TRES OPCIONES

En la calle lamentablemente en un enfrentamiento o agresión ilegitima y no provocada la posibilidad de equidad o igualdad en la lucha por nuestra supervivencia es francamente nula. Quiero decir que en muy pocas ocasiones vamos a estar en igualdad de condiciones que nuestro agresor. Basta con detenernos a pensar un segundo en que el agresor es quien en el 90% de los casos toma totalmente la iniciativa y en el 100% de los casos quien tiene la intención de agredir o atentar contra nuestra vida. Por ello elegirá bien, si le es posible, el momento, lugar, arma con que atacarnos. Nosotros por nuestra parte “victimas” no sólo del agresor sino de las propias leyes nos vemos en la mayoría de los casos desarmados, sorprendidos y muchas veces comprometidos por la presencia de terceras personas totalmente inocentes (esposa, hijos, novia, etc.…) a las que tenemos que proteger también aumentando con ello nuestra responsabilidad y nuestro estrés físico y mental.

En toda agresión básicamente se pueden dar tres opciones o escenarios básicos: el agresor va armado y nosotros no, el agresor va armado y nosotros también lo estamos y por ultimo el agresor no va armado y nosotros si. En verdad existe una cuarta opción, el agresor y nosotros no vamos armados. Pero hoy quiero centrarme en aquellas opciones donde aparece el uso o la intervención de armas en la agresión. En concreto las armas por excelencia en la actualidad son las armas blancas, ya sean cuchillos, navajas, objetos cortantes y/o punzantes. Podríamos ser atacados por armas contundentes o incuso por armas de fuego pero por lo fáciles de ocultar, portar, comprar y usar las armas blancas son sin duda la principal opción de un agresor cuando quiere ir armado, pero también de un ciudadano cuando quiere sentirse seguro. En los EE.UU hay una gran tradición o cultura en cuanto a armas de fuego cortas y largas de todo tipo, calibre, etc.… en España sin embargo la tradición mas extendida, en gran medida por el sentir rural arraigado todavía en muchas zonas y porque la legislación lo permite mas fácilmente, somos cultura de escopetas y rifles destinados a la caza. Por ello salvo a las fuerzas de seguridad del estado, escoltas privados y seguridad privada, la posibilidad de portar armas de fuego cortas para auto protección es prácticamente imposible o al menos muy difícil. Este es otro factor que hace que las armas blancas sean la alternativa perfecta o al menos la más asequible.

Sin extenderme mucho quisiera hablar, aunque en otros textos ya lo hice anteriormente, sobre estas tres opciones con armas de las que hablaba al principio. Cuando el agresor esgrime un arma blanca y nosotros no estamos armados y entiéndase por armados que no disponemos de un arma de iguales o similares características que equilibren físicamente la situación, tenemos pocas posibilidades de salir con bien. Lo mas aconsejable es la huida, la evasión o salida del escenario de la agresión lo antes posible. Si no fuera factible, entonces toca negociar con el agresor e intentar evitar daños mayores, es así de sencillo pese a quien le pese. Si el agresor solamente intimida con el arma en busca de sus “objetivos” todavía podemos tener posibilidades de salir “de una pieza”. No ocurrirá lo mismo si el agresor directamente pretende atentar contra nuestra vida, en ese caso no habrá tiempo para amenazas superfluas o para “diálogos absurdos”, el agresor ira por nosotros y por nuestra vida de forma expeditiva. En esas ocasiones me viene a la cabeza un dicho popular: “mejor tener y no usar, que necesitar y no tener” lastima que por miedo a las acciones de la justicia o de los agentes de la ley muchas personas no tengan a mano algo con que proteger sus vidas, porque como dice otro dicho popular: “la policía nunca está cuando la necesitas”. Con ello quiero decir que no esperemos y no pongamos nuestra vida en manos de terceras personas, sólo nosotros, que estamos “aquí y ahora”, podemos salvar nuestra vida.

La segunda opción es la más equitativa en justicia, algunos la llaman situación de “duelo” por que ambos disponemos de armas blancas o en su defecto algún objeto capaz de hacer las veces de las mismas. Aquí el agresor que “intimida” suele retirarse prudentemente en muchas ocasiones pues aprecia su integridad física tanto como nosotros, es algo psicológico. Aquellos obstinados en atentar contra nosotros lo tendrán mucho más difícil. En contra de lo que mucha gente cree, se puede usar un cuchillo o navaja y no matar al agresor y salir ambos con vida, aunque el agresor salga dañado o herido, conservará la vida. No es necesario matar para sobrevivir en una agresión. Cierto es que la máxima popular dice: “primero mi vida y luego la vida de aquel que pretende arrebatármela” en clara alusión a que MI vida es mas preciosa para MI que la suya, por mucho que la ética o la moral nos pretendan inculcar otras cosas. Esta situación de equidad puede darse cuando nosotros accedemos a objetos de nuestro entorno para convertirlos en improvisadas armas blancas, no hace falta que portemos un arma blanca de ningún tipo, aunque nunca estaría de mas llevar una o dos con nosotros. Que quede claro que no abogo por el uso, tenencia o porte de armas blancas pero no conozco todavía un cuchillo que matase a nadie, siempre lo hizo la mano del hombre o mujer que lo empuñaba en última instancia. No miremos al arma sino a quien la esgrime, él es quien mata no el arma, ella es sólo la herramienta el vehiculo para la intención del ser humano.

La tercera opción es para mi gusto u opinión la mas delicada jurídicamente hablando, me refiero a que el agresor no porte armas y nosotros si. En ese caso la situación de legítima defensa se va a hacer puñetas, ¿Qué haces con un arma blanca en tu mano cuando se supone que eres el agredido y dicho agresor va desarmado? Uno contestaría que defenderse pero las autoridades no lo ve así, aunque el agresor tenga 40cm mas de altura y 50kg mas de peso, en una palabra aunque sea un “armario ropero” la ley dice que va desarmado y por lo tanto aunque tenga la “sana” intención de partirte el cuello o de violarte y matarte, no puedes usar tu arma ya que no seria legitima defensa. Así va el país. Por ello si tienes un arma resérvala y utiliza otras técnicas y tácticas o estrategias para sobrevivir a esa agresión. Salvo que tu miedo a perder la vida sea algo insuperable y sientas como única opción el uso del arma. También es factible que si son dos o más los agresores aunque desarmados, el número desequilibra la situación y el arma vuelve a ser útil como compensadora natural de la agresión.

Para enfocar eficazmente todas estas opciones en las que podemos vernos expuestos sin buscarlo, es necesario el conocimiento del arma, saber manejar y utilizar de forma efectiva dicha arma. Si sabemos como usarla evitaremos hacernos daño a nosotros mismos, auto infligirnos accidentalmente heridas de mayor o menor consideración. Así mismo nos será más fácil utilizarla para protegernos y sobrevivir a un ataque teniendo control del daño que podemos ocasionar y valorando las acciones a acometer. También así podremos saber las opciones o posibilidades del agresor, pudiendo anticiparnos a muchas de ellas, neutralizarlas o salir de la distancia de las mismas anulando su efectividad inmediata. Portar y usar un arma blanca a lo loco sin conocimientos serios, completos y profundos es ir irremediablemente al desastre. Seamos serios con el trabajo de armas blancas, formemos adecuadamente a la gente en su tenencia, manejo, uso y aplicación. Ya hay demasiado “maestrillo” enseñando teorías más o menos “creativas” sin ningún rigor y sin ninguna base sólida, real. No seamos uno más de ese montón de estiércol que circula por la red o que pretende dárselas de expertos. Pongamos los pies en el suelo y miremos por nuestra seguridad física, psicológica y legal… sobre todo tal y como están las cosas, lamentablemente lo digo, tengamos muy en cuenta el aspecto legal o alguien pude terminar pasando una larga temporada de “vacaciones pagadas por el estado” por la falta de una correcta y completa formación. No olvidemos por ultimo una formación donde tenga espacio un protocolo de conducta, una filosofía o ética que formen al individuo mas allá de la violencia o de las armas, acercándonos un poco más al principio del Tatsujin, el ser humano integral, completo.

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