ONDAS EN UN ESTANQUE

Hace poco, cuando traducía un texto de Arnaud con el fin de publicarlo en el blog me llamó la atención el énfasis que ese texto hacia en un concepto o idea en concreto. Me refiero a entrenar a cámara lenta, despacio, lentamente. Arnaud con su amplia cultura utiliza la imagen de la secuencia de Fibonacci invirtiendo el sentido de crecimiento de la curva. Lo curioso de todo ello es que desde hace mucho, mucho tiempo en mi Dôjô repito muy frecuentemente un concepto: la velocidad mata. Aunque podría ser una frase para un anuncio de la Dirección General de Tráfico (DGT) la verdad es que es un enfoque que intento hacer llegar a mis estudiantes. Cuanto más rápido, más errores cometes. La velocidad genera precipitación y esta nos lleva al error y estos nos pueden llevar a la derrota o directamente a la muerte. Arnaud lo deja bastante claro en su texto. Si entrenas con excesiva velocidad no das tiempo a tu cuerpo a aprender correctamente la ejecución de los movimientos y no das tiempo a tu mente a lograr percibir la totalidad de la información que se nos ofrece. Como decía Sir Francis Bacon: “la información es poder”. Si limitas tus opciones para procesar toda la información a la que tienes o puedes tener acceso, estas limitando tus posibilidades de sobrevivir. La velocidad puede poner en peligro la integridad física de tu compañero de entrenamiento innecesariamente pero también nos ofrece una visión deformada de la eficacia real del Budô del Sensei. Con el conocimiento adecuado uno puede, como hace Nagato Shihan, moverse con relativa tranquilidad aun cuando el agresor nos ataque con toda su velocidad. Superar o sobrevivir a un ataque explosivo, rápido, no necesita de una reacción “relámpago” sino todo lo contrario, de una reacción controlada, serena, sensata. Es evidente que muchos discreparan de estas palabras pero creo que serán aquellos que no han entendido, tengan el grado que tengan, las enseñanzas del Sensei y como ponerlas en práctica o simplemente no han visto moverse al Sensei (ahora alguno dirá que sus uke “se tiran” o “se dejan llevar”, si hay dudas sobre eso pregúnteles a Arnaud o Juan Manuel Serrano, que son frecuentemente Uke del Sôke). No quiero sonar pretencioso, estoy a muchos años de poder entender todas las implicaciones de sus enseñanzas, pero si se que después de 30 años, mi nivel de inglés no me impide traducir los textos de Arnaud, porque ambos hablamos un idioma común, el idiomas de las enseñanzas de Hatsumi Sensei.

Siguiendo con el concepto de la curva de la secuencia de Fibonacci, recordé como les suelo comentar muy frecuentemente a mis estudiantes que a la hora de entrenar, a la hora de aprender y crecer en este Budô, a la hora de llegar al “ansiado” 15ºDan, la formula no es buscar el camino más rápido, fácil o directo. En el caso del Budô de Sensei la distancia entre dos puntos no es la línea recta. La realidad, la vida real (Jissen) nos muestra que Sensei ha enseñado y enseña por ciclos muy bien diferenciados. Estos ciclos nos han permitido conocer bien las bases, mas tarde nos han ayudado a profundizar en las escuelas y después ha creído que podía comenzar a enseñar un nivel de consciencia más elevado y comenzó el ciclo del Juppô Sessho. Lo interesante es que a nivel meramente técnico y sobre todo antropológico ha realizado la misma curva inversa de Fibonacci de la que Arnaud hablaba. El ejemplo más claro lo tenemos en la enseñanza del uso del sable. En un primer momento nos enseñó el uso y las estrategias de la Katana. Con el tiempo nos mostró las distintas escuelas a través del uso de los distintos y personales tipos de sable de cada Ryû. Más tarde involucionó hacia tiempos mas antiguos y concretamente hacia el Tachi y ahora nos lleva un paso más atrás en el tiempo hacia el ken (Tsurugi). Por un lado sus enseñanzas nos llevan a un crecimiento basado en la tradición, en los conocimientos heredados de la antigüedad y gracias a las enseñanzas legadas por Takamatsu Sensei. Es una mirada al pasado. Ese camino de crecimiento y evolución que nos ofrece el Sensei con sus enseñanzas, capaces de adaptarse a los tiempos y necesidades actuales, nos lleva a expandirnos, avanzando en diversas direcciones, con gran libertad pero también con gran solidez y seguridad.

Como en un estanque, cuando arrojamos una piedra, esta genera ondas caiga donde caiga la piedra, estas ondas llegaran hasta los confines del estanque. De igual modo cuando nos zambullimos en el Budô de Bujinkan, en las enseñanzas del Sensei, se generan unas “ondas” que se desplazan en todas direcciones y que no tienen fin, como tampoco lo tiene el Budô del Sensei. Por eso siempre digo que para llegar al 15ºDan el camino no es la velocidad, la línea recta, el camino más corto, el camino fácil. Por el contrario el camino más efectivo y enriquecedor es el movimiento en espiral (ondas). Siempre manteniendo un punto central, las bases, avanzando, abarcando cada vez más terreno pero no solamente hacia adelante sino en todas las direcciones. Eso nos permite tener presente la historia y tradición, los Ryû, “caminando” hacia atrás o “caminando” hacia adelante mediante la evolución y adaptación a nuestras necesidades del Budô de la Bujinkan, gracias a las enseñanzas del Sensei podemos avanzar y madurar. Por ello es esencial no dar por dominado ningún aspecto de nuestro entrenamiento, no dar por comprendido ningún aspecto de las enseñanzas del Sensei porque a la mínima, a poco que te descuides te llevaras una sorpresa con un nuevo giro, un nuevo enfoque que de seguro Sensei nos tiene reservados aun muchos. Hoy día en un ataque de humildad, algunos que antes firmaban de forma ostentosa, mencionando grado, estatus, etc. (recuerdo firmas de compañeros donde se autodenominaban “Menkyo Kaiden”), hoy lo hacen como Daniel Hernández, mi hermano argentino, lo lleva haciendo desde hace ya muchos años: “un alumno del Sôke”. Como Arnaud ha comentado con acierto en sus últimos textos, todos seguimos siendo alumnos porque el Budô del Sensei cambia, se adapta, fluye y no se detiene, es un ser vivo y eso nos motiva a seguir aprendiendo, estudiando, entrenando, por siempre, porque el día que realimente dejemos de aprender o pensemos que ya lo sabemos todo…. Mal día será ese.

 

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