INCLUSO EN ESTOS TIEMPOS….

El entrenamiento del más simple movimiento puede ser largo y dificultoso. Creemos dominarlo enseguida, pero es simplemente una ilusión, como bien dice el Sensei “cuando crees tenerlo, no lo tienes….” Por ello el trabajo constante es vital para afianzar, interiorizar, hacer nuestros los más simples y los mas complejos movimientos o conceptos e ideas. Muchas veces cuanto entreno armas blancas, un tema que para mí de cara a la calle tiene una importancia capital, mi trabajo en reiterativo en las bases, en los movimientos más simples. No doy por dominado y por conocido nunca nada, sino que cíclicamente vuelvo como si de un estudiante novel se tratase, a trabajar cada movimiento, principio o idea.

Nunca asumo que controlo los preceptos básicos que rigen un enfrentamiento en la calle o los protocolos de comportamiento y actuación para desenvolvernos en un entorno que considere hostil, en general todo entorno lo considero así, de ese modo mi zanshin siempre se mantiene activo y mi nivel de alerta (Cooper) es siempre amarillo. Siempre asumo que soy alguien que comete errores y como tal, debo prepararme para evitar en la medida de lo posible cometerlos y aprender de los que cometa procurando que no me mantén los mismos al cometerlos. Trabajo la extracción de mi herramienta o la adquisición de una herramienta  improvisada a la vez que evalúo el entorno, el escenario y las vías de escape, no quiero una pelea o confrontación. Me preparo para lo peor pero deseo que las cosas fluyan de la mejor manera posible. Estudio la amenaza y sus implicaciones (O.O.D.A.) y me preparo para luchar o huir.

Se da la circunstancia de que por una dolorosa lesión huir para mí no es una opción ahora mismo, eso me está enseñando de nuevo a planificar mis movimientos con mayor antelación, como en un juego de ajedrez, procuro anticiparme a los movimientos más obvios y a aquellos que pudieran pretender ser mas sorpresivos. Entreno dos horas al día lesionado o no. No hace falta que el entrenamiento sea de alta intensidad física, no es necesario sudar o machacar los músculos, sino volverme más consciente de mis limitaciones transitorias y utilizarlas a mi favor, como ventajas y no como inconvenientes. En cada ejercicio me planteo la optimización de los recursos y de las decisiones. En cada ataque o escenario me planteo un análisis instintivo del mismo y busco la respuesta más adecuada a mi situación personal. Sin duda si estoy en una situación de aparente inferioridad física por una reducción de la movilidad, velocidad, etc.… debo suplir esas posibles carencias con otros elementos que hagan que mi respuesta sea optima. Mantengo siempre la idea de que sea cual sea mi condición física o emocional, debo sobrevivir y ello puede implicar que quien atente contra mi integridad no sobreviva al conflicto por él mismo generado. Dicen “no pises la cola del tigre que duerme…” y es un dicho muy acertado, no provoques mi necesidad de supervivencia porque está supervivencia será, si es necesario, a costa de la tuya. Recuerdo ahora el film “Los hombres que caminaban sobre la cola del tigre” un film japonés de 1945* del maestro Akira Kurosawa. Si te gusta el cine de ninjas por así decirlo no dejas de visionarla dura apenas 58 minutos.

Ajenos a este pequeño apunte que acude a mi cabeza, lo cierto es que el entrenamiento jamás se detiene, lesionado, enfermo, joven o anciano, siempre sigues practicando. Cada percance o nueva situación en tu vida te ofrece la oportunidad única de practicar bajo unas condiciones también excepcionales y únicas que muchas veces no te habías planteado. Takamatsu Ô Sensei hablaba del Sankakujutsu, el entrenamiento con la mente incluso de técnicas físicas cuando estas postrado en cama o enfermo. Conozco casos de compañeros que han pasado por enfermedades graves que les dejaron muy debilitados pero siguieron entrenando y enseñando. Me vienen a la mente nombres como Frank Tortosa, Ubaldo Fernández Vega o Natascha Tomarkin. El propio entrenamiento genera en nosotros una energía especial que nos hace remontar la enfermedad, encarar la adversidad del momento y seguir adelante. Simplemente un día más, ya es un logro. Creo que a veces hablamos muy alegremente de guerreros y sólo pensamos en quienes son luchadores en el mejor y más optimo momento y circunstancias, perfectamente equipados y acondicionados. Sin embargo los guerreros surgen del infortunio, de la adversidad, crisol real del carácter del guerrero.

Inicié este post con la idea de citar o comentar ejemplos de la formación que personalmente sigo en el ámbito del trabajo de armas blancas cuando entreno por mi cuenta, pero mis actuales circunstancias me han hecho reflexionar a través del teclado del ordenador sobre temas algo más complejos y vitales. Creo que durante nuestra trayectoria superamos duros y difíciles momentos y siempre lo hacemos manteniéndonos en el camino, siguiendo los entrenamientos y manteniendo la formación de aquellos que han depositado en nosotros su confianza para crecer y evolucionar, para lograr sobrevivir. Perdidas familiares, reveses económicos, enfermedades y lesiones, etc.… lo cierto es que es este espíritu de “seguir adelante” de Ganbatte o Keep Going es lo que nos hace seguir la senda o el camino del guerrero. Lo haces principalmente por uno mismo y en segundo lugar por aquellos bajo su responsabilidad o tutoría. Sólo esperas que los estudiantes y alumnos sepan valorar tu sacrificio. Nos ocurre muchas veces, uno en ocasiones se dice así mismo “voy a mirar por mi salud porque si no miro yo, nadie más lo hará”. En esos casos, cuando se deja de impartir clases, surgen las criticas o los comentarios, los gestos con rostro de incomodidad o descontento, pero cuando uno acude cada día a impartir clase y la gente no acude a las clases por trabajo, compromisos, novia, esposa, estudios o cualquier otro tema, entonces no ponen mala cara y esperan que seas comprensivo y tolerante con “su” situación…cuando a veces desprecian tu sacrificio por ellos. Ingratitud es algo que un formador debe experimentar en muchas ocasiones, gratitud es algo que experimentamos rara vez. Son lecciones que uno aprende, lecciones dolorosas pero necesarias, por ello tenemos que hacer de cualquier situación adversa , un escenario de conocimiento y aprendizaje, un crisol donde seguir formándonos y formando a quienes confían en nosotros.

Como reza el título del post, tomado del título de una canción de Joaquín Sabina, incluso en estos tiempos, en estos momentos de dificultad o adversidad provocados por la lesión o la enfermedad debes seguir el camino del guerrero, entrenando y enseñando, siempre avanzando.

*En este film unos samurái deben cruzar territorio enemigo, territorio de otro señor feudal. Para ello se disfrazan de monjes. En un control, un samurái los interroga y pone a prueba intentando descubrir si son realmente monjes o guerreros. Siempre recuerdo este film porque además de técnicas de Henso jutsu (arte del disfraz) fue la primera vez que vi la invocación o más bien recitar el Kuji Kiri, tenía yo apenas 9 años cuando la visioné y me caló muy profundamente aquel film. Hoy día entiendo los motivos que en aquel tiempo me pasaron sutilmente desapercibidos.

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