MIEDO Y DOLOR

Recientemente estaba leyendo una pequeña reflexión a cerca de dos emociones esenciales cuando hablamos de sobrevivir a la violencia de una agresión. Practicamos Budô como una forma de preservar una tradición, una herencia para una próxima generación. Pero también como artes guerreras que son, las practicamos con la mentalidad de quien, no deseando tener la necesidad de usarlas, sebe que es posible que las mismas sean la única diferencia entre la vida y la muerte, entre ser víctima o superviviente. Por ello las mentalidades pseudo filosóficas de libro de autoayuda o cósmicas como mi amigo y compañero Arnaud las definió muy acertadamente, sólo son cascarones vacios que lamentablemente conducen a quienes siguen esa línea de pensamiento a un fatídico desastre. Lo curioso es que quienes predican de esa forma, gente que como Nagato Dai Shihan decía muy acertadamente “nunca han recibido un puñetazo en la calle” después tienen las narices de pretender formar a las fuerzas del orden, escoltas o militares, en fin el ejemplo mas evidente de la contradicción humana, así les va…

Pero ciñámonos al tema en cuestión. Cuando hablamos de emociones muchas veces tendemos a creer que son algo secundario, que el entrenamiento psicológico, mental y/o emocional es algo sin importancia o simplemente inútil. Por desgracia es todo lo contrario. Digo por desgracia porque muchos piensan que todo en esta vida es físico, contacto, cuando lo curioso es que el entrenamiento en un 75% psicológico y un 25% físico. Es algo similar a lo que ocurre con el trabajo con armas de fuego. Ese trabajo es considerado como “el ultimo arte marcial” por la disciplina y la preparación psicológica que conlleva entre otros muchos motivos. Pues bien el entrenamiento con un arma corta es un 75% o más trabajo en seco, repetitivo, metódico, paso a paso y sólo un 25% con fuego real y trabajando en una galería o campo de tiro. Igualmente la formación psicológica en este terreno ocupa una gran parte del tiempo pues es innegable que en una situación de estrés con armas de fuego sin una debida formación psicológica las habilidades que uno pueda tener de poco le van a servir, bloqueado por el pánico o por otro factor emocional.

Esto me lleva a la primera de las dos emociones de las que hablaba el pequeño texto que leía recientemente, el miedo. Cuando sentimos miedo descubrimos que somos humanos, no superhombres, no somos perfectos ni el Budô que practicamos nos evita sentirlo. Sentimos miedo por muchas razones, unas de orden personal otras de orden irracional o instintivo, primario. Podemos sentir miedo al fracaso, miedo a la soledad, ejemplos de miedos personales, miedos que se superan con una actitud correcta y no permitiendo que la sin razón que los genera gobierne nuestras vidas. Sentimos miedo a volar o miedo a las alturas, son miedos que han llegado a diagnosticarse como enfermedad, como patológica, su origen somos nosotros sin duda pero su raíz no es racional y por lo tanto es mas difícil de luchar contra ellos porque no se sabe bien porque están ahí, porque aparecen ni como dominarlos.  En el Budô es bueno sentir miedo, eso te hace precavido, prudente, dejando de lado la temeridad y el ego o la soberbia. No queremos sentir miedo así que nos preparamos, nos protegemos para sentirnos seguros y huir de ese “miedo” irracional o muy racional, según el caso. Nunca quiero a mi lado alguien que diga que no tiene miedo, es un mentiroso y vive en un mundo idílico de fantasía creado por él a su medida, además de que será sin duda un temerario y un imprudente consigo mismo y con los demás. A una persona con miedo se le enseña a vivir con el miedo, a convivir con él, hacerse “su amigo” y terminar utilizándolo como arma o herramienta contra nuestros enemigos internos o externos. Luchar contra el miedo es importante, saber gestionar nuestros miedos es aun mas importante y toda una herramienta de formación y perfeccionamiento psicológico.

La otra emoción de la que hablaba el texto al que hacía referencia al principio de este post es el dolor. Nadie quiere sentir dolor, tenemos “miedo” a sentir dolor, ha ahí que estas dos emociones estén tan vinculadas y por ello se hable de ambas a la vez. Preguntamos continuamente ¿me dolerá?, ¿es doloroso? No queremos sentir dolor. Sin embargo el dolor es un recordatorio de que estamos aún vivos y que debemos luchar y seguir adelante. No sentir dolor es un peligro, en medicina hay una enfermedad o síndrome denominado “Analgesia o síndrome de Riley – Day” que impide a quien lo padece sentir dolor alguno. Eso sería para algunos “un chollo” pero en realidad es una maldición, nunca saben si su cuerpo está sufriendo algún daño severo porque pueden poner una mano sobre una plancha caliente en la cocina y no enterarse de que se están quemando vivos!!! Por ello el dolor es algo necesario, no avisa de que algo no va bien, de que algo puede ser contraproducente y nos mantiene alerta, atentos, prevenidos y precavidos. El dolor forja también el carácter, lo apreciamos en los deportistas cuando realizan pruebas físicas extremas y siguen adelante hasta el final. Sufren dolor, pero se sobreponen al mismo y siguen luchando.

Recuerdo que el día de mi Sakki Test tenía una rodilla rota, fruto de un accidente entrenando, lo cierto que es entrenaba en el Tai Kai con una aparatosa rodillera estabilizadora y aun así el dolor era continuo. Sin embargo cuando llego el momento de mi Godan Test, me despojé de la misma. Alguien advirtió al Sensei de que tenía una rodilla dañada, previamente otro compañero se había lesionado seriamente la suya intentado ejecutar su Godan Test. El Sensei me miró y me dijo que me sentara como quisiera, yo ya me había colocado en Seiza y estaba dispuesto a comenzar, le indiqué que “adelante” él me dijo “si quieres concentrarte en tu dolor no hay problema”. Lo cierto es que el dolor me recordaba donde estaba y que estaba ocurriendo, me mantenía en el “aquí y ahora” pero de repente cesó totalmente, no tenia dolor alguno y me sentí plenamente consciente de cuanto me rodeaba y en, por decirlo de algún modo, paz conmigo mismo. Lo demás es ya historia… Al día siguiente el Sensei me preguntó por mi rodilla, volvía a llevar puesta la aparatosa rodillera, pero le dije que no me preocupaba que sabía que “lo que no te mata te hace mas fuere” y él sonrió (suerte de tener una traductora tan estupenda del español a al japonés directamente allí asistiendo a la conversación).

Cada ser humano tiene una tolerancia distinta al dolor tanto físico como emocional. Por ello no podemos medir el dolor o el miedo con una tabla única sino que hay que descubrir el umbral o limite de cada persona y desde ahí comenzar a convertir el dolor, no el daño o lesión, el dolor, en una herramienta más de formación. En una lucha por nuestra supervivencia tendremos miedo y sentiremos posiblemente dolor, pero si estas emociones nos detienen, nos bloquean, estamos ya muertos. Debemos trabajar con ellas, sentir dolor no es algo malo lo mismo que no es nada humillante sentir miedo, sin embargo no luchar por superarlo, combatirlo, crecer y evolucionar sí que es algo negativo.

Dolor, miedo, miedo, dolor, son emociones y herramientas para la formación dentro del Budô no son algo de lo que huir sino algo a lo que enfrentarse, dominar y superar, pues en el fondo el Budô se trata de sobrevivir en este caso al dolor y al miedo.

Nota 1: la vida es así de curiosa, después de publicado este post mi amigo Cecilio Andrade compartió un fragmento de un libro que he leído varias veces de Mark Divine “Pensar como los mejores guerreros” y dice así: “El trabajo duro fortalece al carácter, mientras que una vida fácil lo debilita. El confort nos encarcela en un miedo al dolor de umbral muy bajo. Por naturaleza nos asustan (miedo) las cosas que hieren (dolor) sin entender lo mucho que esa conducta (actitud) nos debilita y nos impide gozar al máximo de la vida. Debemos definir nuestra zona de confort y a continuación salir de allí como un rayo”

Nota 2: Por si alguien se pregunta quien es Mark Divine….Mark Divine formó parte del cuerpo de los Navy SEAL durante veinte años, y se retiró con el grado de comandante. Neoyorkino de nacimiento, cursó un MBA en la Universidad de Nueva York. Es el fundador de SEALFIT, NavySeals.com y U.S.CrossFit, y ha impulsado seis iniciativas empresariales multimillonarias. Después de haber preparado a miles de aspirantes para ingresar en los Navy SEAL y en Operaciones Especiales, con un 90 por ciento de éxito de ingresos, ahora forma a todo tipo de personas en los ocho principios del Método SEAL. Vive en Encinitas, California, junto a su mujer Sandy y su hijo Devon.

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