DE ÁRBOLES Y FRUTOS……..

16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

20 Así que, por sus frutos los conoceréis.

Mateo 7 (15 al 20)

Cierta zumbada publicaba estos versículos en su perfil de FB el otro día. No sé a ciencia cierta cuál era su intención, supongo que la pobre ni ella misma lo sabrá realmente, no tiene un gran equilibrio mental….pero me han proporcionado la oportunidad de realizar una reflexión. Siempre dentro del contexto del Budô, ya que este blog versa o gira en torno a dicho tema. Nunca he creído en esos versículos, es más, creo que la interpretación literal de los mismos es una trampa para aquellos con mentes demasiado cuadriculadas y que siguen una doctrina a pies juntillas de forma casi fanática y sin una reflexión o introspección cuando leen estos textos.

por-sus-frutos

Por sus frutos los conocerás, por sus obras los conoceréis…. si fuera así muchos hábiles timadores, estafadores o políticos serían considerados unas bellísimas personas 😉 los actos pueden ser ejecutados, movidos, motivados por nobles sentimientos o por perversas intenciones. Así las obras son o están sujetas a una valoración más amplia de lo que parece. Creo que en el Budô las obras o los actos de las personas tienen detrás siempre una fuerte motivación, que la misma sea positiva o negativa, correcta o incorrecta, es algo que muchas veces no tenemos derecho a valorar, salvo claro está que esas acciones nos impliquen o afecten de una u otra forma. “Allá cada cual con su conciencia, cada cual es responsable de sus actos” dicen, y no sin razón pero muchos actos nos atañen a todos al final de forma indirecta.

Cuando lees los versículos uno llega a pensar que “no puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” es una aseveración, pero ¿y si simplemente fuera una pregunta? Una sugerencia lanzada al aire, buscando mentes abiertas que vayan más allá de los convencionalismos, del mero mensaje exterior (Omote) y busquen a quienes son capaces de ver el mensaje implícito (Ura). Un instructor malo no puede tener buenos alumnos, un instructor bueno no puede tener malos alumnos. Suena a una aseveración ¿verdad?, pero no lo es, es una valoración subjetiva que se nos “vende” como una valoración empírica u objetiva. Un buen instructor tendrá por regla general buenos alumnos, pero no todos lo serán. Habrá quien no “sintonice” con la forma de enseñar del buen instructor y no logre aprender correctamente de él, puede que simplemente el alumno no disponga del Sainô (habilidad) Kon/Tamashii (alma, espíritu) Ki/Utsuwa (capacidad) y sea incapaz de dar más de sí mismo, aun así un buen instructor seguirá luchando por la correcta formación de ese alumno hasta que el alumno se rinda y abandone, el instructor no lo abandonará jamás, como siempre digo “el instructor siempre estará a tu espalda”. Es el alumno quien falla siempre finalmente al instructor, pues el formador es el eje del Dôjô, la constante del mismo y el alumno puede progresar y evolucionar o fracasar e involucionar, es su decisión, su instructor le dará el apoyo, guía, consejo, herramientas, principios, etc… todo lo necesario, pero al final será él y sólo él quien decida seguir o abandonar. El alumno que fracasa siempre culpa al instructor, el buen instructor siempre se culpa del fracaso de cualquier alumno, el mal instructor nunca comete errores y por lo tanto nunca fracasa, sólo lo hace el alumno. Pero cuando el alumno triunfa, el alumno muchas veces se olvida del instructor y se adjudica todo el mérito,en cambio el buen instructor da un paso atrás ante el éxito de su alumno y lo contempla en la distancia, aunque otros (malos) instructores se cuelguen la “medalla” de dicho éxito de forma pública y notoria.

Cuando hablamos de un mal instructor, creemos que solamente puede tener malos alumnos, pero no es así. Muchas personas entrenan y luchan por aprender incluso con la oposición de su propio instructor, tienen la calidad y la excelencia innatas que les permitirá brillar y salir o sobresalir de la mediocridad del mal instructor. Porque un mal formador no mira por sus alumnos, los ordeña económicamente o les exige lo imposible, sin tener él mismo ni el carisma ni la excelencia mínimos para poder formar adecuadamente. No es cuestión de Menkyo o diplomas, de certificados o acreditaciones, todo ello no garantiza a un buen instructor, sólo el día a día te descubre la mediocridad o la excelencia del formador y del alumno. Por todo ello “árboles y frutos” no están sujetos a la excelencia o mediocridad los unos de los otros, todos ellos pueden cambiar, crecer y evolucionar. Todos tienen esa posibilidad, otra cosa es que tengan interés real por lograr esa excelencia.

Los frutos de los que se habla en los versículos son la excelencia y la mediocridad tanto del fruto como del árbol que los proporciona, el buen formador puede generar malos alumnos, es humano, como lo son sus estudiantes. El mal formador puede tener consigo buenos estudiantes porque no todos somos iguales. De un árbol cuelgan frutos aun verdes y de mal sabor o frutos maduros y sabrosos, frutos podridos por fuera pero aún sabrosos por dentro y  frutos de buen aspecto por fuera pero ya podridos por dentro. De igual modo en un Dôjô un formador tiene estudiantes verdes, con necesidad de tiempo y horas  de entrenamiento y dedicación, y alumnos veteranos, ya maduros, con conocimiento y experiencia y muchas horas de trabajo a sus espaldas. Puede tener alumnos de mala apariencia por fuera pero bellas y maravillosas personas en su interior, son frutos feos, poco apetecibles pero muy valiosos por su contenido, por su “sabor”. Los hay que brillan, de reluciente aspecto pero podridos por ideas y sentimientos equivocados, al final se descubren como “fruta podrida”. El instructor intenta siempre eliminar “la fruta podrida” porque “una manzana podrida en el cesto arruina a medio – largo plazo a todas las manzanas del cesto”. La mediocridad se contagia mucho más fácilmente que la excelencia, por eso es más difícil alcanzar esa calidad que alcanzar esa mediocridad.

¿Tenemos que arrancar y quemar al árbol que da frutos malos, cortándolo y arrojándolo a la hoguera? No… Hay que cuidarlo y quererlo buscando que cambie y recupere su esencia y con ella sus frutos buenos…. pero ya se sabe, la Biblia es un libro muy dado al fuego y la destrucción, ha de ser leído con una mente como ya he dicho más abierta….

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Toda esta meditación en voz alta a través del teclado de mi computadora es sólo eso una reflexión, ideas que despertaron en mí esos versículos. Pero…la pobre ignorante que los publicó omitió el primer versículo del conjunto, pues como cité al iniciar este post y que por cierto si uno cita versículos de la Biblia lo correcto es citarlos así y no de forma suelta o aislada sin indicar su origen….

15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces

Esto lo omitió porque aquí es donde radica la esencia de todo, en aquellos alumnos que llegan al Dôjô vestidos de corderos, disfrazados, engañando al formador y a sus compañeros o al menos pretendiéndolo. Buscando ni se sabe a veces que… pero que se infiltran como la mediocridad en un ambiente de excelencia y lo corrompen rápida y brutalmente. “Guardaros de los falsos profetas” no quiero entrar ahí, porque está el momento actual ya muy caldeado, pero si, muchos no, pero algunos falsos profetas tenemos y por desgracia llegan envueltos en esa “piel de cordero” y enmascarando sus intenciones…pero eso sería entrar en una reflexión diferente, dejemos hoy el tema en los frutos, los árboles, los alumnos, los formadores, la calidad y la excelencia, la mediocridad y sus frutos o consecuencias. Que cada cual decida que fruto o árbol es y decida si quiere cambiar o si quiere seguir, porque en su mano está alcanzar la excelencia y huir de la mediocridad, pero es muy respetable que algunos sigan o quieran seguir siendo mediocres, no se puede obligar a nadie y en ocasiones tampoco se puede “pedir peras a un olmo” por terminar este post con una cita sobre árboles y frutos.

Gracias a quien inspiró este post, nos vemos pronto, tenemos una conversación pendiente…….. 😉

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