus potenciales víctimas. Tanto es así que llegamos a olvidar que están ahí. Que no veas algo no quiere decir que no esté ahí sólo que escapa de tu campo visual o de tu percepción visual. Entrenamos agresiones sorpresa justamente porque en la mayoría de las ocasiones el agresor no vendrá desde 10, 12 metros o mas gritando como un poseído, machete en mano, blandiéndolo cual espada y profiriendo cualquier tipo de consigna a pleno pulmón. Caray, ya me gustaría que todas las agresiones fueran así… morirían muchos menos inocentes y visitarían el cementerio muchos más desgraciados. Sin embargo el agresor salvo problema mental, no es idiota, imbécil si pero idiota no, y buscará siempre el mejor y más optimo de los momentos para agredirnos. Eso pasa por tener clara la agresión, disponer de la “herramienta” (el arma), mantenerse él y su herramienta fuera del campo visual o de pasar desapercibidos para la potencial víctima u objetivo. Decidir la vía de ataque y la vía de huida, etc.… así es muy difícil salir con bien de una agresión… no hay derecho, van a cazar, a pillar desprevenidos, no es justo…pero así es la vida real.

Fuera de la vista, fuera de la mente es un pequeño mantra que poder recitar a diario en los entrenamientos y un concepto o principio de aplicación y actuación muy útil, vital diría yo, para sobrevivir a una agresión. Este concepto así como otros muchos deben ser recalcados clase a clase, entrenamiento e entrenamiento, en una sutil forma de PNL que implica para el instructor hablar al estudiante, comunicarse con él, repetirle, reiterarle y machacarle estas consignas para que terminen siendo un patrón natural para el alumno su aplicación. Hay zoquetes que menosprecian y ridiculizan el hablar dentro del entrenamiento, lógico no tienen neuronas ni formación más que como simios para imitar a sus formadores aunque los mismos sean otros simios. Es un circulo vicioso de falta de calidad y comunicación que los zoquetes interpretan en sus atrofiados cerebros como “bla, bla, bla,….” Y no se dan cuenta que cuando ellos hablan a causa del aborregamiento que arrastran sólo les sale decir “bee, bee, beee…”

Nuestro Budô es plenamente eficiente y aunque intrínsecamente es cierta la aseveración anterior, nosotros los seres humanos no lo somos y por lo tanto de nosotros saldrá el error o el acierto a la hora de interpretar las señales que nos alerten o mantengan en un estado Zanshin y que nos permita un nivel de respuesta mínimamente aceptable. Somos nosotros quienes hacemos realmente efectivo cualquier Budô, cualquier movimiento o acción.

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