QUIEN PUEDE LO HACE, QUIEN NO, LO ENSEÑA

Quien puede lo hace, quien no, lo enseña. Esta frase tiene un mensaje claro pero que lamentablemente a veces es malinterpretado por error o por conveniencia. Esta frase nos remite a tiempos antiguos cuando la longevidad de las personas no era la actual. Hace unos cuantos siglos atrás, la media de edad, sobre todo en países con una situación bélica casi permanente, era bastante más baja. Por ello en los Dôjô de las escuelas o Ryû de la época se usaba un concepto de formación muy frecuentemente: Shugyo. El estudiante recibía de su Maestro entrenamiento en las bases, conceptos y principios del Ryû, pero una vez llegado a cierto nivel, se le solía dar un Menkyo al estudiante, certificándolo como experto en dicho Ryû. En ese momento el estudiante abandonaba la seguridad del Dôjô, la protección de su Maestro y su Ryû para comenzar un viaje errante por Japón con el objetivo de desarrollar sus habilidades y conocimientos entrenados hasta ese momento. Esto se hacía de diversas formas. En ocasiones viajando por el país buscando nuevos Maestros, muchas veces antiguos alumnos sénior de su Maestro y de su Ryû con la intención de aprender de sus experiencias y conocimientos adquiridos. En otras ocasiones acudiendo al Dôjô de otros Ryû, a veces para estudiar la forma en que aquellos enfocaban la lucha o el combate ya fuera de forma oficial como practicante externo durante un tiempo o de forma más bien furtiva. En otras ocasiones retando a una u otra escuela a un enfrentamiento más o menos amistoso en donde poner a prueba, cual crisol, sus conocimientos y aprendiendo de cada experiencia de este tipo. Si se repasa la biografía de Takamatsu Sensei, en su juventud participó en varios de esos encuentros “amistosos”, llegando a perder audición en un oído a causa de un golpe en uno de esos enfrentamientos.

Esto es una parte del Shugyo, un viaje de aprendizaje que hoy día se puede seguir haciendo sin tener que ir de Dôjô en Dôjô retando a nadie ni teniendo que entrenar o practicar otros estilos, si uno no quiere, claro. La formula es el estudio e investigación a través de los medios que hoy día se nos ofrecen (libros, DVD, Internet y seminarios o cursos con otros instructores si hablamos en concreto de nuestra propia escuela). De esta forma estudias las bases de estilos que tal vez, desgraciadamente, un día te encuentres frente a ti en una agresión en la calle o descubras otros puntos de vista sobre tu propia tradición. Conozco un Shihan que en cierto momento me criticó, por la espalda eso sí, diciendo que yo tenía un excesivo interés por otros sistemas y que dicho interés se centraba en usar esos conocimientos para suplir mis carencias y mezclar todos esos conocimientos en mi entrenamiento o en mis clases. Lamentablemente ese Shihan es imbécil, porque él mismo durante mucho tiempo simultaneó la práctica de Bujinkan con otros estilos pero ya se sabe, es fácil ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el tuyo propio. No entendió ni creo que entienda que uno debe seguir creciendo y eso nos obliga a descubrir los puntos débiles de nuestra formación o entrenamiento para en la medida de lo posible subsanarlos. En fin esto no pasa de anécdota….

Retomando el inicio de este texto, y la mal interpretada muchas veces frase que mencionaba, es evidente los motivos que la generaron. En aquella época, se llegaba a cierta edad en la que era mas difícil ya realizar ciertos movimientos y proezas físicas pero esa falta de “movimiento” se suplía por conocimiento y experiencia. Esto ocurre incluso hoy en día, no hace falta ir más lejos, observar al Sensei, a sus 82 años, es evidente que la edad pasa factura pero nadie jamás lo diría porque su poder, su carisma, su fuerza interior, sus conocimientos, experiencia y habilidad se han adaptado a su edad, creciendo exponencialmente y dejan en pañales a más de uno que se cree fuerte y capaz de comerse el mundo. El Sensei llega y lo hace rodar y arrastrarse por el suelo, gritar de dolor, no es algo fingido como algunos tontos creen, es real y es fruto de todo y más de lo anteriormente he mencionado. Hoy día el Sensei quiere que sus enseñanzas lleguen a todos aquellos que las busquen con un corazón puro y sincero. Por ello sus alumnos tenemos muy distintas edades, formación, enfoque, pensamiento, etc.… pero todos estamos unidos irremediablemente por el amor y el respeto a nuestro Sensei y a su legado. Por ello hay quienes en un tiempo entrenamos y enseñamos muy fuerte y duro y que hoy día no nos es posible, pero que no por ello sino que en parte gracias a ello hemos evolucionado más que muchos porque el camino ha sido más cuesta arriba y nos ha obligado a un mayor sacrifico y esfuerzo. Un esfuerzo y sacrificio por comprender, entender, asimilar, contemporizar y enseñar o transmitir las enseñanzas del Sensei. Por ello aquellos que usan esa frase de forma despectiva, lamento decirles que están muy ciegos, su ego no les deja ver la realidad, no importa el grado que tengan o su edad, se equivocan. Son libres de seguir en dicha equivocación pero yo también soy libre de “hacerles ver” que en el mundo no sólo está su voz para ser escuchada.

Por todo ello siempre digo a mis estudiantes que hay un tiempo para entrenar y aprender las bases, Sensei habla de ese tiempo como “los primeros 20 años” o la etapa Omote. En una segunda fase, comienzas a utilizar, aplicar esos conocimientos y ellos a su vez generan nuevos conocimientos, cada experiencia te nutre de mas información, en una palabra, expandes y haces tuyo el legado de tu Sensei, a esto el Sôke lo denomina “los segundos 20 años” o la etapa Ura  (estoy justo a la mitad de ese periodo, pero a veces me siento todavía en muchos aspectos en el primero, cosa nada mala por otra parte, pues quien olvida el origen pierde sus cimientos o raíces y se debilita a sí mismo). Hay un tercer periodo de 20 años en que uno disfruta de la vida y del Budô, Sensei está en ese periodo de gracia donde se mueve en un Budô intangible, sutil que si no estás creciendo y evolucionando de forma correcta, si has roto tu conexión con sus enseñanzas y con él, poco a poco dejas de percibirlo y simplemente tiendes al origen de todo, imitar o copiar lo que ves (Saru no keiko o el entrenamiento del mono), eso si, tal vez seas un imitador con un alto grado, pero sólo eso, un imitador. Así que cuando usen esa frase, intenten hacerlo en su justa medida, no sean derrotados por sus egos y sean sinceros consigo mismos y usen la frase adecuadamente, no cuesta nada.

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Un pensamiento en “QUIEN PUEDE LO HACE, QUIEN NO, LO ENSEÑA

  1. “Si hacer es tener.
    Donde queda la experiencia de ese hacer.
    Así que lo noble de esa enseñanza es saber que tener, es seguir enceñando”…
    Pidi Tabares
    F#235

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