AUTODOMINIO

Si observas los anuncios de escuelas de artes marciales en las páginas amarillas de cualquier ciudad, verás que lo más destacado de la mayoría de las ilustraciones son niños haciendo patadas altas, y afirmaciones como “mejore la autoestima de sus hijos” o “desarrolle la confianza en sí mismo de su hijo”, etc. Aunque todo esto sea de hecho importante para los niños, no olvidemos que ideas como estas son también importantes para muchos adultos. Puedo ver que esto es una necesidad subyacente en muchas personas de mi Dôjô, y estoy seguro de que esto no es muy diferente en otras partes. Esto es porque cosas como la autoestima y la seguridad en uno mismo raramente nos son inculcadas de jóvenes, y cuando envejecemos, los años de pensamientos negativos y auto-denigración hacen que a los adultos nos resulte mucho más difícil adquirir autodominio sobre los “demonios interiores”.

Aunque haya cientos de libros de “actitud mental positiva” en el departamento de autoayuda de cada librería,  este artículo no se centra en ellos. Me referiré a los guerreros clásicos japoneses y a los genios militares chinos para apoyar las ideas de autodominio. Un artista marcial sin dominio de si mismo, no importa de qué estilo, es sólo una pálida imitación del auténtico guerrero, generalmente inclinado al exceso, la intimidación, y la crueldad, o ahogado por sentimientos de inseguridad, miedo y timidez.

Creo que un fuerte dominio de nosotros mismos es lo que todos buscamos. La mayoría no nos metemos en una pelea cada semana. Algunos, guardias de seguridad, porteros u oficiales de policía lo hacen, pero son minoría. La mayoría de la gente desea esa fortaleza interna, no sólo para los enfrentamientos físicos, sino en la vida cotidiana… desarrollando el control en su trabajo y sus relaciones personales.

Yamamoto Tsunetomo, en el Hagakure (1716): “Seguramente no hay más que el simple propósito del momento presente. La vida entera de un hombre es una sucesión de momentos. Si se comprende enteramente el momento presente, no quedó nada más por hacer, y nada que perseguir. Vive siendo fiel al simple propósito del momento. Todo el mundo deja pasar el momento presente, luego lo buscan como si creyeran que habría sido algo más. Nadie parece haberse dado cuenta de ello. Pero, reteniéndolas firmemente, uno debe apilar una experiencia tras otra. Y una vez que ha llegado a esta comprensión, será desde entonces una persona diferente, aunque quizá no pueda soportarlo siempre.

Cundo uno comprende bien este asentamiento en esta mentalidad sencilla, sus problemas se aclaran. Esta mentalidad sencilla también abarca  la lealtad”.

El primer paso es examinar tu vida. Observa tu imagen honradamente, como el pequeño espejo redondo que descansa en el kamiza. Es una de las cosas más duras que puedes hacer. ¿Te sientes como un autor, escribiendo los capítulos de tu vida, creando las situaciones que deseas? ¿Has escrito el desenlace que deseas? ¿Estás viviendo tu vida exactamente como quieres? ¿O te sientes como un personaje fuera de control en una novela trágica escrita por otra persona? ¿Dices “por qué estas cosas me pasan siempre a mí”? ¿La vida parece algo sobre lo que tienes poco o ningún control? En ambos casos, se trata de lo que tú has elegido. Si eres desgraciado, has escogido serlo. Lo mismo si eres feliz. Suena raro decir que has elegido ser desgraciado, pero la gente determina de forma inconsciente su nivel de confort en la vida, y toman decisiones basándose en ese nivel de confort. En la vida pueden ocurrirte muchas cosas. No puedes controlar las fuerzas y acontecimientos externos. Lo que sí puedes controlar es cómo los percibes y cómo reaccionas ante ellos.

“El camino para vivir la felicidad última es dejar que se vayan todas las penas y preocupaciones, y saber que ser feliz es el sentimiento más satisfactorio de los sentimientos de la vida. Saber que la enfermedad y el desastre forman parte de la vida es la clave para sobreponerse a la adversidad con un espíritu tranquilo y alegre. La felicidad te está esperando justo delante de ti. Sólo tú puedes decidir si quieres elegir o no experimentarla”. Toshitsugu Takamatsu Sensei.

Un día hace poco un alumno vino a contarme un problema personal: controlar su ira. Una de las afirmaciones que hizo fue: “Me enojan tanto a veces…”. Escucha el lenguaje de esa frase. ¿Quién tiene aquí el poder?

“Quítales ese poder”, repliqué. “Tú les has permitido controlarte. Nadie puede hacerte enfadar. Nadie puede entristecerte, alegrarte, o lo que sea. Tú eres el único que tiene el control sobre tus emociones”.

Tú no eres tus emociones. Eres la persona que las tiene. No eres tus experiencias pasadas – tú eres el único que ha tenido esas experiencias. Tú eres el único que puede elegir aprender de ellas. Esas experiencias pasadas, ya sean de la niñez u otras negativas, pueden influirnos, pero no nos determinan. Vive fuera de tu imaginación, no tus recuerdos. Es ahí donde creas la vida que deseas para ti mismo.

Sun Tzu, el gran genio militar chino, dijo en parte lo mismo hace 2000 años, aplicado a la actitud de un jefe militar:

“Los buenos generales actúan de acuerdo a los hechos, no sucumben rápidamente a la ira, no están sujetos a la vergüenza. Su acción o falta de ella son cuestión de estrategia, y no se les puede halagar o enfurecer”.

Esa es una de las afirmaciones más poderosas que te puedan llegar al corazón. Evoluciona hasta un punto en que sientas que eres el dueño de tus sentimientos. Nadie puede enfurecerte. Y, del mismo modo, nadie puede hacerte feliz. Tú eres el único que puede hacer eso. Todo lo que necesitas está en tu interior -no necesitas buscar fuera a nadie ni a nada. Asume la responsabilidad de tu propia felicidad. ¿No eres feliz en tu trabajo? ¿No estás haciendo lo que verdaderamente amas? ¿De quién es la culpa de eso? ¿De tu jefe? ¿De tus compañeros de trabajo? No. ¿Les tienes pavor a los lunes por la mañana? Mis lunes por la mañana son mejores que las Navidades de la mayoría. ¿No eres feliz con tu pareja? No les mires a ellos. Mírate en el espejo. No puedes cambiar a los demás; el problema recae en ti. Éstas son preguntas y afirmaciones sólidas, pero a veces necesitamos una bofetada en la cara para despertarnos.

Hace poco hablé por teléfono con la madre de un posible alumno. Dijo que no estaba interesada en los aspectos de autodefensa de las artes marciales para su hijo, sino en los aspectos de la autoestima y la confianza en sí mismo. Yo le dije que esas cualidades surgían de una persona de firmes convicciones que les ha quitado el control sobre sus emociones a otras personas, devolviéndoselos a sí mismo y dominando sus acciones en su vida cotidiana.

La confianza y la autoestima se cultivan en una persona que ha apartado el miedo porque tiene auténticas habilidades en las artes de combate.

“Experimentando la confrontación del peligro, la trascendencia al miedo, a la muerte o a la lesión, y mediante un conocimiento activo de las capacidades y limitaciones del individuo, el practicante de Ninjutsu puede adquirir la fortaleza e capacidad de vencer que permiten disfrutar de las flores moviéndose en el viento, apreciar el amor de otros y la satisfacción ante la presencia de la paz en la sociedad”. Masaaki Hatsumi, Sôke.

Está diciendo que puedes ser una persona fuerte, segura de sí misma y afectuosa mediante el estudio de los métodos de cómo llevar dolor y muerte a otros. Esto no es más paradójico que cualquier otro aspecto de nuestro enigmático arte. El ejemplo viviente es Hatsumi Sensei. En la época en que era lo bastante afortunado como para disfrutar de un estrecho contacto con él, controlaba con absoluta comodidad  el mundo entero a su alrededor. Si has descuidado este aspecto del entrenamiento, quizá estas palabras puedan ayudarte en tu búsqueda personal.

Ken Harding

Nota: Este y otros textos que tengo intención de publicar en este blog son obra de Ken Harding. Este instructor norteamericano de Bujinkan  fue muy prolífico en Internet durante muchos años. Actualmente le he perdido la pista he incluso no se si aún practica Bujinkan Budô pero creo que sus textos son lo suficientemente interesantes aunque haya pasado el tiempo como para que ven la luz en castellano.

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