ESTADÍSTICAMENTE…

Tengo una amiga especializada en estadística. Es curioso porque por deformación profesional es común en ella ver patrones en toda circunstancia o hecho de la vida cotidiana. Ella me recalca que es muy útil porque salvo en temas donde la información a procesar está sujeta al factor humano, es decir, que las personas son quienes facilitan los datos para generar el patrón y esos datos pueden ser reales o inventados, pueden ser sinceros o mentir, en el resto de oportunidades para poder aplicar este análisis estadístico, puede ser mucho más útil y fiable.

Estadísticamente hablando no hay suficientes miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado para proteger a la población actual. Estadísticamente el nivel de formación de los mismos es medio-bajo y creo que en ese sentido la estadística es muy optimista. Estadísticamente no tendrás a uno de ellos cuando tengas un incidente violento, ni podrás esperar ayuda de tu entorno más inmediato. Estadísticamente estas jodido. La realidad es la que es y no la cambia que la neguemos. La negación es una herramienta más de la gente para no ver el mal que nos rodea, en la falsa y estúpida creencia de que si no ves el mal, este no existe. Pero…..existe y está ahí fuera, esperándote. Por ello uno debe decidir qué hacer, si prepararse para lo peor y desear lo mejor o simplemente negar la realidad y volverse un blanco fácil, una víctima potencial de cualquier depredador.

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Este post viene un poco siguiendo la estela de dos anteriores publicaciones que personalmente considero de mucho interés y que dicen verdades incomodas. Lo curioso es que dichas verdades por incomodas que puedan ser no son tan dañinas como la actitud de negación de algunas personas. La verdad incómoda, molesta pero la negación nos vuelve imbéciles y pretenciosa y arrogantemente imprudentes y temerarios. En mi Dôjô tenemos una filosofía de trabajo, otros lo llamarían una política de pensamiento, igual da, que nos recuerda que sólo hay una cosa por la que uno está en nuestro Dôjô: aprender a sobrevivir.

Sobrevivir implica un compromiso y determinación por vivir siempre superior sobre quien atenta contra nuestra integridad de una forma u otra pues como ya he dicho en otras ocasiones si ese compromiso y determinación es inferior al de quien nos agrede, estamos muertos. Los recientes post publicados en este blog van encaminados a concienciar a quienes se apuntan a las clases que impartimos, que si buscan un hobby, una mera forma de amortizar la cuota del gimnasio o buscan un misticismo trasnochado mejor busquen en otro lugar. No tenemos afán de competición ni física ni tampoco de esa otra tan popular ahora que viene a decir que “competimos contra nosotros mismos”….chorradas….competir es competir y cuando entras en esa dinámica estas fastidiado, porque pierdes la perspectiva real de la calle, de la vida diaria y eso te puede conducir a una situación potencialmente letal. Pelar con guantes es bonito, seguro y si hay un árbitro y unas normas o un reglamento que limiten las acciones, el peso y envergadura del agresor, su número, etc… pues mejor que mejor. Pero en la calle nada de todo eso ocurre y por lo tanto hemos de cambiar nuestra mentalidad conformista y sibarita y ponernos a trabajar. Dicen “la letra con sangre entra”, no creo en ese dicho a nivel académico, la era de las torturas de ciertos profesores de E.G.B de mi época han pasado a mejor “vida”. Sin embargo en el mundo de la supervivencia el dolor si es necesario, sentirlo, experimentarlo, controlarlo y convivir con él hasta ser capaces de provocarlo o causarlo sin que nuestro código ético y moral entre en conflicto con lo que debemos y necesitamos hacer. Es el dolor una herramienta para lograr que el débil pueda someter al fuerte, pueda lograr sobrevivir mediante los conocimientos adquiridos en el Dôjô.

Quien entra por la puerta de mi Dôjô debe en las primeras clases tener ya claro que la forma de entrenar y de enfocar el trabajo es real 100% dentro de los límites de la mera lógica, pero aun así damos el 100% en cada entrenamiento y comenzamos siempre por el área psicológica, por la mente antes que por el área técnica o del cuerpo. Un cuerpo entrenado y una mente débil no lograran hacer que sobrevivamos. Una mente fuerte y entrenada, con recursos y capacidad de adaptación, determinación y compromiso puede sustituir a un cuerpo no tan entrenado, no tan fuerte, no tan preparado. La salud, la enfermedad, la edad, la lesión, el alcohol, las drogas, etc…pueden mermarnos física o mentalmente. Así que yo insisto en mantener la mente en la mejor forma posible, ya que el cuerpo sobrevive, resiste y se supera gracias a la fortaleza mental no al contrario. Tal vez nuestro trabajo, nuestra filosofía de formación no sea la más comercial, no me importa, no vivo de mis alumnos, no hago negocio a costa de ellos, así que me siento libre para prescindir de quien no busca lo mismo que nosotros en el Dôjô. Busco que todos ellos saquen una sola cosa realmente, capacidad para sobrevivir, darles una opción, una oportunidad de lograrlo, si ellos quieren pues por desgracia cuando llegue el momento y estadísticamente llegará, no estaré allí con ellos y deberán tomar sus propias decisiones y vivir de acuerdo a las mismas.

He marcado unas pautas en mi formación personal y en la que imparto y muchas no son físicas sino psicológicas así que hablar se vuelve imprescindible, el Kuden, la transmisión oral, antiguamente un valor secreto reservado a los estudiantes avanzados, hoy día se hace más necesaria que nunca. Cierto zoquete en un blog decía algo así como “…dejemos de hablar y entrenemos….” Pues bien, rezo para que nunca vengan a pedirle explicaciones de porque el Budô Cósmico (gracias Arnaud por este término tan acertado) le ha costado la vida a un alumno suyo, porque entonces las palabras sacadas de libros de autoayuda o de textos filosóficos no servirán de mucho. Entrenar, hablar, sentir es un Sanshin tan vital como Shin Gi Tai o Shu Ha Ri. Vamos a dejar de “jugar” como niños y fingir ser “guerreros” cuando sólo quieres ser un pseudo maestro de pacotilla o un aspirante a Padawan y pongámonos las “pilas” y vamos a procurar formar guerreros y formarnos a nosotros mismos como guerreros, hacemos Artes Guerreras no lo olvidemos. Quien olvida de donde viene, pierde la percepción de hacia dónde va. Venimos de la guerra y estamos en guerra, no se nos olvide.

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