VER Y OBSERVAR

Hace unos días al terminar una de las clases sobre protección personal que imparto regularmente en una asociación de mujeres, una de ellas sacó a relucir una cuestión. En concreto le preocupaba algo que había comenzado a observar a medida que les impartía clase y realizaba comentarios con la intención de aportarles ideas. Uno de esos comentarios es que mucha gente no ve la diferencia entre ver y mirar. A través de las clases que les imparto ella estaba logrando ser consciente de que cosas sólo está viendo y cuales miraba y más importante aun que cosas deja de ver y mirar.

Si nos centramos en la definición que la RAE nos dicta sobre estos dos términos podríamos notar que son sumamente parecidos pero si se percibe un tono de profundidad, concentración y atención al acto de mirar respecto de ver. Para evitar confusiones por usar un vocablo u otro suelo usar la expresión “ver y observar” con el fin de diferenciar algo mas las connotaciones de ambas acciones.

Una persona utiliza los ojos para ver, pero es a través de la mente, que interpreta esa información, gracias a la cual puede analizar y observar en profundidad aquello que ve.

Un ejemplo sencillo está en los pasatiempos de periódicos y revistas. El juego de las diferencias. Se nos ofrecen dos imágenes “aparentemente” iguales pero existen un número concreto de diferencias. La base de este sencillo juego se basa en el concepto de “ver y observar”. Cuando “vemos” las imágenes nos parecen iguales, el motivo es que la información que los ojos facilitan es similar a la fotografía de una cámara, es lo que es, ves lo que ves, simplemente. Pero más allá, el cerebro es capaz de observar y comparar ambas imágenes analizándolas, comparándolas y descubriendo las más o menos sutiles diferencias. Los ojos “sólo” ven, el cerebro es quien realmente observa.

Recuerdo un alumno invidente que me sorprendió un día en una clase. Se había extraviado un objeto, no recuerdo que ni de quien, pero el caso es que no lo encontrábamos por más que buscábamos tanto en el tatami como en los vestuarios. Un compañero solía hablar en voz alta y describir lo que hacíamos y lo que él mismo veía para ayudar a su compañero a situarse en la escena, para integrarlo. De repente nos dijo: “eh si buscáis en esa esquina creo que lo encontrareis”. Sorprendentemente así fue. Cuando le preguntamos como lo había adivinado, él sonriente nos dijo: no he averiguado nada, le los habéis dicho vosotros”. Mientras buscábamos íbamos hablando y comentando detalles de la búsqueda, estos datos que inconscientemente le facilitábamos unidos a los datos “oficiales” que su compañero le administraba hicieron que se percatara de donde estaba el objeto. No podía ver así que no tenía una imagen de referencia que le pudiese desorientar o distorsionar la información, por el contrario “observaba” nuestras acciones y las analizaba mentalmente así fue descartando sitios y dio con el lugar adecuado. Recuerdo esa lección que nos dio mi alumno ese día con gran admiración.

Todo ello me devuelve al inicio de este post, la capacidad para ver y observar dentro de una situación de riesgo. Ese tema sacado al final de una de mis clases me permitió durante las siguientes clases incidir sobre la necesidad de no fiarse de aquello que “vemos” a simple vista, de forma espontanea. Necesitamos observar con cuidado, aunque hacerlo signifique invertir unos segundos más. Tal vez en la calle no los tengamos pero si entrenamos arduamente muy posiblemente no los necesitemos porque habremos logrado hacer hábito la costumbre de observar y no simplemente ver. Observar un gesto, un detalle al andar, un bulto bajo la ropa, una mirada o una actitud “fuera de lugar” nos puede prevenir o alertar de que algo malo puede estar a punto de pasar. Si nos obligamos a seguir nuestro instinto e intuición a través de la observación y el análisis veremos que a nuestro alrededor ocurren infinidad de cosas de las que estábamos totalmente ignorantes, “ciegos”. Así es posible poder evitar una situación delicada, es factible detectar una potencial amenaza o nos puede permitir tomar decisiones eficaces en momentos de mucho estrés.

Mientas asistía a un seminario sobre potenciación de la memoria impartido por un “mentalista” muy conocido, pude con cierto asombro observar que muchos de sus protocolos, pautas, trucos y ejercicios para mejorar la capacidad de observación y retención de la información visual y auditiva ya los llevaba poniendo en práctica en mis clases desde hacia bastantes años. Creo que es la coherencia y la lógica unidas a una mente en calma, serena y a un cierto estado “Mu” lo que permite “ver” de verdad mas allá de la mera visión de todo cuanto nos rodea. Hay al respecto dos frases que suelo repetir mucho en mis clases:

“confía pero verifica” y “créete la mitad de lo que veas y la cuarta parte de lo que oigas”.

Estas frases suelo usarlas en contra oposición al manido y muchas veces mal usado dicho popular de: “cuando el rio suena, agua lleva”. La realidad es que si no observamos, certificamos o verificamos que aquello que nuestros oídos escuchan y asumen como agua es realmente agua, estaremos entrando en el terreno de la suposición o especulación, nunca en el terreno de la realidad, la verdad. Esto es aplicable no solamente a temas meramente físicos sino a todo tipo de situaciones de nuestras vidas cotidianas donde, la información sesgada facilitada por una parte interesada o en conflicto con otras puede hacernos tomar decisiones basadas en falacias, mentiras o medias verdades. En los cuerpos de elite policiales y militares es vital para su efectividad operativa que su departamento de información verifique cada dato que facilita, un dato erróneo podría dar al traste con un operativo o causar pérdidas de vidas humanas innecesariamente.

Meditad sobre todo ello, a mis alumnos, alumnas y a mí mismo nos ha servido muy eficazmente ser capaces de evolucionar del concepto de “ver” al de “observar” y al de “analizar”, de ellos parten la toma de las decisiones mas acertadas.

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