NO SEAS UNA DIANA

En marzo de 1981 el presidente norteamericano Ronald Reagan sufrió un atentado a la salida de una recepción en el Washington Hilton Hotel. Su asaltante, John Hinkley, cuyo motivo para el ataque era impresionar a la joven actriz Jodie Foster, fue reducido y arrestado por los guardaespaldas del Servicio Secreto. Recuerdo haber visto el atentado por televisión y darme cuenta de lo rápidamente que se cubrieron en cuanto sonaron los primeros disparos. Desgraciadamente nadie empujó al presidente al suelo hasta que le alcanzó una bala que había rebotado contra el coche presidencial. Para ser justos con el equipo del Servicio Secreto, fue solamente su rápido descubrimiento de la sangre en los labios del presidente e inmediatos primeros auxilios y evacuación al hospital lo que salvó la vida del presidente.

Sin embargo es un hecho que muy pocas personas sanas y entrenadas se pondrían de buen grado a tiro de los disparos. El instinto natural de supervivencia anulará cualquier entrenamiento en técnicas para machos del tipo “Coger la Bala”.

Actualmente hay demasiados cursos de “Quiero ser guardaespaldas” disponibles para los confiados artistas marciales. Mucha publicidad sobre artes marciales, muchas revistas de tiro, paramilitares y de supervivencia. Esto es muy apetecible para los jóvenes artistas marciales, estimulados por las exageradas promociones de la industria del cine. La realidad de este trabajo es muy diferente: con poco o ningún tiempo libre, trabajando largas horas mientras estás continuamente disponible para tu VIP, muchas horas de aburrimiento entremezcladas con  momentos estresantes de frenética actividad. El entrenamiento supone mucho más que un curso de cómo ser guardaespaldas en cinco días. Con muchos cursos confundiendo a los alumnos centrándose en “tácticas de equipo de seis hombres”, porque,  (en palabras de un ex instructor de las SAS) “¡Mediante los cursos podemos conseguir más gente con menos instructores!”.  Está muy bien si trabajas para un cuerpo del estado como la policía o los militares, con todo el respaldo que esos equipos tienen a su disposición incluyendo mano de obra extra, equipamiento, o vehículos y una gran cobertura médica de emergencia. Mi experiencia personal en cuanto a algunos de los así llamados profesionales en este campo es que carecen de iniciativa personal y de la capacidad de “valerse por si mismos”, dependiendo siempre de un Centro de Operaciones al que recurrir en caso de problemas o confusión, conllevando esto una marcada carencia de consciencia y auto confianza.

Cualquier técnica física para alejar a tu protegido del peligro debe ser continuamente entrenada y refinada, incluyendo ensayos con los clientes para que sepan qué esperar si hay un problema y no se sumen a la confusión. Un entrenamiento consciente y el desarrollo de la memoria y la capacidad de observación deberían constituir una parte importante de tus habilidades, así como conocimientos médicos, conducción de vehículos y tiro con armas.

Brin Morgan, Bujinkan Shihan

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