AGRESIONES CON CUCHILLO: UNA AMPLIA REVISIÓN (I)

Todos estaremos de acuerdo en que para adoptar métodos realistas de supervivencia contra ataques con cuchillo, primero debemos entender cómo un agresor es más probable que use dicha arma. Pero, ¿cómo conseguimos esa comprensión? La verdad es que la mayoría dependemos de otras personas (los ‘expertos’) para darnos las respuestas. El problema es que la industria de las Artes Marciales / Autodefensa está plagada de conceptos erróneos y falacias, de humo y fuegos de artificio, de certificados y diplomas y de charlatanes de feria con mucho marketing a sus espaldas, eso sí.

Quería hacer entender al publico la dinámica de los ataques con cuchillos reales y quería que esa comprensión se basara en pruebas. Afortunadamente, en los últimos años los videos en plataformas como youtube y las grabaciones con teléfonos móviles nos han proporcionado abundancia de ejemplos de la vida real de los que podemos aprender. Los datos estaban disponibles para cualquier persona que estuviera dispuesta a llevar a cabo el análisis, algo tedioso sin duda y que tal vez por ello no se habían molestado en hacer.

Este texto está estructurado en dos partes:

La Parte 1 presenta los puntos claves del análisis de más de 150 ataques de cuchillos grabados en video.

La Parte 2 aborda cuestiones de debate común, tales como consciencia de la agresión, la actitud de evasión o huida,  el uso de armas (incluidas las armas improvisadas) en el contexto de los ataques con cuchillo, etc.….

Comencemos con una introducción al tema para entrar de forma lógica y gradual en materia…..

ATAQUES DE CUCHILLO: FANTASÍA Y REALIDAD

La defensa contra los ataques con cuchillo sigue siendo una de las partes más polémicas de las Artes Marciales y la Autodefensa basada en la Realidad (Reality Based Self Defense en ingles o RBSD) personalmente yo prefiero el termino supervivencia ante agresiones con arma blanca en escenarios urbanos. La razón de esto, en mi opinión, es que muy pocas personas realmente tienen una experiencia amplia de este tipo de violencia. Y entre los que tienen esa experiencia, hay aún menos interés, a veces, realmente ​​en hablar de ello. Así con todo, tal vez tengamos con suerte la posibilidad de contar con la experiencia real de quien se ha visto en una circunstancia así alguna vez en su vida (entiendo que quien se ve en esas circunstancias cada día, quien tiene una experiencia vital muy amplia en este área es por motivos algo dudosos u oscuros o por pertenecer a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado). Hay quien piensa que los únicos capacitados realmente para una formación real son aquellos que citaba anteriormente, gente con una muy amplia experiencia en ese tipo de agresiones, pero por experiencia propia sé que quien ha visto las orejas al lobo, no habla de esos temas salvo en la intimidad de su Dôjô. Hay quien cree que sobrevivir a dos agresiones con arma blanca no te hace experto, pero lo cierto es que dos son ya muchas más que para el 95% de la población que no debería verse en una circunstancia así nunca en su vida. Hago hincapié en este tema porque en la industria de las Artes Marciales / Autodefensa, desafortunadamente, con demasiada frecuencia oímos “auto proclamaciones” donde el orador espera que le creas basándose únicamente en su pedigrí (a menudo imposible de verificar o lleno de títulos de dudosa solvencia). En otras palabras, “Confía en mí, ¡yo soy el experto!” Lo que realmente falta es que la enseñanza esté apoyada o cimentada en un estudio exhaustivo, analítico y bien realizado. Hechos y estadísticas. Eso es lo que siempre recalco, la calidad de la formación viene dada por la información objetiva y la estadística como herramientas para tener una visión más real de la “verdad” de la calle. Luego una formación de calidad viene dada por muchas horas de trabajo, dolor, sudor, lagrimas y algo de sangre, por bajar muy cerquita de los infiernos para “aprender del calor que allí hace”.

PARTE 1

ATAQUES DE CUCHILLO: UN ESTUDIO ANALÍTICO

Los datos con los que voy a afrontar este texto pertenecen a un estudio y se han recopilado y compilado a partir de más de 150 incidentes de cuchillo captados por cámaras de vigilancia y teléfonos móviles. Todos los videos del estudio están disponible (al menos en el momento en que se hizo dicho estudio) en youtube. Esta es una buena herramienta para recabar información, analizar conductas y comportamientos, patrones y protocolos de agresión, pero en ningún caso es una herramienta válida para la formación técnica, nada puede sustituir la formación con el instructor, aunque algunos zoquetes se empeñen en lo contrario…. Empecemos:

El 71,1% de los ataques con cuchillos se realizan sobre individuos desarmados y durante la agresión, el agresor hace uso de su mano desarmada ya sea para proteger u ocultar su arma como para retener, agarrar o empujar cuando no golpear a su objetivo (no me gusta utilizar el término víctima, porque enseguida se fija en el subconsciente de la gente que quien recibe la agresión es “la víctima” y en poco tiempo realmente se termina actuando como tal… aun así usaré el termino en ocasiones para que la lectura del texto no resulte monótona). El dato inicial es obvio pero doloroso, los agresores procuran no atacar a quienes no consideran víctimas, a quienes van armados o intuyen que pudieran estarlo o que pudieran presentar batalla, ponerles difícil sus objetivos. Por ello es tan importante el aspecto psicológico, una actitud adecuada trasmite una sensación concreta que los agresores saben captar o leer en nosotros y les hace desistir en muchos casos.

El hecho de que durante un ataque de cuchillo, los agresores suelen usar su mano libre, manteniendo el cuchillo cerca de su cuerpo, fue señalado por primera vez en 1988 por Don Pentecost en su polémico libro “Put’em down, take’em out!” sobre el uso de las armas blancas y su forma de utilizarlas dentro de la penitenciaria de Folsom. En la década de los ochenta, Pentecost destrozó de manera simple y brutal una serie de mitos populares e ideas preconcebidas sobre el uso del cuchillo en situaciones de la vida real. Los agresores comúnmente (71.1%) emplean de forma activa su mano vacía, protegiendo eficazmente el cuchillo, evitando exponerlo innecesariamente. Como también claramente indicó Pentecost, la mano vacía no es una mano muerta, “paralizada”, los agresores la usan para atacar o, más comúnmente, para agarrar a su objetivo. De hecho, cuando los agresores emplean su mano libre, el 80% del tiempo lo harán para agarrar, retener, empujar o sujetar a su objetivo.

Este uso de la mano vacía cambia mucho la dinámica de la lucha. Particularmente porque tu primera reacción, como agredido, estará condicionada por el movimiento de la mano vacía del agresor. Pero la lección principal es que la mayor parte de lo que se enseña en las artes marciales y la industria RBSD se centra erróneamente en el concepto de “el atacante lleva el cuchillo, no agarra, no golpea con su mano libre, no empuja, retiene o no ejerce acción alguna que no sea el “simple” ataque con el arma blanca”, esto no se aplica a la gran mayoría (+70%) de los casos de la vida real cuando de agresiones con armas blanca se trata.

La mayoría de los ataques con cuchillo son emboscadas, no duelos. Por las mismas razones, los malos usarán un multiplicador de fuerza como puede ser un cuchillo. No quieren una pelea justa sino una presa y una lucha fácil: harán un ataque sorpresa desde una posición “oculta” y con intenciones “ocultas”. Probablemente no lo veas venir. El concepto de “multiplicador de fuerza” se usa mucho en EE.UU. para etiquetar aquellos elementos que potencian la eficacia o fuerza letal de un individuo, en Europa ese término no es tan popular pero no por ello carece de validez.

Las agresiones son sorpresivas, no se anuncian o avisan generalmente, En su lugar, se mantiene el arma escondida hasta que es útil su uso. En muchas agresiones el arma blanca no es un elemento de intimidación, amenaza o coacción, sino simple y llanamente una herramienta de eliminación. Se suele decir que quien amenaza no tiene intención de matar y por lo tanto se tiene más opciones de sobrevivir a la situación.

“Las víctimas que sobrevivieron a una confrontación violenta contra un asaltante que portaba un cuchillo informaron sistemáticamente que fueron completamente ignorantes / inconscientes de la existencia del arma hasta después de que haber sufrido heridas cortantes. En esencia, estos supervivientes de ataques con armas afiladas afirman que creían que estaban involucrados en algún tipo de pelea a mano desnuda; Sólo después, después de sufrir lesiones, se dieron cuenta de que el agresor estaba armado”.

En el 80% de los casos que se analizaron, el cuchillo se mantiene oculto hasta el último momento. Los agresores tratarán de distraer a su objetivo y esperaran una buena ventana de oportunidad para atacar y no dudaran en atacar a su presa desde atrás. Las situaciones con múltiples atacantes parecen menos comunes con sólo el 11,4% de los incidentes que se analizaron. Generalmente, la persona en el momento de la agresión está distraída, acorralada y el ataque es lanzado de cerca. El 70,6% de los ataques con cuchillo se lanzan a menos de 3 pies del objetivo, esto equivale a algo menos de un metro. Muchas conclusiones, principios y fundamentos vienen de la bibliografía existente (no solamente libros, sino estudios, informes, artículos, etc.), casi todo ella procedente del otro lado del charco. Por ello respeto la terminología que ellos han popularizado pero también he de hacer comprensible los datos para el lector que utiliza el Sistema Métrico Decimal, por ello procuraré dar los valores aproximados de todas las mediadas que se comente e Los cuchillos son armas de corto alcance, por lo que no es una sorpresa que el 70,6% de los ataques con cuchillo comiencen en el rango llamado o denominado de interpelación o de conversación. Es importante, sin embargo, destacar que “esos 3 pies/1 metro” realmente significan “la longitud del brazo o menos”: Esto deja muy poco espacio y tiempo para reaccionar! Esta premisa significa que es casi imposible detener la primera puñalada si no lo esperas.

Esta es la razón por la que es tan importante mantener la distancia y mantener el control del espacio cuando estás en una confrontación. En numerosas ocasiones he comentado en mi Dôjô que el ataque más importante realmente es el segundo, ya que el primero es muy difícil verlo venir o anticiparse al mismo. Realmente se puede dificultar el carácter “sorpresivo” o de “celada” del mismo y con ello aumentar nuestras posibilidades de supervivencia siguiendo ciertos protocolos y patrones de comportamiento y adiestramiento, pero es imposible como hablaremos más tarde prever todas las posibilidades.

Los ataques con cuchillos son rápidos y furiosos

Otra consecuencia de estos ataques a corta distancia es que los objetivos tienden a caer cuando se mueven hacia atrás tratando de escapar de su agresor. Este es el caso en el 55% de los incidentes que se analizaron. Es común que el agresor ataque de forma rápida e intensa impidiéndonos pensar con claridad y “embistiéndonos” por decirlo de alguna forma, siendo como un tsunami que nos pretende llevar por delante. Esta manera de cargar sobre su objetivo, se conoce como “prisa, prisión, yarda” un concepto que popularizó Don Pentecost en 1988. En líneas generales la idea es generar una sensación de prisa, de velocidad, de ansiedad. Esa sensación de prisa nos fuerza a cometer errores, nos bloquea como si fuéramos “prisioneros” de la misma y permite al agresor acercarse y nos impide mantener una distancia adecuada, “yarda”. En su polémico libro, Pentecost señala además que alguien que te está atacando con un cuchillo está tratando de matarte. No se detendrá, no dudará, atacará y atacará hasta lograr su objetivo o hasta que sea neutralizado.

La investigación nos dice que alguien dispuesto y listo para trincharte como un pavo en Acción de Gracias es muy diferente a alguien con simplemente un arma […]”

Esto hace referencia a otro principio que he comentado en infinidad de ocasiones. Me refiero a la determinación y el compromiso. Si la determinación y compromiso del agresor por acabar con nuestra vida es mayor que nuestra determinación y compromiso por sobrevivir, estamos muertos, pero en caso contrario el agresor tiene los segundos contados.

Los ataques con cuchillos no duran mucho. De hecho, el tiempo medio de una incidencia, es decir, la media aritmética de los ataques con cuchillo, desde el momento en que se inicia el ataque hasta el momento en que se detiene, es de 23 segundos.

“El marco/margen de tiempo de un ataque de cuchillo suele ser muy corto, generalmente cuestión de segundos”

El tiempo medio es de 14 segundos, lo que significa que la mitad de los ataques duran 14 segundos o menos. Pero el 80% de todos los ataques duran menos de 32 segundos. El gráfico muestra un fuerte aumento en los números hasta 23 segundos, indicando que la mayoría de los ataques (70%) duran 23 segundos o menos.

Después de ese punto, la curva comienza a disminuir y alcanza el 90% a 59 segundos. Es interesante observar que, aunque tarda 9 segundos para un aumento del 10% al 80%, tarda 27 segundos en completar otro 10% y llegar al 90%. Lo que esto significa es que si un ataque de cuchillo dura 23 segundos, tienes un margen aceptable de que el mismo duré sólo  9 segundos más. Pero una vez que un ataque de cuchillo alcanza la marca de 32 segundos, el mismo “margen aceptable” puede significar 27 segundos extra. En otras palabras, si un ataque de cuchillo se prolonga por más de 32 segundos, tiene muchas probabilidades de que dure mucho más.

¿te diste cuenta de cómo la curva parece subir de nuevo alrededor de 45 segundos en lugar de la estabilización como se esperaba? Vamos a visualizar los datos de manera diferente, El siguiente gráfico muestra el número de ataques con cuchillos en función del tiempo. Para aclararlo, solo muestro la línea de tendencia:

Hay un pico en el número de ataques alrededor de los 7 segundos con 25.2% de todos los ataques realizados entre los 5 y 10 segundos, y la mitad de todos los ataques que duran 14 segundos o menos. El miedo a ser atrapado es probable que sea un factor importante que mantiene los tiempos del incidente o ataque con cuchillo en tiempos muy bajos. Obviamente, mientras más tiempo se lleve a cabo un ataque, más probable es que alguien, incluyendo a la policía, intervenga. Un inciso importante aunque porque aunque es posible que vuelva a comentarlo posteriormente, nunca y repito y reitero, Nunca esperes ayuda del exterior o de tu entorno más inmediato. Hacerlo debilita tu actitud de supervivencia, pues te hace dependiente de una hipotética ayuda que muy probablemente no tenga lugar, y en caso de que llegue probablemente llegará tarde.

A este respecto, es interesante observar que el 55,9% de todos los ataques son interrumpidos por la intervención de un tercero pero no quiere decir que dicha interrupción sea la finalización del ataque o agresión. Pero aquí está la parte interesante, a partir de la marca de 7 segundos, el número de ataques disminuye bruscamente hasta alcanzar un mínimo a los 45 segundos y luego sube de nuevo. Lo que sugiere la gráfica es que hay un punto de inflexión alrededor de los 45 segundos, después del cual un ataque/agresión con cuchillo tiende a prolongarse mucho más. Lo más común es un extra de 14 segundos. Más de la mitad de los ataques de “más de 45 segundos” duran entre 53 y 66 segundos.

Aunque es difícil inferir cualquier evidencia sólida de un número tan pequeño de casos analizados para este trabajo, parece que la intervención de terceros son mucho más bajas en el grupo de los ataques con una duración de +45 segundos que en general. En otras palabras, estos ataques duraron más tiempo porque nadie intervino.

Como era de esperar, los ataques de los “psicópatas” que no les importa mucho ser atrapados, parecen concentrarse también en este grupo. Aunque la duración promedio de un ataque de cuchillo es de 23 segundos, es importante mantener las cosas en perspectiva. En ese corto espacio de tiempo, el atacante medio apuñalará una media de 5 a 7 veces cada 5 segundos!

Los ataques de cuchillo se realizan más a menudo con punzadas/puñaladas rápidas, cortas y repetitivas en diferentes ángulos. Comúnmente, habrá una primera oleada de puñaladas durante la cual el atacante, aprovechando la sorpresa, asestará entre 5 y 10 puñaladas. Entonces, cuando la víctima lucha retrocediendo, tratando de escapar, las puñaladas serán más espaciadas. Cuantos más cortes o puñaladas, más posibilidades de que un órgano vital, como el corazón, o un vaso sanguíneo principal, como la arteria carótida (cuello), se vea comprometida, lo que resultaría en una muerte rápida y segura.

Claro, muchas personas han sobrevivido a un mayor número de cortes y puñaladas. Pero la cruda realidad, la pura verdad es que sólo necesitas una para morir! Este es un punto importante porque la mayoría de los ataques no son un “apuñalamiento directo sencillo’ (es decir, el tipo de movimiento de empuje de bayoneta) o un “corte de mandoble”. Los ataques con cuchillo se ejecutan predominantemente con puñaladas rápidas, cortas y repetitivas en diferentes ángulos (por ejemplo, cambiando ataques desde arriba hacia abajo y viceversa, puñaladas al pecho o puñaladas al cuello). También conocido como la “máquina de coser (Sewing Machine)” o “shanking de prisión”, las puñaladas rápidas y cortas son muy difíciles de detener porque no hay mucho tiempo ni mucho espacio para “desviar y redirigir” el ataque o “bloquear y golpear” . La mayoría de los ataques se realizan con un agarre regular o Hammer (58,8%), pero el agarre inverso (también conocido como “Ice pick”) es, con un 29,9%, más frecuente de lo que comúnmente se piensa. En un pequeño número de casos, alrededor del 6%, el agresor cambia su agarre durante el asalto, pasando de Hammer o natural a reverso o Ice Pick o viceversa. Vale la pena señalar que no se registró en el estudio ningún caso de intercambio manual (es decir, que el cuchillo se mueva de una mano a la otra). Se puede apreciar el uso de transiciones de agarre pero no transferencia de arma de una mano a la otra. Esto es estadística, la realidad es que cualquier cosa puede ocurrir y por ello debemos formarnos en el Dôjô para toda contingencia, escenario o situación.

¿Qué hemos aprendido?

En esta primera parte, hemos visto que los ataques con cuchillo son más comúnmente emboscadas, ejecutadas a corta distancia (dentro del radio de un metro o la distancia del brazo extendido). Son extremadamente violentos; ejecutados con velocidad y determinación en un lapso de tiempo muy corto (es decir, no duran mucho). Los atacantes emplearan su mano libre, protegiendo eficazmente el cuchillo, y apuñalarán a la víctima repetidamente con envites rápidos y cortos en diferentes ángulos. Los agresores suelen agarrar y empujar a la víctima que muy a menudo caerá al suelo.

En otras palabras:

Serás tomado por sorpresa y serás abrumado por el miedo y la propia agresión. No verás la hoja antes de que se lance el ataque. Muy probablemente no serás capaz de huir y evitar el ataque. Tendrás muy poco tiempo y espacio para reaccionar y desplegar un contraataque. Probablemente no serás capaz de detener la primera puñalada (s) por lo que, sí, eres cortado y apuñalado un número indeterminado de veces, puede incluso darse la circunstancia de que no te percates de que has sido apuñalado (motivo por el cual debemos siempre comprobar por nosotros mismos que al finalizar una agresión no hemos sufrido daños). Probablemente no tendrás tiempo para esgrimir tu propia arma (arma, cuchillo, kubotan llavero, bastón extensible, spray de pimienta, etc.…); Al menos no antes de ser apuñalado un par de veces. Es probable que te desplaces hacia atrás, tu equilibrio se verá comprometido, y es probable que caigas al suelo. Tus movimientos se verán restringidos o limitados, tus habilidades motrices finas (sutiles) se habrán ido, no podrás acceder al brazo que porta o empuña el cuchillo fácilmente. Cualquier técnica que se base en la flexión del brazo y en un uso y manipulación suave del arma tiene muy pocas posibilidades de éxito. Cualquier técnica que se base en la suposición de ataques simples y directos conformados por una única acción de apuñalamiento o corte tienen muy pocas posibilidades de funcionar

Estos resultados deben condicionar definitivamente nuestros métodos de entrenamiento. Pero la pregunta a hacerse uno en este punto es “¿cómo sobrevivir a los ataques de cuchillo entonces?”

 

 

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