ONCE COSAS QUE NUNCA DEBES DECIRLE A NADIE (1ª parte)

1.    ¡VEN AQUÍ!

Irónicamente, esta orden en realidad significa “Vete”, especialmente cuando proviene de una figura de autoridad intimidatoria. Mucha gente de la calle traduce automáticamente la frase como “¡Corre como el diablo!”. Para ti y para mí, “¡Ven aquí!” es algo vagamente amenazador. Dice “No me has obedecido, así que ahora te ordeno que te muevas cuando yo quiero que te muevas”. Aprendí en el trabajo policial que es mucho más eficaz aproximarse de forma casual a una persona y decirle “Disculpe, pero necesito hablar con usted un segundo”, o incluso “¿podría hablar con usted un segundo?”. Le he dado a la otra parte la impresión de que tiene alternativa, pero mi sugerencia era clara. Es mejor controlar la ubicación para encuentros así. Los guerreros samurai advertían a sus estudiantes que no permitieran nunca a un oponente escoger el terreno de lucha. La razón era simple: aquellos que no escogían se encontraban con el sol de frente y/o en terreno inestable. Si alguien sin autoridad te ordena “¡Ven aquí!” y no parece tener razones legítimas, pregunta “¿Por qué?” Si no obtienes una respuesta satisfactoria, conviértete en una persona de la calle y corre como el demonio.

2.    “NO PODRÍAS ENTENDERLO”

No sé tú, pero yo encuentro esta frase tan insultante que casi puedo oír la coma y luego “estúpido” al final. Da igual a quien se le diga, molesta al oyente. Es mejor decir “Esto podría ser difícil de entender, pero…” o “Deja que intente explicarte esto…”. No pasa nada por advertir a la gente de que lo que estás a punto de decir es complicado y que no pasa nada si no lo cogen a la primera. Incluso puedes hacerte responsable: “Espero poder explicar esto…”. Simplemente no prejuzgues su capacidad de comprensión. Y no les vapulees por adelantado por lo que podría ser tu fracaso en la comunicación. Si alguien te presiona para que reveles algo que no quieres revelar, evita la mentira de conveniencia de que no lo entendería. Sólo di “Preferiría no contestar a eso”, o el más enfático “No quiero responder a eso”. Si alguien te sacude con “No podrías entenderlo”, insiste, “Si podría. Prueba. Quiero ayudar”.

3.    “PORQUE ESAS SON LAS REGLAS”

Esa frase podría hacer que cualquiera quisiera vomitar. Pero si estás haciendo cumplir reglas que existen por buenas razones, no dudes en explicarlas. Tu audiencia podría no estar de acuerdo, pero al menos habrán sido honrados con una respuesta. Por ejemplo, si les dices a los niños que tienen que irse a la cama a una cierta hora y quieren saber por qué, explica que estarán menos cansados y podrán tener más diversión al día siguiente si duermen adecuadamente. Diles que necesitas su ayuda para hacer tu trabajo como padre. “Es mi responsabilidad criaros saludablemente, niños. Vosotros hacéis vuestra parte, y yo haré la mía”. Si recurrís a “Porque esas son las reglas”, seréis juzgados como patanes insensibles y poco compasivos. Parecerá que estáis más preocupados por vuestra propia autoridad que por el bienestar de la otra persona. Pueden deciros “¿Y qué? Las reglas están equivocadas”. Si todo lo que puedes hacer es repetir que “las reglas son las reglas y esas son las reglas”, la otra persona sabrá que eres débil y que no puedes apoyar tu orden con lógica. Cuando estés desesperado te encontrarás diciendo “No tengo por qué dar una explicación; yo soy el jefe (madre, padre, autoridad, alguien que da las órdenes)”. Pero si puedes poner las reglas o normas en su contexto y explicar cómo contribuyen al bienestar de cada uno, no sólo ayudas a la gente a comprender, les ayudas a no deteriorar su imagen. Y estarás mucho más cerca de ganarte una cooperación voluntaria. Cuando alguien – que no haya tenido la suerte de leer este libro- te diga “Porque esas son las reglas”, di, “¿Podrías decirme por qué crearon esa regla? Para mí no tiene sentido, y si pudieras ayudarme a entender por qué la crearon, me sería mucho más fácil seguirla”.

4.  “NO ES ASUNTO TUYO”

Aquí está el portazo del abuso verbal. Es normalmente un padre frustrado quien lo dice, pero también se oye a veces entre amigos. La frase irrita a la gente porque les señala como extraños y les distancia bruscamente. También te hace aparecer como alguien que no tiene una buena razón para contestar la pregunta. Hace que parezca que no tienes poder tras tu postura. Mejor que decir “No es asunto tuyo”, explica por qué no puedes revelar la información. Normalmente puedes hacer esto sin revelar más de lo que deseas. Si es un problema confidencial, di por qué. Por ejemplo, “Las partes implicadas no quieren que diga nada sin su conocimiento o permiso, y quiero respetar eso -comprendes”. Si sencillamente te encuentras incómodo revelando algo, simplemente admítelo, antes que hacer a la otra persona sentirse como un gilipollas. Decirle que no es asunto suyo sólo conduce al conflicto. ¿Has oído alguna vez a alguien contestar “Estás en lo cierto. No es asunto mío y no debería haber preguntado”? No, normalmente reaccionará enfadado y seguirá dando la lata hasta que a ti se te escape algo que no debiera. Si alguien te gruñe que algo no es asunto tuyo, y tú no estás de acuerdo, educada pero firmemente, observa “Es asunto mío, y este es el motivo”.

5.  “¿QUÉ QUIERES QUE HAGA YO AL RESPECTO?”

¡Vaya escaqueo! La pseudo pregunta, casi siempre acompañada de sarcasmo, se ve como una evasión de responsabilidad. Es también una señal de que estás exasperado. La dicen a menudo hombres de negocios desentrenados en respuesta a una queja, pero también se oye entre amigos, cónyuges, y trabajadores al final de sus jornadas. Cuando dices “¿Qué quieres que haga yo al respecto?” puedes contar con dos problemas: con el que empezaste y el que has creado únicamente por parecer eludir la responsabilidad. En vez de eso, ofrécete a solucionar el problema y trabaja para llegar a una solución. Si realmente no es responsabilidad tuya, señala al demandante el departamento o persona adecuado.  Si no eres capaz o no estás cualificado para ayudar y no tienes idea de cómo ayudar a esa persona, díselo educadamente y discúlpate. No has hecho nada mal, pero una disculpa casi siempre te proporciona un aliado instantáneo. Nadie quiere que te sientas mal por algo que no es culpa tuya. Di “Lo siento. Realmente no sé qué decirle o qué más aconsejar, y desearía poder hacerlo. Me gustaría ayudar, pero no puedo”. Un tono preocupado reforzará tu credibilidad y transmitirá que no estás intentando pasar la pelota en secreto. Si alguien te pregunta “¿Qué quieres que haga yo al respecto?” comienza explicando cortésmente “Quiero que me escuches y me ayudes”. Luego explícale exactamente cómo.

6.  “¡CÁLMATE!”

Me divierto mucho con esta orden intrínsecamente contradictoria en mis seminarios, especialmente con los oficiales de policía, pero también con el personal de servicio. Arrugo mi cara es una mueca significativa y les pregunto lo tranquilizador que resulta cuando les digo (gritando esta vez) “¡Cálmate!”. La orden categórica no funciona. De hecho, casi siempre consigue que la gente se enfade aún más. Si lo has intentado con tus amigos o familia lo sabes.  “¡Cálmate!” critica el comportamiento de la gente e implica que no tienen derecho a estar enfadados. Más que asegurarles que las cosas mejorarán -lo que debería ser tu objetivo- has creado un nuevo problema. No sólo está el problema que les había enfadado en un principio, sino que ahora necesitan defenderse de ti. Son preferibles una cara y un comportamiento relajados, mira a la persona a los ojos, rózala suavemente si es apropiado, y di “Va a ir bien. Habla conmigo. ¿Cuál es el problema?”. Si alguien te dice “¡Cálmate!”, di “Mira, obviamente no estoy calmado y tengo razones para ello”. Eso debería abrirle la puerta a esa persona para ayudar, pero si no responde de forma significativa, una discusión más a fondo probablemente no sea prudente. Y si no estás calmado, probablemente será mejor dejarlo.

Extracto del libro JUDO VERBAL, El gentil arte de la persuasión de George J. Thopmson, Ph.D., y  Jerry B. Jenkins

Traducción realizada por: Beatriz Estrada Alvarez y Elisa Gonzalez Lopez

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