LA DESTRUCCIÓN DE IGA

Oda Nobuo se encontró así con una segunda humillación personal en las manos de los guerreros de Iga. Su mortificación aumentó con la llegada de una carta de su padre Nobunaga. Dos versiones de su texto son reproducidas en el Shinchoko-ki y en el Iran-ki respectivamente. Las versiones no son muy diferentes, y en ambas Nobunaga critica el error de juicio de su hijo en ir a la guerra en la forma en la que el lo hizo:

“Esta vez fue un error ir a las fronteras de Iga, y uno extremo, terrible como sería para el Camino del Cielo si el sol y la luna cayesen en la tierra” (Shinchoko-Ki)

En la versión del Shinchoko-ki menciona la muerte del general Tsuge Saburozaemon como “imperdonable”, y coincide con la versión del Iran-ki en que muchos de los motivos para esta desafortunada derrota fue debida al “vigor juvenil” por parte de su hijo. El texto del Iran-ki incluye algunos buenos consejos paternales:

“Sigue siempre este consejo. Para entrar en una provincia enemiga que es defendida hábilmente desde su interior y en el exterior, una estrategia debe ser concebida en un lugar de reunión secreto. Es esencial conseguir conocer los puntos débiles en la retaguardia del enemigo. Cuando la guerra esté establecida, ten a shinobi o samurai traidores preparados. Esta acción por sí sola te llevará a la victoria” (Kosei Iran Ki).

Dos de tales samurai traidores (naikan según Sun Tzu), se presentaron en el castillo Azuchi, de Nobunaga, el el séptimo mes del año 9 de Tensho (1581). Casi dos años habían pasado desde la debacle, durante los cuales Nobunaga había estado muy ocupado con otros asuntos, pero cuando un tal Fukuchi Iyo, de la aldea del alto Tsuge, acompañado por un compañero llamado Mimisu Iyajiro, ofrecieron convertirse en aliados de Nobunaga y actuar como guías para otra invasión, la ocasión de vengarse por el desastre de 1579 apareció muy clara.

Es evidente a partir de las preparaciones que Nobunaga hizo posteriormente, que consideró que la incursión de Nobuo de 1579, a partir de una sola dirección (esto es, Ise), y con poco más de 12.000 hombres, habría sido siempre totalmente insuficiente para el trabajo. El imaginó, y estaba planeando, una invasión dividida en seis rutas diferentes sincronizadas, cubriendo los pasos de montaña desde todos los puntos de la brújula excepto el del impenetrable sur. Lo que Fukuchi y Mimisu le estaban ofreciendo era un conducto seguro en una de las más vitales y menos fácilmente defendibles rutas, la ruta directa desde el castillo de Azuchi y el norte, a través de Koga, donde las montañas eran menos formidables. El Iran-ki también revela que Nobunaga planeaba originalmente dirigir el ataque personalmente, y partió hacia Iga durante el octavo mes, pero el asalto fue retrasado debido a una enfermedad. De hecho Nobunaga fue golpeado nuevamente por la enfermedad después de solo medio día en el camino. Comenzó a marearse, y tenía problemas con la vista. El sudor empapaba su cuerpo. Preocupados por su estado, el ejército estuvo de acuerdo en volver a Azuchi.

A comienzos del noveno mes, estaba suficientemente repuesto como para llamar al consejo de guerra a Azuchi y dividir su ejército en las diversas rutas de ataque. Las palabras que el Iran-ki puso en su boca resumen el desprecio de Nobunaga por el “populacho” de Iga que desafiaba cualquier convención del comportamiento samurai:

“Los individuos rebeldes de Iga crecían cada día más extravagantes y presuntuosos, agravando nuestra paciencia. No hicieron distinción entre alto y bajo, rico o pobre, todos ellos eran partidarios de llevar a cabo este indignante asunto. Tal comportamiento es un misterio para mi, debido a que van tan lejos como para tomarse el rango a la ligera, y no tienen respeto por oficiales de alto rango. Practican la desobediencia, y deshonran tanto mi nombre como el de la antigua Corte y las prácticas militares. Dado que se han rebelado contra el gobierno, los encontramos culpables, y castigaremos a las varias familias. Así que partamos deprisa hacia Iga, y llevemos el castigo a impartir”.

Los preparativos para la invasión se muestran abajo en una tabla basada en el detallado análisis del Iran-ki. Coincide bien con la lista dada en el Shinchoko-ki y el Seishu Heiran-ki, aunque sus resúmenes son mucho más breves. Debe ser leído conjuntamente con el mapa adjunto (pag. final).

1.- La ruta Iseji

Como comandante el señor Kitabatake Chjo Nobuo, y acompañado por Oda Shichibei no jo Nobuzumi y Yoshida Goro Shoyu. Esta fuerza excedía los 10.000 hombres a caballo.

2.- La ruta Tsuge

Niwa Gorozaemon Nagahide. Takigawa Sakon Shogen. Takigawa Yoshidayu. Wakebe Sakyo no Shinjuko, Todo Shoden. Este ejército contaba con 12.000 hombres.

3.- La ruta Tamataki

Gamo Hida no Kami Shikyo, Wakizaka Jinnai Yasuharu, Yamaoka “el shukei-gashira” (“el pagador”). 7.000 hombres.

4.- La ruta Yamato Hase.

Asano Iyabei Nagamasa, Shinjo Suruga no Kami, Ikoma “el gagaku-kashira”, Mori Iki no Kami, Toda Danjo Shoshitsu, Sawabara Jiro, Akiyama Sakon Tayu, Yoshino no Miya Naishoyu. 10.000 hombres.

5.- La ruta Kasama

Tsutsui Junkei, su sobrino Tsutsui Shiro Sadatsugu, liderando 3.000 hombres.

6.- La ruta Tarao

Hori Kudaro Hidemasa, Tarao Shirobei Mitsuhiro, con 2.300 hombres.

En total eran 44.300 hombres. El Seishu Heiran-ki añade a su propia lista el comentario:

“En el invierno del noveno año de Tensho un habitante de la provincia de Iga llamado Fukuchi vino como aliado del príncipe Nobunaga e invitado en la fuerza punitiva. Por esta razón muchos generales atacaron de todas direcciones”.

El Shinchoko-ki, sin embargo, aclara que la experiencia con Shimoyama Kai, el desaventurado guía de la campaña de 1579 enseñó a Nobunaga que incluso estos bien recomendados “samurai traidores” podrían ser lo que Sun Tzu denominaba yukan (agentes dobles), más que los útiles naikan: “A Fukuchi de Tsugue le fue concedida clemencia, pero fue tomado prisionero y puesto bajo vigilancia”.

La defensa de Iga

Los habitantes de Iga, cuyo servicio de inteligencia era tan de fiar como siempre, sabían que no tenían los recursos para emboscar de forma exitosa seis ejércitos diferentes, cada uno del tamaño del que habían derrotado en 1579. En consecuencia juntaron sus principales fuerzas en dos lugares para una rápida dispersión: El Heiraku-ji, un templo en la colina en el medio de la villa de Ueno, que es ahora el lugar del castillo de Ueno, y Tendoyama, cerca del sitio del desventurado Maruyama.

El avance de Oda Nobuo es el primero en ser descrito en el relato del Iran-ki. El había amalgamado en su ejercito prácticamente a todos los que habían luchado con el en los ejércitos mas pequeños derrotados en 1579, incluyendo Takigawa Saburohei Kazumasu, Nagano Sakyo y Hioki Daizenryo, que huyeron cuando su camarada Tsuge fue asesinado por la multitud. Su ruta de ataque fue la que llevaba a Iseji tal como se había usado en 1579 por Nagano y Akiyama. La primera frase del relato de su cruce de la frontera muestra la diferencia en las tácticas desde 1579: “Hicieron una incursión en la villa de Iseji, y quemaron las casas de la gente hasta los cimientos”

Esta política de tierra quemada, llevada a cabo por un ejercito sin reglas y notablemente superior, fue la adoptada por las seis rutas de ataque, con el objetivo general de forzar a los defensores de Iga a abandonar sus aldeas y a tomar posiciones fortificadas, reduciendo así la oportunidad para las tácticas de guerrilla que funcionaron tan bien en 1579. Nobuo acampó, sin haber sido estorbado relativamente en su progreso hasta el momento. Entonces dividió su ejército en tres partes para atacar las aldeas de los alrededores y rendir asedio a las diversas fortalezas en las que el rápido avance había forzado a los samurais de la provincia. Encerrados en castillos para evitar ser abrumados por el ataque en sus aldeas, su legendaria libertad de movimientos era ahora de poco provecho. Las emboscadas estaban fuera de discusión. Todo lo que podían hacer era organizar incursiones ocasionales fuera de los castillos. Takigawa se concentró en los dos fuertes de Tamenama no Sho y Kunimiyama, mientras que Hioki y Nagano forzaron su marcha hacia el valle Hijiki, donde sus camaradas habían sido cortados en pedazos después de la batalla de Maruyama en 1579. Allí quemaron hasta los cimientos un templo budista llamado Kansen-ji:

“Muchos soldados tomaron el lugar en masa y a punta de espada. Asesinaron a todos los hombres excepto a uno. Era un joven novicio llamado Choko, de la distante Shimobe. Este triste y sagrado lugar que había estado allí fue arrasado, y solo los desperdicios quedaron como adorno. Cuando el humo cesó, dentro y fuera había muertos y sangre. Los cadáveres de sacerdotes y laicos fueron apilados en el patio, o tumbados esparcidos como extrañas hojas otoñales caídas en la mañana (Kosei Iran-ki”).

El propio Nobuo, acompañado por su primo Oda Nobuzumi, se encargaron del valle Ao, y del  fuerte de Kashiwao.

“Un centenar de cabezas de los bravos samurai de las villas cercanas que lucharon contra el enemigo fueron situadas en una línea… tres habitantes de Beppu, Arata Kinshichi, Fukumori Kitoheiji y Shiro Hachidayu, pasaron por la espada a sus diez hijos y a sus esposas, y partieron con ligeros corazones para ser muertos en acción, sabiendo que sus mujeres y niños podrían haber sido capturados vivos y llevados a otras provincias. Llegado el momento, el enemigo se situó sobre el Jizodo, un lugar donde en previos años habíamos perseguido a los samurais de Ise. Esta vez pusieron fuego e incendiaron el lugar hasta los cimientos, dejando solo cenizas” (Kosei Iran-ki).

El ejército de Nobuo no lo encontró todo a su merced. Puede ser que hubieran forzado a los samurai de Iga a refugiarse en sus castillos, pero una vez que el asedio se prolongó surgió la oportunidad en la guarnición para practicar técnicas de ninjutsu sobre el ejercito asediador. Hay un ejemplo muy bueno de ello en el relato Iran-ki del asedio de Kashiwabara. Es además una de los mejores ejemplos de evidencia escrita de especialistas en habilidades ninja en Iga, y es reminiscente de las acciones de los rappa de Hojo.

“El enemigo estaba volviéndose cada vez más descuidado, incluyendo muchos de los guardas de fuera del castillo, y además de esto los habilidosos hombres de Iga, veinte hombres que habían dominado el shinobi no jutsu, incendiaron varios lugares fuera del castillo e hicieron un reconocimiento entre los humeantes fuegos del campamento. Noche tras noche hicieron frecuentes excursiones en secreto, e hicieron incursiones nocturnas en los campos de todos los generales y los incendiaron utilizando varias tácticas. Debido a esto el enemigo se volvió más cuidadoso y reforzó la guardia. Todos se mantuvieron alerta, porque todos sabían lo que estaba pasando, así que se defendieron con gran cuidado. El campamento de Niwa Nagahide fue atacado por la noche en varias ocasiones, y noche tras noche sus guardias fueron asesinados. Alrededor de un centenar de hombres fueron muertos, y debido a ello el enemigo temblaba de miedo. Su nivel de alerta disminuyó porque no podían descansar en absoluto”

Kashiwabara estaba bajo el mando de un samurai llamado Takano, que era muy bueno en tales operaciones. En una ocasión ordenó encender un gran número de antorchas de pino, y que estas fueran ondeadas por mujeres y niños, para dar la apariencia de un ataque nocturno, una estrategia que el cronista hace notar con orgullo haber sido utilizada por Kusunoki Masashige.

Hay también un relato interesante de un incidente relacionado con el ejército que avanzaba por la ruta Tamataki a través de Koga, que muestra claramente que los samurai de su vecina ninja Koga se habían aliado con los hombres de Iga. La familia implicada, la de Mochizuki, será mencionada más tarde en este libro como una de las prominentes de los ninja de Koga.

“Un habitante de Koga, Mochizuki Chotaro, era un soldado grande y fuerte, y un guerrero de sangre caliente. Tenía un largo tachi, de cuatro shaku y cinco san de largo, el cual blandía en cruz al tiempo que luchaba. Furiosamente segaba oponentes mientras se movía con su tachi. Una persona que había huido, un habitante de Shimotomoda llamado Yamauchi Zaemondono, viendo esto, desenvainó su espada y avanzó para encontrarse con Chotaro para cruzar su espada con el. El paró el golpe de espada, y entonces de repente le golpeó partiéndole las dos piernas. Lo mató sin dudarlo. Era un maestro espléndido de la Vía de la Espada, el modelo y ejemplo de todos los samurai de la provincia”

El asedio de Hijiyama

Mientras esto ocurría, los habitantes del noroeste de Iga se enfrentaban a su propia invasión, y habían fortificado un templo budista llamado Kannonji en una montaña llamada Hijiyama. El nombre de Hijiyama no existe en la actualidad, pero es posible calcular con un cierto grado de exactitud donde debió haber estado, utilizando los nombres de las villas vecinas como guía. Aparentaría haber estado cruzando el río hacia el oeste de la ciudad actual de Ueno. Gamo Ujisato, que había entrado por la ruta Tatamaki, comenzó a quemar las aldeas que son ahora los suburbios de Ueno. Tsutsui Junkei, que entró desde el oeste, se volvió hacia el norte y se unió a el para rendir asedio, acampando en Nagaokayama. El Iran-ki dedica varias páginas al asedio, incluyendo varios ejemplos de habilidades shinobi. Por ejemplo, durante un ataque a la puerta principal.

“Algunos defendieron el fuerte, otros prepararon una emboscada a mitad de camino en la pendiente. Se habían reunido 1.000 hombres. A la hora de la serpiente en el día 27 del noveno mes, ambos bandos alzaron su grito de guerra. En el bando enemigo, Gamo, Tsutsui, Wakizaka y Yamaoka fueron los generales. Todos los soldados vinieron en total oscuridad, avanzaron y treparon. Los samurais de la fortaleza los obstaculizaron con habilidad, sin importarles la muerte… Entonces las tropas emboscadas atacaron de repente desde medio camino de la pendiente, mientras el fuerte ejército continuaba avanzando hacia arriba. Las tropas emboscadas avanzaron hacia ellos y corrían por todas partes matando… Disparaban y daban estocadas, y tiraban grandes rocas y grandes árboles desde el borde del foso. Les atacaron con armas de fuego disparadas desde agujeros situados a una cierta distancia. El enemigo que se las había arreglado para aproximarse estaba en gran medida desconcertado, y muchos estaban agotados. La mayoría fueron heridos, y muchos yacían en el suelo.

Momoda Tobei se unió en la victoria blandiendo su tachi. Avanzó hasta el pié de la montaña, donde cogieron a los dos hijos de Gamo Hidesato. Yokoyama Jinsuke y Momoda continuaron su avance, se enfrentaron a los dos hijos, y tomaron sus cabezas”

Siguiendo este tremendo esfuerzo, que hizo retroceder a los dos ejércitos asediadores, la guarnición tuvo un consejo de guerra, precedido por una ceremonia tradicional:

“Hoy, la reputación de nuestro ejercito nos mantiene a todos unidos en alegría cuando consideramos la valentía de nuestros soldados y la calidad de las hazañas militares. La conducta de Momoda Tobei, Fukukita Shogen, Mori Shirozaemon, Machii Kobei, Nimi Hioe, Yokoyama Jinsuke y Yamada Kanshiro los ha elevado de entre la masa común. Debido a sus talentos, que son de la más alta calidad los nombramos como las Siete Lanzas de Hijiyama, aquí, en el noveno mes”

Pero obviamente no se contentaron con dormirse en sus laureles, y el discurso continuó con una exhortación a usar las habilidades de incursión nocturna por las que su provincia era ya famosa:

“Arriesguémonos a un ataque nocturno sobre Nagaokayama y tomemos la cabeza de Junkei, lo que será impresionante a los ojos del enemigo y se añadirá a la gloria de la provincia. Si destruimos la vanguardia los restos del enemigo deberán ser vencidos en la batalla.”

Como podría esperarse, la planificación fue meticulosa, y vemos el nombre de Hattori, una preeminente familia ninja, en la vanguardia. Dirigieron el ataque en el primer dia del décimo mes, a la señal del encendido de varias antorchas de pino:

“El ejército de Tsutsui se dio cuenta de que se trataba de un ataque nocturno cuando las flechas llegaron de todas las direcciones, desde arriba hasta abajo. Elevaron un tumulto como el de una olla hirviente, y como era de esperar, en el ejército muchos por otra parte experimentados y valientes soldados no tuvieron tiempo de ponerse las armaduras y atarlas alrededor de sus cinturas, tomaron sus lanzas y espadas, bajaron precipitadamente y se mantuvieron allí para luchar desesperadamente, combatiendo de forma incesante. Para todos fue como el mes cuando los dioses están fuera en el Templo de Izumo. No podían decidir si rendirse o no y se rechazaron el miedo ocasional.

Las nubes flotantes se elevaron de repente, y un intenso viento de la montaña de repente apagó muchas de las antorchas de pino, y amigos y enemigos fueron arrastrados a la oscuridad de los caminos. No podían distinguir entre amigos y enemigos en la dirección de sus flechas, así que los samurai de la provincia se abrieron camino mediante el uso de contraseñas, mientras que los enemigos se mataban furiosamente entre ellos por error bajo estas confusas circunstancias”

Pero todas las técnicas shinobi del mundo no mantendrían el asedio a distancia para siempre. Los éxitos en otras partes de Iga significaban que más unidades del ejército de Nobunaga, los contingentes de Tsuge y Tarao, podían unirse al asedio de Hijiyama. Asimismo, la comida escaseaba. El Iran-ki describe como los soldados de Nobuo rodearon la montaña, y 30.000 hombres elevaron su grito de guerra mientras se preparaban para el asalto final a Hijiyama. El grito fue recibido en silencio por los ceñudos defensores, de los que cada hombre tenía el aspecto de un Buda de madera, mientras se mantenían inmóviles esperando el ataque. Pero el ataque final a Hijiyama no fue decidido por la lanza, arma de fuego o espada solamente. El tiempo era seco, y un fuerte viento que cruzaba la completamente rodeada montaña hizo las condiciones ideales para el arma más mortífera del arsenal samurai. El fuego haría el trabajo por ellos, como lo había hecho hacía diez años atrás cuando Nobunaga había asesinado a los monjes guerreros del monte Hiei en la más notable operación de su carrera. También sería una venganza adecuada para los maestros del ataque con fuego:

“Ujisato, Hidemasa, Junkei y el resto estaban grandemente disgustados por lo que había ocurrido con anterioridad… pero ahora tenían los medios para tener éxito. Incendiaron todos los templos en una amplia zona. Esta vez no habría lluvia llevada por el viento. Las llamas ardieron y se extendieron como un signo para el mundo entero. Algunos fuegos fueron apagados, pero pasaron muchos meses antes de que las negras cenizas se extinguieran del todo”

La quema del complejo del Hijiyama Kannondo en su totalidad significó el completo colapso de la resistencia en esta parte de Iga. Los fugitivos eran cortados o enviados de nuevo a las llamas para un suicidio honorable.

Cuando las cenizas se apagaron las tropas invasoras levantaron el campo y siguieron para enfrentarse a otros lugares de resistencia, destruyendo a todo aquel que estuviera en contra de ellos en un corto espacio de tiempo. El más conciso relato del Shinchoko-ki muestra como fue de completo el triunfo, aunque las fechas varían con respecto al Iran-ki. Nótese la inclusión de un miembro de la familia Hattori:

“9º mes, 10º día… Todos se trasladaron como uno solo a través de los picos de la provincia de Iga y los templos de la provincia fueron totalmente destruidos por el fuego… Takigawa y Hori Kudaro cabalgaron en sus caballos y destruyeron a más de uno de los mejores samurais. Ese mismo día volvieron triunfantes a los cuarteles generales en el lugar del campamento.

9º mes, 11º día… Aquí tomaron muchos distritos, y los castigaron con sus propias manos… Aquí sigue un registro de las cabezas tomadas de aquellos muertos en varios lugares:

Kobata, padre e hijos, tres personas en total

Los dos hermanos Takabatake Shiro de Todohara

El cuidador del castillo de Nishidahara

El cuidador del castillo de Yoshihara, Yoshiwara Jiro

El cuidador del castillo de Kawai, Taya Okamoto

El padre e hijos Takaya de la capital de la provincia – tres personas en total

Kasaya Kurando, el cuidador del castillo de Mibuno, Takenoya Ukon de Araki

En el ataque en el castillo de Kikyo miles fueron muertos con un golpe de espada, incluyendo al jonin Hattori. Como para el resto, muchos fueron muertos y abandonados. El resto… huyeron a Kasugayama en la frontera de Yamato y se dispersaron. Tsutsui Junkei machó a través de las montañas, preguntando por ellos y buscándolos…. pero el número de los que fueron muertos y abandonados no se sabe…”

La venganza de los Ninja

Aunque toda la resistencia organizada se vino abajo habría un acto final que interpretar en el drama de la Revuelta de Iga. Con la provincia ahora pacificada con éxito, Oda Nobunaga fue finalmente capaz de ir y ver por sí mismo la tierra que le había causado tantos problemas. Lo que sigue son una selección de entradas del Shinchoko-ki para los días siguientes, aunque una vez más las fechas varían con respecto a las del Iran-ki, que tiene una duración de la campaña mucho más larga.

“10º mes, 9º día… Con el fin de echar un vistazo a Iga… el Príncipe Nobunaga fue a el Hando-ji, desde allí contempló la condición del interior de la provincia, entonces paró para la noche.

10º mes, 10º día… Se encaminó a Ichinomiya, y cuando llegó, no se sentó ni para un descanso momentáneo. Sobre Ichinomiya había una montaña llamada Kunimiyama.   Por consiguiente, la subió, y contempló la apariencia del interior de la provincia”

El relato finaliza con una nota pacífica:

“10º mes, 11º día… Como llovía, su señoría permaneció en el lugar.

10º mes, 13º día… Regresó a Azuchi desde Ichinomiya en Iga y entró en el castillo.

10º mes, 17º día… Regaló un halcón al Chokoji, dedicado a aquellos que habían caído en la provincia de Iga. Todos los soldados habían regresado de la guerra”

El punto más interesante sobre los párrafos anteriores es lo que no incluyen. El Shinchoko-ki fue escrito por uno de los seguidores de Nobunaga, y extrañamente, pero quizá diplomáticamente, omite el dramático incidente al que se hizo una breve referencia en el capítulo 5. El Iran-ki, naturalmente, lo incluye con orgullo. El intento ocurrido en Ichinomiya cuando Nobunaga hizo su visita. Iga pudo haber estado devastada, pero su espíritu no estaba roto, ni había probado ser el fin de los ninja de Iga. Tres samurai de Iga llamados Kido, Harada y Jindai, que habían luchado durante el asedio de Kashiwabara, permanecían a la espera del odiado Nobunaga que les había llevado tantas penurias. Uno por lo menos de los tres, Kido de la aldea de Neba, era hábil en las técnicas shinobi, y mientras Nobunaga estaba sentado rodeado de sus seguidores intentaron matarlo disparando tres armas de fuego hacia él desde diferentes direcciones. Es un testimonio de las habilidades de los ninja de Iga que fueran capaces de seguir los movimientos de Nobunaga y preparar sus posiciones en secreto. Las armas, que eran probablemente una variedad de gran calibre de los arcabuces conocidos como “cañones de muralla” debieron haber sido poderosas, porque aunque los disparos sobre Nobunaga fallaron, tuvieron éxito en matar a siete u ocho de sus vasallos. Los supervivientes persiguieron a los ninja con arcos y flechas, pero al no estar familiarizados con la zona no los capturaron. El autor anónimo del Iran-ki concluye esta extraordinaria anécdota confirmado como un hecho la existencia en el momento en que escribía de una gran tradición de ninjutsu en Iga:

“En lo que se refiere a estos hombres, el que se llamaba Kido, de Neba había adquirido extrañas técnicas de espionaje y fuego. Hoy en día hay mucha gente que sigue esta tradición. Ellos son los shinobi de Iga, y son los sucesores de estos hombres”

Los ninja habían de hecho luchado valientemente en defensa de su propia provincia, y fue una tradición que continuaría en cualquier otro lugar por muchos años. 

La invasión de Iga

Los planes de Nobunaga para la invasión de 1581 implicaban seis ataques coordinados a través de las montañas de la frontera de Iga. Las seis rutas, y sus comandantes, se describen con más detalle en el texto. Las tácticas de 1581 tuvieron el resultado de forzar a los samurais de Iga a lugares fortificados, donde la legendaria libertad de movimientos no podía ser usada. Todas las localidades han sido positivamente identificadas – excepto Hijiyama, que no se muestra en ningún mapa moderno, aunque su posición probable se infiere a partir de las descripciones del Iran-ki.

Este texto pertenece al capitulo séptimo del libro de Stephen Turnbull “NINJA. The True Story of Japan’s Secret Warrior Cult” editado por Firebird Books, 1991. En el año 2003 Brin Morgan recomendó la lectura de dos capítulos de este libro argumentando la calidad del trabajo de investigación realizado. Precisó que el libro en líneas generales no era muy fiable salvo en esos dos capítulos en concreto. En su momento le pase el libro a mi amigo el Shidôshi Emilio Díaz Varela quien tradujo con gran profesionalidad ambos capítulos (Emilio se encarga todos los años de la traducción de los curso de Brin y Natascha en Bujedo). La verdad es que llevaban desde entonces en el disco duro de mi ordenador y creo que serán de interés para algunas personas su lectura. Este trabajo es evidentemente obra de Emilio y es a él al que hay que agradecer que podamos disponer del mismo hoy día.

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