ESTE COPIA, ESE IMITA Y TÚ ¿QUÉ HACES?

Recientemente vi publicada la siguiente reflexión: “Cuando alguien vive de la copia, es solo eso… una copia… jamás original. Si te imitan significa que estás haciendo las cosas bien…”. La cita fue horas después modificada y retocada, pero este fragmento permaneció invariable. La verdad es que esta cita no hace más que reforzarme en algunos puntos que creo suficientemente interesantes como para compartirlos con aquellos que asiduamente visitan mi blog (tanto los que lo reconocen como los que no).

El primer punto es evidente. Hay una clara diferencia entre copiar e imitar, que parece que a ciertas personas les cuesta entender. La persona que copia pretende ser una réplica del original, mientras que quien imita, sólo busca quedarse con aquellos elementos diferenciadores y generalmente positivos de a qué o a quien imita. Permitidme que me explique con un simple ejemplo. Un falsificador hace copias de las obras de arte, buscando que la similitud entre ambas sea tal que no se distinga la verdadera de la falsa. Un pintor cuando ejercita su técnica y pule su estilo, sobre todo cuando es un pintor novel, “copiando” un cuadro de un maestro de la pintura, pongamos por caso Goya, no busca crear en su lienzo una fotocopia o fotografía del original en el cual se está inspirando, sino captar los elementos que hacen de esa obra un ejemplo representativo del talento magistral del pintor español. Busca capturar su esencia, los elementos esenciales que maneja y los detalles y sutilezas que emplea.

Bien, pues si eso lo trasladamos al Budô, donde hay muchas fotocopias circulando, aquel que copia está irremediablemente abocado a seguir el destino del “original”, para bien o para mal. Por ello, lo importante antes de nada es decidir o seleccionar bien a quien se copia. No todos son buenos como modelos. Copiar es perder nuestra identidad, sucumbiendo a la personalidad del “original” aunque sea en detrimento nuestro. No seremos conscientes de que estamos copiando a quien no debemos hasta que ya sea demasiado tarde.

Por otro lado quien imita, procura quedarse con aquello que considera positivo del”original”, y desprenderse de todo lo que signifique algo negativo. Al imitar debe esforzarse por mantener su identidad, y a la vez “metabolizar” la esencia (gokui), los elementos esenciales (kaname), y los detalles y sutilezas (kotsu) del “original”. A alguien que copia le cuesta mucho más esfuerzo copiar a más de un “original”, pero quien imita puede hacerlo con relativa facilidad de múltiples “originales”. Recuerden que hay una primera fase de nuestro entrenamiento llamada “Saru no Keiko”, el entrenamiento del mono. Como bien todos sabemos los monos no copian….imitan. ¿Lo van pillando?…espero que sí.

Pero hay un segundo punto en la cita con la que comenzaba este post que me preocupa más, y es creer que porque le estén copiando a uno eso es signo o evidencia de que uno está haciendo bien las cosas. Ahí sí que discrepo. Primero, hay que tener algo más de humildad. No puedo pensar que si un estudiante u otro instructor me imita es por lo bueno que soy…el ego juega malas pasadas, a todos, sin excepción. Más bien uno debería pensar en el porqué, en cómo es que le copian a uno cuando hay personas mucho más competentes que nosotros. Es entonces cuando pienso que tal vez me copien no porque sea bueno, sino porque ellos son demasiado malos para darse cuenta del mal ejemplo que soy en comparación con otros. Estoy tratando de ser amable en mis palabras, espero que sepan leer entre líneas como estoy seguro que muchos sabrán hacerlo.

Personalmente a mis estudiantes les pido que hasta Shodan me imiten, que de Shodan a Yondan me escuchen y estudien, pero que comiencen a centrarse más en el arte y menos en el profesor, en mí, y más en mi Sensei. Nunca pido que nadie me copie, es más, si veo que alguien lo hace lo reprendo severamente. Si yo no copio ni he copiado a nadie, mi alumno tampoco tiene porqué hacerlo. Sí les pido que estudien y observen. Estas dos cosas son esenciales, estudiar y observar. Tanto en el entrenamiento como en nuestras vidas, es de esos dos comportamientos de donde nace el conocimiento real para cualquier situación. Entrenar estudiando y observando, ya sea en una clase en el Dôjô o en un seminario, estudiando y observando tanto a quien lo imparte como a quienes asisten al mismo. Uno descubre cosas muy interesantes cuando no presta el 100% de su atención al ponente del seminario, y sí más atención a quienes le rodean, empezando por su compañero de prácticas. Igualmente, al leer un libro o visionar un DVD, uno entrena con la mente, estudia y observa, nunca paramos de entrenar, estudiar y observar.

Hay un personaje del inmortal Alfredo Landa, Germán Areta, protagonista de los films magistrales de José Luis Garci, “El Crak I y II”. Landa interpreta a un ex policía venido a menos, reconvertido en detective privado, duro, serio, y muy honesto. En una escena del film le preguntan sobre su trabajo como investigador, y dice con semblante serio a su interlocutor: mi oficio consta de tres cosas: Observar, observar y observar. Pues bien, el Budô es en gran parte observar, observar y observar. Después, estudiar, estudiar y estudiar. Y por último, pero no menos esencial, entrenar, entrenar y entrenar. Pero nunca copiar, y sólo imitar en momentos concretos y a los modelos más acertados.

Mi consejo, aléjense de los divos, que en el Budô los hay, y céntrense en aquellos que caminan por la vida como guerreros auténticos, sin meter ruido, sin llamar la atención, sin soltar frases grandilocuentes cada dos por tres, sin predicar, pero a los que nadie se enfrenta cara a cara y sólo por la espalda y de manera vil, porque en el fondo son conscientes de su grandeza y de su poder y su fuerza. Como decía Joaquín Sabina, “no vivas como he vivido yo…”, ese es mi camino, haz el tuyo propio, no seas una mera fotocopia, no copies, sólo imita en caso de necesidad y siempre por tiempo limitado.

 

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2 pensamientos en “ESTE COPIA, ESE IMITA Y TÚ ¿QUÉ HACES?

  1. excelente texto! lástima que muchos no se darán por aludidos, ni se dan cuenta, y seguirán pegaditos a sus gurús, babeando ante sus palabras vacías y sus prédicas grandilocuentes que luego ni ellos mismos se creen ni mucho menos ponen en práctica…

    • Dicen que para que el mal triunfe sólo hace falta que los hombres buenos no hagan nada. Es por eso que siempre he creído en hacer “algo” por poco o insignificante que pueda ser, porque no quiero que esa gente crea que también soy un cordero como los demás, un tonto que se cree sus estupideces. A veces la gente buena ha de dar señales para no ser tomados por tontos de buenos o prudentes que somos.

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