MEDITANDO SOBRE LOS ESTUDIANTES

Muchas personas contactan con mi Dôjô mensualmente ya sea por mail, teléfono, o incluso WhatsApp, sin contar aquellas que deciden hacerlo directamente visitándonos en nuestras instalaciones. Hay quien viene interesado por la tradición que imparto, por lo métodos de combate ancestrales, las armas y por qué no por el folklore que rodea a todo ello. Otros buscan una herramienta válida y realista de supervivencia y auto protección. Por sus trabajos en el sector de la seguridad pública o privada, el mundo militar o en profesiones de riesgo, aunque también personas con trabajos y ocupaciones normales sienten la necesidad de formarse para sentirse más seguros en este cada vez más inestable escenario global que nos está tocando vivir. Hay gente que toma esa decisión por vez primera, no se habían planteado hasta hace bien poco esa necesidad real de formación que trasciende el mero hobby, pasatiempo o afición de fin de semana. Otros llevan ya tiempo en la búsqueda y vienen cual bola en un pinball rebotados de un arte marcial o sistema de combate en otro, en ocasiones desilusionados y en otras simplemente buscando “algo más”.

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Lo cierto es que llegan y vienen con muchas preguntas pero con poca capacidad para aceptar las respuestas. Creo que cuando uno emprende una búsqueda un elemento esencial es una mente abierta y flexible ante las nuevas ideas y puntos de vista que se te pueden ofrecer durante tu camino, en esa búsqueda. Hay muchas ganas y no poco interés pero demasiados “pero si….”, si, pero…..” en sus bocas. Uno puede contestar a sus dudas y preguntas de la mejor manera posible pero sin una mente dispuesta a aceptar cambios y visiones distintas a la suya propia difícilmente las respuestas les satisfarán realmente. Si añadimos a esto que aquellos que finalmente toman la decisión de apuntarse a la actividad no ponen en muchas ocasiones auténtico interés en la formación que se les imparte, que no están dispuestos a comprometerse con la actividad como la actividad necesita para serles realmente de utilidad en sus vidas, el resultado son abandonos prematuros a las pocas clases y en el mejor de los casos al mes o mes y medio de iniciar su formación. Justo cuando deben comenzar a invertir “dinero” en equipamiento y documentación básica para poder asistir a las clases (siempre digo que es un buen indicativo o “filtro” el momento en que se le solicita al “cliente” la compra del GI y la tramitación de la licencia de Japón anual….).

Estas personas que se embarcan en el entrenamiento y abandonan el mismo a las primeras de cambio, en ocasiones a la segunda clase (recuerdo una parejita que vinieron a ver una clase. La chica estaba muy interesada pero el novio al ver la segunda proyección que apliqué sobre un alumno agarró a su novia sacándola a empujones de la sala sin decir adiós 😀 o un chico que vino a preguntar y duró 9 minutos en la sala porque después del primer “trompazo” que se llevó un alumno se dio cuenta de que realmente no buscaba lo que mi Dôjô le ofrecía, realmente no sabía lo que buscaba….ahora hace pesas en el gimnasio 😀 ) Ya ni comento aquellos que se apuntan y al mes se dan de baja del gimnasio, no de la actividad, sino del centro deportivo al completo sin mediar palabra o te envían un WhatsApp a modo de despedida…algo penoso que habla de esas personas más de lo que ellas quisieran….

Pues bien al hablar en mi Dôjô de todas esas personas siempre digo que son personas que han fracasado antes tan siquiera de comenzar. Es triste que te hagan perder el tiempo personas así aunque más triste es ver como personas que ya llevan un tiempo de formación abandonan. Lo hacen a veces por causas de fuerza mayor, entonces tienen mis respetos, comprensión y simpatía totales, pero cuando no es así siento que su rotundo fracaso es en parte, tal vez, culpa mía y que no supe motivarles e ilusionarles durante su formación. Nunca pienso que mi actividad sea la causa, ni los compañeros de entreno, pero he de poner un porcentaje de potencial culpa en mí mismo como forma de permanente auto critica. Si es cierto que ciertos fracasos y desilusiones acontecidas con el devenir de los años con personas en las que llegaste a confiar y volcar expectativas e ilusiones te hacen poco a poco volverte más distante y tal vez eso impida hoy día una relación Alumno – Maestro más fluida. Hay formadores, si es que se les puede llamar así, que simplemente entrenan físicamente día tras día, centrados en el proceso Taiden, en la transmisión física de nuestro Budô, sin embargo olvidan el Kuden, en ocasiones realmente no lo olvidan simplemente no tienen nada auténticamente importante o útil que decir…. Algunos de estos formadores que se saltan el Kuden, terminan en un extraño y místico proceso escudados en la transmisión Shinden, un total despropósito, pero vamos que no voy a profundizar en ello que últimamente hay mucho susceptible leyendo mis escritos. Lo cierto es que el equilibrio en la formación es esencial para quien imparte la misma como para quien la recibe.

A modo de ejemplo siempre hablo del trabajo con armas blancas. Tal vez porque es un ejemplo actual y a la vez muy específico de estas conductas y de muchas actitudes de las que he hablado a lo largo del post. Todos saben que es un tema esencial hoy día y en mi caso hay mucha gente que viene a mi Dôjô en gran medida por el mismo. Hay quien al comenzar a hablarles del tema se ponen pálidos y comienzan a recular rápidamente. Es lo que yo llamo el “crudo choque de morros con la realidad”. Una realidad que hasta ese momento nadie se había molestado en comentarles de forma cruda, directa y sincera. Entiendo que a muchos les asuste, pero “suavizar esa realidad o andar con paños calientes” al hablar de ella es estúpido. Recuerdo que en cierta entrevista de radio se me pidió que no hablara de esos temas porque “creaban alarma social y malestar en los oyentes”, es evidente que hice caso a mi entrevistador, aunque pensé que tratándose el mismo entrevistador de un artista marcial me parecía una estupidez mayúscula lo que me pedía y denotaba su falta de conexión con la realidad. Cuando formo a mis estudiantes en esta área siempre les digo que huyan de los “expertos” en estas lides porque no existen. Existen personas con experiencia y conocimiento en esta área y sobretodo con los pies en el suelo más allá de sistemas, métodos o artes. Que hay indicadores que les harán detectar al “experto” del profesional, del vendedor de humo del formador capacitado. Cuando el estudiante comprende los puntos de vista que le expongo y los asumen como suyos, sé que vamos por buen camino y que tal vez ese estudiante realmente se está comprometiendo con nuestro Budô. No por comprarse el GI o el material de entreno, no por hacer los trámites administrativos, sino por tener una mente abierta capaz de aceptar nuevas premisas y paradigmas. Una mente flexible para aceptar otros puntos de vista, otros conceptos más allá de lo habitualmente tratado en la mayoría de los sitios.

Aun con todo ello el fracaso siempre está ahí presente y aunque hay quien dice que el fracaso no es una opción, lo cierto es que debemos aceptar que unos siguen y otros fracasan y abandonan. Como formador debo mirar por quienes continúan y no mirar, en la medida de lo posible hacia atrás, hacia los que se quedaron por el camino. Ellos decidieron libremente, sus vidas deben seguir así como las de aquellos que seguimos el camino del Budô de mi Sensei lo hacemos.

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