LOS PELIGROS DEL EXCESO DE AUTOCONFIANZA

Entre las muchas ventajas, virtudes y beneficios que la práctica de las Artes Marciales o en nuestro caso concreto el Budô nos aporta o genera está la confianza en uno mismo. Su aumento, su consolidación o potenciación son una de las bazas que mucho esgrimimos a la hora de enumerar las ventajas de la práctica del Budô. Lo importante es que se debe tener claro que la confianza en uno mismo, nace en nosotros, el Budō sólo es una herramienta para ayudarnos a desarrollar dicha autoconfianza, no es “la confianza” en sí misma, sólo la herramienta que nos permite mejorar en ese aspecto de nuestra personalidad. Hay quien  tiene una fuerte y acusada personalidad, y el Budô le ayuda a controlarla, a volverla más inteligentemente prudente. Por el contrario con personas apocadas el Budô potencia esa autoconfianza e imprime carácter a quien lo practica. El problema desde mi punto de vista es que lo que para unos es confianza en uno mismo para otros desde “fuera” desde la distancia puede confundirse con chulería o una actitud “sobrada” o altanera. Ahí radica el problema. Digo problema porque la experiencia de más de tres décadas entrenando y formando a través del Budō de mi Sensei me han enseñado ciertos patrones en el comportamiento de la violencia. Estos patrones han sido confirmados por múltiples experiencias recabadas a lo largo de los años y por la opinión de expertos que en sus trabajos literarios de investigación han postulado opiniones muy similares a las mías propias.

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En la calle el exceso de confianza mata, simple y llanamente. Creemos tener la situación bajo control y en palabras de mi Sensei “cuando crees tenerlo, no lo tienes y cuando no crees tenerlo, lo tienes” y nunca más sencillamente expresado. Cuando pensamos que las cosas están bajo control bajamos la guardia, cuando nos sentimos seguros o en un estado de “falsa seguridad auto inducida” nos relajamos y bajamos la guardia, todo ello nos lleva al desastre irremediablemente. Pero el problema no sólo radica en el exceso de confianza sino que también se centra en la percepción de nuestro entorno, de los demás, de lo que nosotros consideramos autoconfianza. Para un potencial agresor o un depredador sexual ese exceso es un alarde o un acto de vanidad, chulería, dirían otros usando un término más coloquial. Con ello nos hacemos visibles al “enemigo” y con ello potenciales víctimas y con ello la ruleta rusa del desastre comienza a girar….

Dicen que el Ninjutsu es el arte de la cautela, el sigilo y sobretodo de la invisibilidad. Lo cierto es que ajenos a fantasías cinematográficas o leyendas históricas, la invisibilidad del ninja es un hecho. Pero no como muchos tontos creen, como si estuviéramos viendo aquella famosa serie de los 70 “El hombre invisible” aquel tipo que podía hacerse invisible por espacio de un determinado tiempo por día, 15 minutos, pulsando un botón de su reloj digital. Cuantos niños de mi época soñábamos con tener un reloj digital y poder hacer como él. Aquel reloj estabilizaba un estado permanente de invisibilidad y que el reloj gestionaba para su uso táctico en sus aventuras. Pues todavía algunos creen en esa invisibilidad. Hay un documental llamado “Capas de invisibilidad” donde Sinichi Yoshida alumno de mi Sensei, habla sobre el Ninjutsu y la invisibilidad ofreciendo una perspectiva distinta y comprobada sobre su potencial eficacia. Pero yo hoy me centro en la invisibilidad que todos tenemos cuando pasamos desapercibidos entre la multitud, cuando nos volvemos anónimos. Una cara o rostro anónimo, un cuerpo que segundos después de verlo ya no lo recuerdas apenas, una sombra que pasa por delante de ti y se esfuma, simplemente porque no capta tu atención o no activa tus instintos. Cuando logramos ese nivel de anonimato o discreción en la calle es difícil ser la víctima, la presa, del agresor o depredador porque no estamos ahí, no nos pueden ver…ciertamente nos ven pero sus mentes solo miran, no observan y gracias a ello pasamos cual ráfaga de humo, con rapidez por su lado y seguimos nuestro camino (ver post en este blog sobre ver y observar).

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Bien, pues cuando alguien tiene ese exceso te vuelves visible, en algunos casos diría que te vuelves luminiscente o como si tuvieras tu cuerpo marcado por una pintura de esas que se activan ante el haz de una luz negra o similar. El depredador se ha fijado en ti, porque estás llamando la atención innecesariamente. Habrá quien diga que “yo soy como soy y no voy a cambiar” y yo digo, genial no cambies pero no llores ni te quejes después…. Una estudiante comentaba hace recientes fechas que había tenido 3 altercados que había podido considerar intentos de acoso o agresión sexual. Uno de ellos derivó en un juicio. Lo curioso es que alguien a quien le pasa algo así tres veces seguidas no vea que hay un patrón, una pauta. Según ella ponía todos los medios y protocolos necesarios para evitar esas situaciones. Personalmente y desde el cariño he de decirle que no, no es así, de poner dichos protocolos, los correctos claro, no los suyos sino los adecuados, no los que ella piensa que funcionan sino los que funcionan de verdad, las cosas no se repetirían. Pero más allá de dichos protocolos medidas y contra medidas hay un elemento en su caso que facilita que termine siendo “objetivo” del depredador, su exceso de confianza, un carácter que valoro mucho en un alumno pero que en la calle es una señal óptico – acústica brutal que señala en una determinada dirección, la nuestra, todo lo contrario de las enseñanzas que el Ninjutsu nos ha legado.

Creo que el auto control es importante, lo mismo que la auto confianza, pero debemos tener muy claro que la primera enseñanza que recuerdo en mi formación se llama Kyojitsu Tenkan Hô, no voy ni tan siquiera a molestarme en traducirla, si no sabes de que hablo realmente, mal, muy mal vamos…. Es hora de enseñar más allá de las técnicas y comenzar una formación en la supervivencia, dicha formación pasa por el engaño, el ardid, la ilusión. Somos practicantes de un Budō milenario que ha sobrevivido todo este tiempo utilizando estas formas de pensamiento lateral, de pensamiento “creativo” vamos a trabajar más en ello, en el Dōjō, en la calle, en nuestra vida diaria. Digo siempre que al Dōjō se viene a aprender, en la calle se entrena lo que se aprende, para en el momento del conflicto poder poner en práctica todo lo aprendido y entrenado. Somos una formación 24/7 (leer post en este blog al respecto) no se le olvide a nadie, sino enfocas así tu formación, la misma no te servirá realmente, sólo tendrás un limitado porcentaje de probabilidades de sobrevivir, limitado y pequeño. Medita sobre todo esto.

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